Tres temas pendientes para la educación
THE HARVARD Educational Review publicó "Education past and present: Reflections on Research, Policy and Practice", cuyos autores realizan un exhaustivo análisis en torno a temas cruciales de la educación actual. El ensayo descrito aborda tres aspectos: la investigación educativa y las humanidades, la escuela como un medio para terminar con las injusticias sociales y la influencia del aspecto económico en la educación de los hijos.
En primer lugar habría que abordar el antagonismo entre la investigación empírica y la rigurosamente científica. La primera se apoya mucho de la experiencia, del pensamiento, de la historia, de las humanidades; mientras que la segunda se basa no sólo en hechos sino también en datos cuantificables que puedan argumentar y validar teorías. Por ejemplo, ¿en función de qué argumentos legislan los parlamentarios? Los legisladores suelen proponer leyes educativas sólo en función de sus experiencias como ex alumnos o como padres, mas no conciben la investigación educativa como un aliado que les ayudaría a hacer de su labor algo más serio y sistemático. Además, según Elena Lagemann (Profesora de Historia de la Educación de la Universidad de Harvard), la investigación que la historia puede hacer a favor de la educación llevaría a generalizaciones científicamente válidas, pero es un enfoque limitado toda vez que los asuntos educativos no se pueden regir sólo en función de las humanidades. Lo cuál tampoco implica que las humanidades deban ser excluidas de la educación pues afectaría seriamente el desarrollo intelectual de los estudiantes. Tanto alumnos como educadores tienen el deber de generar un conocimiento científico y humanístico.
La escuela de hoy juega un papel más crítico en la sociedad hasta tal punto que algunas sociedades asumen que las escuelas son las únicas capaces de corregir las injusticias sociales y por tanto ser un medio para la igualdad de oportunidades. A pesar de ello, la educación aún no logra cumplir su promesa de ser equitativa en términos de género, etnia, clase social o de idioma. Por tanto, las escuelas terminan convirtiéndose en un campo de batalla para la igualdad. Tres aspectos a tener en cuenta para erradicar las injusticias sociales desde la escuela son: suprimir por completo esa marginación de las personas por motivos sociales, culturales o políticos; fomentar una sólida educación bilingüe y una profunda educación multicultural. Es verdad que la escuela no puede ni debe ser la última instancia para resolver las serias desigualdades sociales que los políticos no son capaces de solucionar por sí mismos. Sin embargo, conviene resaltar que la escuela sí puede ayudar a contribuir con un clima de respeto, tolerancia e igualdad de trato en el aula y así atenuar las serias desigualdades que imperan en la sociedad.
En tercer lugar, la relación entre economía y educación se entiende cuando vemos el ejemplo de una familia que no tiene un lugar seguro donde vivir, los padres se encuentran ocupados en un trabajo cuyo salario es mínimo y sus ingresos están por debajo de lo necesario para satisfacer las necesidades básicas de la vida, dejando claro que el éxito educativo de los hijos se verá afectado profundamente. Conviene propiciar desde la escuela un aprendizaje que permita conocer con claridad la relación entre las políticas económicas y las educativas, por ejemplo el cómo afecta el salario mínimo en el desarrollo educativo de una familia. El mejor reto para no disociar la economía con la educación es fomentar planes intersectoriales que permitan una mayor cohesión social en la población. Pues está claro que un niño mal alimentado proveniente de una familia con serios problemas económicos difícilmente podrá rendir en su máxima capacidad como pueden alcanzarla sus pares que se encuentran en mejores condiciones que él.
Propiciar una investigación humanística y científica, hacer de la escuela un lugar donde se cultive el respeto al otro con un trato digno y equitativo, y reconciliar la economía con la educación son tres temas pendientes que la educación debe abordar como desafío en el presente.
calbertp@exalumno.udep.edu.pe
En primer lugar habría que abordar el antagonismo entre la investigación empírica y la rigurosamente científica. La primera se apoya mucho de la experiencia, del pensamiento, de la historia, de las humanidades; mientras que la segunda se basa no sólo en hechos sino también en datos cuantificables que puedan argumentar y validar teorías. Por ejemplo, ¿en función de qué argumentos legislan los parlamentarios? Los legisladores suelen proponer leyes educativas sólo en función de sus experiencias como ex alumnos o como padres, mas no conciben la investigación educativa como un aliado que les ayudaría a hacer de su labor algo más serio y sistemático. Además, según Elena Lagemann (Profesora de Historia de la Educación de la Universidad de Harvard), la investigación que la historia puede hacer a favor de la educación llevaría a generalizaciones científicamente válidas, pero es un enfoque limitado toda vez que los asuntos educativos no se pueden regir sólo en función de las humanidades. Lo cuál tampoco implica que las humanidades deban ser excluidas de la educación pues afectaría seriamente el desarrollo intelectual de los estudiantes. Tanto alumnos como educadores tienen el deber de generar un conocimiento científico y humanístico.
La escuela de hoy juega un papel más crítico en la sociedad hasta tal punto que algunas sociedades asumen que las escuelas son las únicas capaces de corregir las injusticias sociales y por tanto ser un medio para la igualdad de oportunidades. A pesar de ello, la educación aún no logra cumplir su promesa de ser equitativa en términos de género, etnia, clase social o de idioma. Por tanto, las escuelas terminan convirtiéndose en un campo de batalla para la igualdad. Tres aspectos a tener en cuenta para erradicar las injusticias sociales desde la escuela son: suprimir por completo esa marginación de las personas por motivos sociales, culturales o políticos; fomentar una sólida educación bilingüe y una profunda educación multicultural. Es verdad que la escuela no puede ni debe ser la última instancia para resolver las serias desigualdades sociales que los políticos no son capaces de solucionar por sí mismos. Sin embargo, conviene resaltar que la escuela sí puede ayudar a contribuir con un clima de respeto, tolerancia e igualdad de trato en el aula y así atenuar las serias desigualdades que imperan en la sociedad.
En tercer lugar, la relación entre economía y educación se entiende cuando vemos el ejemplo de una familia que no tiene un lugar seguro donde vivir, los padres se encuentran ocupados en un trabajo cuyo salario es mínimo y sus ingresos están por debajo de lo necesario para satisfacer las necesidades básicas de la vida, dejando claro que el éxito educativo de los hijos se verá afectado profundamente. Conviene propiciar desde la escuela un aprendizaje que permita conocer con claridad la relación entre las políticas económicas y las educativas, por ejemplo el cómo afecta el salario mínimo en el desarrollo educativo de una familia. El mejor reto para no disociar la economía con la educación es fomentar planes intersectoriales que permitan una mayor cohesión social en la población. Pues está claro que un niño mal alimentado proveniente de una familia con serios problemas económicos difícilmente podrá rendir en su máxima capacidad como pueden alcanzarla sus pares que se encuentran en mejores condiciones que él.
Propiciar una investigación humanística y científica, hacer de la escuela un lugar donde se cultive el respeto al otro con un trato digno y equitativo, y reconciliar la economía con la educación son tres temas pendientes que la educación debe abordar como desafío en el presente.
calbertp@exalumno.udep.edu.pe