Triste sordera y ceguera
Estamos convencidos de que una gran cantidad de funcionarios de relieve e importancia no leen la prensa, y en caso de leer nuestros intentos de cooperación para contribuir a solucionar problemas, se hacen los ciegos o son sordos. Los asaltos a turistas que entran al país, a quienes en el trayecto hacia la ciudad los despojan de su dinero, no pueden ser más vergonzosos.
Hemos sugerido a escasa una semana que se les recomiende depositar los fondos con los cuales han llegado al país en la agencia del Banco Nacional de Panamá en el aeropuerto de Tocumen, donde se les podría dar una clave, tras el pago de un costo ínfimo por el servicio, indicándoles en cuál de las sucursales que hay en la ciudad podrían solicitar la devolución. Luego de dicha recomendación, se produjo un nuevo asalto.
Estimamos que el mismo celo con el cual se jacta la administración de Aduana cada vez que retienen los dineros de pasajeros que omiten declararlo, debieran demostrarlo en darle protección a los que honestamente los declaran.
Resultan irritantes los pregones de que a los corruptos que sean sorprendidos se les destituirá. Lo primero que hay que hacer es arrestarlos y, acto seguido, destituirlos. Y no debemos avergonzarnos de alertar a los turistas del riesgo que corren si viajan del aeropuerto a la ciudad con sumas importantes de dinero.
Decíamos en nuestro anterior editorial, y repetimos ahora, que en la Torre de Londres, que es muy visitada por locales y extranjero, hay letreros que aconsejan cuidarse de los carteristas.