Tristeza y amargura
La noticia nos resultó triste y amarga a la vez, que provocó nuestra indignación: la vida de tres marinos panameños fue vergonzosamente sacrificada por la incapacidad de alguien o algunos de los organizadores de unas prácticas náuticas internacionales antiterroristas e ilegales, efectuadas en nuestro país. ¿Cómo fue posible que los de las mismas no advirtieron el peligro que constituía ordenarles lanzarse a unas aguas infestadas de algas?
Antes de la supuesta invasión a una isla ocupada por terroristas, debieron asegurarse de que el lanzamiento que ordenarían a los hoy occisos, lo harían en sitio no profundo para que sus pies tocaran fondo y pudieran caminar hacia la orilla tras haber verificado que en el lugar escogido no había ni algas, ni rocas, ni troncos. Y eso, sin contar con que ya tuvimos una experiencia igual cuando Cuba, hace años, intentó invadir nuestro país y en aguas de Portobelo, un panameño que trató de desembarcar, pereció por haberse lanzado al mar mientras llevaba ceñido un cinturón cubierto con balas. El plomo lo hundió de inmediato.
Estimamos que en estas operaciones náuticas antiterroristas había muchos "expertos" ineptos por inexpertos.
En este caso hubo homicidio culposo, como quiera que se considere: negligencia, imprudencia o impericia.
Suponemos que nadie irá a la cárcel por ello. No obstante, esperamos que se tenga la valentía de reconocer el error, se haya presentado condolencias a los familiares de las víctimas, y, sobre todo, indemnizarlos pronto, decentemente y sin migajas.
Antes de la supuesta invasión a una isla ocupada por terroristas, debieron asegurarse de que el lanzamiento que ordenarían a los hoy occisos, lo harían en sitio no profundo para que sus pies tocaran fondo y pudieran caminar hacia la orilla tras haber verificado que en el lugar escogido no había ni algas, ni rocas, ni troncos. Y eso, sin contar con que ya tuvimos una experiencia igual cuando Cuba, hace años, intentó invadir nuestro país y en aguas de Portobelo, un panameño que trató de desembarcar, pereció por haberse lanzado al mar mientras llevaba ceñido un cinturón cubierto con balas. El plomo lo hundió de inmediato.
Estimamos que en estas operaciones náuticas antiterroristas había muchos "expertos" ineptos por inexpertos.
En este caso hubo homicidio culposo, como quiera que se considere: negligencia, imprudencia o impericia.
Suponemos que nadie irá a la cárcel por ello. No obstante, esperamos que se tenga la valentía de reconocer el error, se haya presentado condolencias a los familiares de las víctimas, y, sobre todo, indemnizarlos pronto, decentemente y sin migajas.