Tsunami social amenazante
La pobreza es un riesgo social multidimensional ocasionado por la desigualdad (en la distribución del ingreso, consumo, educación, salud, laboral, racial, política, oportunidades, concentración de riquezas, otras). En países con mejor distribución del ingreso, mejores expectativas educativas, de salud, desarrollo humano, transparencia, su incidencia disminuye. En los que existe corrupción se atiza. La corrupción arrasa las escasas posibilidades y limitados recursos para mitigar la pobreza.
En Panamá la desigualdad entre paupérrimos y la elite económica es un tsunami de insatisfacción en avance, que amenaza devastar la tranquilidad del país. La última Encuesta Niveles de Vida (2003), señala que mientras el 20% de la población más pobre recibió 1.9% del total de los ingresos distribuidos en la República, el 20% con mayores recursos recibimos 61.2%.
Durante décadas, mientras que 2/5 de la población ha sido pobre, 1/5 recibimos más de 3/5 de los ingresos. Esta es la ecuación de la inequidad y pobreza panameña, que nos desequilibra socio económicamente, frena el Desarrollo Social, situándonos entre los países Latinoamericanos con mayor desigualdad (el tercero).
Con 2/5 de población pobre, hambrienta, escasamente educada, no competitiva, truncamos el Desarrollo Económico y continuamos subordinados a la ayuda e intereses externos.
Es necesario ejecutar políticas que modifiquen los dígitos de la ecuación señalada e incorporar a la actividad productiva a los excluidos. Sin ambas medidas no disminuirá significativamente el binomio desigualdad-pobreza, aunque se inviertan cuantiosas sumas, como esta ocurriendo. Los pobres no requieren de asistencialismo, ni beneficencia, necesitan oportunidades para superarse. Los programas dirigidos a ellos deben tender a ser universales, ser transitorios y contemplar incorporarlos perentoriamente a la actividad económica.
Eliminar el binomio desigualdad-pobreza es responsabilidad de todos, extirpémoslo. Edifiquemos el país que anhelamos entregar a la generación del reemplazo, con equidad, competitividad, oportunidades.
Aprendamos a ser mejores cristianos, a compartir el pan económico y erradicaremos la desigualdad y la pobreza, las que aumentan diariamente vía inflación y costo de los alimentos. Contengamos el tsunami social que se nutre de la inequidad y atenta contra la paz social del país.