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Trump: ¿y ahora que?


Muchas han sido las expectativas que se han generado, en todo el mundo, antes y durante las elecciones, para elegir, principalmente, al presidente de los Estados Unidos de América.

Mayores, no obstante, son las que se generan ahora que el señor Donald Trump ha sido electo por las grandes mayorías silenciosas como el presidente de la “nación más poderosa de la tierra” –Bueno, al menos eso es lo que desde niño he escuchado decir-.

El cuestionamiento, las dudas o incertidumbres que se ciernen en torno a la figura de Donald Trump emergen, precisamente, de las frases o expresiones contenidas en sus discursos de campaña electoral caracterizados por una agresividad que, en no pocas ocasiones, rayaba con la ofensa, la indignación y la humillación hacia sus opositores o contra lo que, a su juicio, él mismo calificaba como desastrosos o propio de la incapacidad de los demócratas en el poder.

Merced a sus ataques a la señora Clinton y al partido que la postulaba y al cual ha pertenecido toda su vida lo mismo que su esposo, el expresidente Bill Clinton, pasó facturas muy caras, por mencionar algunas: el fracaso de la política internacional estadounidense, las malas o irregulares relaciones con Rusia, el avance del terrorismo, los paños tibios con el mundo musulmán, el desempleo y las miserias del pueblo norteamericano, la primacía de extranjeros sobre los propios ciudadanos de la nación, el empobrecimiento de esos mismos ciudadanos, el fracaso de las políticas tributarias demócratas, el ser fraguadores de tumbar o derrocar presidentes en América Latina, etc.

Ese discurso, calificado por los expertos como “un discurso antisistema”, fue calando, poco a poco, en el ideario y espíritu americano que les hizo recordar, a cada ciudadano, que “el sueño americano” era para ellos y para nadie más, que solamente quien sueña es dueño de hacer realidad lo soñado.

Nadie pensó que Trump ganaría en la forma como ha ganado. Los “expertos” analistas hablaban, inclusive, de un eventual empate y se barajearon diversas hipótesis en torno a quién ganaría las elecciones.

Las encuestas, los analistas, no pocos, se equivocaron. Y muchos son los sorprendidos, pero el que sí no estaba sorprendido, para nada, era el propio Donald Trump que supo mover su discurso, de modo directo, claro, enérgico, oportuno, blandiendo su espada de agresividad, palabra por palabra, que fueron asentándose en la mente de los ciudadanos americanos. Simplemente Trump les hizo recordar de dónde habían venido, como habían sufrido y hacia dónde iban con el descalabro de las políticas demócratas.

Ahora bien, coincido con mi hermano Ramiro Guerra quien sostiene que en el discurso de Trump, hábilmente, se han movido consignas que tienen claros matices demócratas o que debieron ser banderas de ese partido, como lo es la de tirar puentes con Rusia para aminorar las tensiones globales y darle un poco de calor o subir de temperatura “la guerra fría”, algo así como un generar un “impasse”.

¿Qué viene ahora, se pregunta el mundo entero, con Trump como presidente?. No hay duda alguna que el presidente Trump tiene sueños de recomponer a su país, a su gente y con ello, no podemos excluir, que también querrá recomponer el mundo y en especial a aquellas naciones con las cuales la administración Obama y las anteriores de corte demócrata, según Trump, fueron, cuando no genuflexos, sí muy blandos o suaves.

Panamá no quedará fuera de la agenda del señor Trump. No tengo duda alguna. Menos con un país en donde en alguna ocasión, habiendo sido yo el primero en declarar en un medio televisado, en ese entonces, merced a sus frases despectivas y humillantes para nuestro país, refiriéndose a la “estupidez de los demócratas –Carter- de haber entregado el canal a los panameños sin que hayamos pagado un solo centavo”, que este ciudadano norteamericano fuera declarado “non grato” en nuestro país. Y así sucedió. Luego de mí lo hizo, efectivamente, el Consejo Municipal Capitalino y, debo reconocer, como corresponde a los caballeros, Trump supo disculparse, públicamente, con nuestro pueblo.

En lo que a mí respecta, soy del pensamiento que la elección del señor Donald Trump como presidente de los Estados Unidos de América augura o presagia tiempos heterodoxos para el mundo entero con la usual variable de que los países pobres y débiles serán los más golpeados. Como siempre ocurre.

Abogado

101 años de Panamá América

 
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