Triste impresión
En la sesión inaugural de la Asamblea Nacional de diputados, escasamente pasadas las 9.30 de la mañana del miércoles primero de julio, fue desalentador el espectáculo que se ofreció. En aquel momento llevó la palabra un honorable diputado que habló a gritos y haciendo referencias a situaciones que nada tenían que ver con los propósitos de la reunión.
La forma en que habló el orador fue tan lastimosa, que los adustos semblantes de sus propios colegas acusaban malestar con mezcla de pesar y de reproche. Ello debe servir a todo tipo de organización para calibrar el potencial de sus miembros. Y cuando alguien tenga que ser escogido para hablar o pida la palabra para hacer uso de ella, se tome en cuenta tanto la calidad del evento como su capacidad y personalidad para otorgársela.
Conviene también que el señor presidente de la Asamblea Nacional le advierta a sus colegas diputados que cuando se tiene que votar para efectuar nombramientos, quien vota debe concretarse, exclusivamente, a mencionar el nombre de la persona escogida por él o ella. No procede en esos casos hacer explicaciones de voto, ni referirse a los excelsos méritos que adornan a la persona a quien favorezcan con su designación.