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Tres opciones y no hay más


El sistema electoral vigente en Panamá impone la polarización. En las elecciones de 1994 vivimos la experiencia y la volveremos a enfrentar dentro de tres meses y medio, cuando se celebren los comicios generales del 2 de mayo.
Al no tener un sistema de doble vuelta, la mayoría de los votantes siempre ha preferido no experimentar con las opciones de menor posibilidad, sin arriesgarse a "botar su voto" en candidaturas que "no llevan un chance de ganar".
El sistema de doble vuelta consiste en que si ninguno de los candidatos obtiene el 50 % de los votos en la elección presidencial debe realizarse una segunda votación a la que sólo concurren los dos candidatos más votados.
Siempre he considerado que un sistema de doble vuelta es más democrático por tres razones: 1) porque permite que surjan nuevas alternativas electorales, 2) porque reserva al votante y no a los dirigentes el derecho final de decidir quién gobernará y 3) porque aumenta la participación de los votantes.
Aunque algunos aleguen que en la segunda vuelta pueden hacerse arreglos para que los candidatos eliminados apoyen a uno de los dos finalistas, ello no es tan cierto. Los llamados que pudieran hacer los candidatos que hayan quedado fuera de la contienda, está comprobado que tienen muy poca influencia sobre la decisión final de los votantes.
Estoy convencido que nuestra democracia se fortalecería con un sistema de doble vuelta, pero esa no es la realidad que vivimos y, por tanto, tendremos que escoger entre las opciones existentes, porque no hay más.
Veamos ahora las opciones que hay sobre la mesa.
Por un lado está el partido gobernante, que después de la derrota sufrida por el actual mandatario al intentar la reelección, presenta una nueva cara y trata desesperadamente, de hacerle creer al país que es algo distinto de lo que hasta ahora ha sido: el autor, patrocinador y ejecutante de todas las medidas antipopulares y desastrosas que han dejado como secuela más desempleo y aumento de la pobreza.
Y ello, insistiré en repetirlo cuantas veces sea necesario, a pesar de haber recibido la administración del Estado en mejores condiciones que gobierno alguno de nuestra historia republicana.
Por lo que fue en el pasado y por lo que ha demostrado durante los cuatro años y cuatro meses que lleva en el ejercicio del poder, esa opción no deberá contar con más seguidores de los que históricamente ha tenido y que no superan el 33 % de los electores.
Como a las elecciones del 2 de mayo no concurrirán tantos candidatos, como los siete que participaron en las de 1994, las cosas están más claras. Aparte de la opción continuista que el pueblo ya rechazó, en forma abrumadora, el pasado 30 de agosto, sólo existirán otras dos alternativas.
El pueblo panameño no quiere, en proporción de 2 a 1, que el P.R.D. se quede en el poder, pero ello no significa que estén fuera de combate.
Todas las posibilidades apuntan a que perderán, pero nosotros tenemos la responsabilidad de asegurarnos de que así sea.
Las otras opciones electorales están representadas por la señora Moscoso y por el banquero Vallarino.
La candidata de la Unión Por Panamá tiene las mejores posibilidades de ser la vencedora en el torneo electoral venidero, pero su triunfo no puede darse por descontado.
Ello, porque aún le falta cerrar algunos flancos, para consolidar los 450,000 votos que necesitará para asegurar la victoria.
Creo que la clave para llegar a la presidencia está en que su mensaje proyecte una clara esperanza para los panameños que se debaten entre la pobreza y la miseria, que representan el 50% de la población.
Tanto la demagogia remozada del P.R.D. como la fanfarria alimentada por los millones del banquero Vallarino buscarán engatusar a ese pueblo con falsos mensajes de esperanza y algo lograrán. Eso es seguro. Pero, en mi opinión, esos avances sólo comprometerían el triunfo de la señora Moscoso si ella, por el otro lado, no juega bien sus cartas.
Yo le aconsejaría que concentrara su mensaje y su campaña en recalcar, primero, que el P.R.D. sería más de lo que ya hemos tenido y, segundo, que el banquero representa una alternativa orientada a favorecer a los mismos grupos de poder que han convivido con el P.R.D. y que son los causantes de la pobreza imperante en nuestro país.
Su mensaje debe demostrar, cuanto más claro mejor, que ella representa la opción que luchará por los pobres y los marginados.
Ella es la mejor de las tres opciones, pero es necesario que la mayoría del pueblo también la vea y la sienta de esa manera.

101 años de Panamá América

 
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