Tuberculosis: buenas y malas noticias
Si usted piensa que la tuberculosis es una enfermedad del pasado, no es así. Dos millones de personas morirán este año de tuberculosis, más que nunca antes. La Organización Internacional de la Salud (OMS) estima que en la próxima década 90 millones sufrirán la enfermedad y 30 millones morirán.
En 1993, la OMS reconoció el surgimiento de una epidemia moderna de tuberculosis.
Cuando el presidente Bush el año pasado prometió 15 mil millones de dólares no fue sólo para combatir el SIDA, sino también la malaria y la tuberculosis. Cada año, 8 millones de personas se enferman de tuberculosis, una cuarta parte de ellas en Africa.
Y la enfermedad también afecta a Estados Unidos (EU), con más de mil casos en Nueva York.
La buena noticia es que con unos antibióticos relativamente baratos se curan casi todos los casos del tipo de tuberculosis más común.
La mala noticia es el surgimiento y rápida diseminación de un tipo de tuberculosis resistente a esa combinación de antibióticos.
La enfermedad se hace resistente cuando los pacientes de tuberculosis reciben un tratamiento inadecuado o incompleto.
La OMS reveló la semana pasada que hay 300 mil casos de ese nuevo tipo de tuberculosis resistente en Rusia, India y China. Estos casos son muy difíciles de tratar.
La Alianza Global para el Desarrollo de Medicamentos contra la Tuberculosis informa que "se requiere un tratamiento agresivo durante dos años que, cuando tiene éxito, cuesta 250,000 dólares por paciente en EU" y que "los medicamentos desarrollados hace décadas no sirven contra 90 mil tipos resistentes diferentes".
Una segunda buena noticia es que un consorcio público y privado está avanzando en contra de esos nuevos tipos de tuberculosis. El consorcio se formó en junio del año pasado entre la OMS, el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de EU, la Escuela de Medicina de Harvard, la Universidad de Purdue, el Consejo Internacional de Enfermeras y Eli Lilly &Co. Dos antibióticos de laboratorios Lilly, Caspat y Seromycin, están siendo utilizados para combatir el nuevo tipo de tuberculosis y la empresa los ofrece a precios especiales a la OMS.
Es más, laboratorios Lilly está transfiriendo la tecnología a la India, China y Sudáfrica, lo cual permitirá a esos países producir y distribuir medicinas baratas. Consorcios públicos y privados similares, donde participan empresas, fundaciones y gobiernos, son la nueva ola del futuro, no sólo en cuestiones de salud sino en el cuido del medio ambiente. En un reciente viaje a Sudáfrica pude ver lo bien que funciona este tipo de colaboración.
Los tratados internacionales, como el de Kyoto, llaman la atención del público, de los políticos y de la prensa, pero este nuevo tipo de consorcio es más eficiente y más práctico.
A fines del siglo XIX, la tuberculosis mató a uno de cada siete habitantes de Europa y América. Aunque la enfermedad tenía cierto aire romántico, en parte porque sus víctimas incluyeron a escritores como Keats, Chekhov, Thoreau y a Orwell, se trata de una muerte horrible: se tose hasta morir.
En 1882, el eminente científico alemán Robert Koch identificó al bacilo de la tuberculosis, lo cual fue la clave para comprobar que la enfermedad se transmite a través de un germen.
El 24 de marzo se cumplen 122 años del descubrimiento de Koch. Pero la enfermedad persiste. Se transmite fácilmente por el aire cuando alguien infectado tose, estornuda y hasta cuando habla.
Como resultado, un tercio de la población del mundo tiene el bacilo de la tuberculosis. Se vuelve activo cuando falla el sistema inmunológico, a menudo causado por el VIH/SIDA.
La tuberculosis es principalmente una enfermedad de la pobreza y junto al SIDA y a la malaria mata a cinco millones de personas al año y hace miserables a muchas más. Hay más víctimas de estas enfermedades que de las guerras y del terrorismo.
* Presidente de TechCentralStation.com y académico del American Enterprise Institute.
(c)www.aipenet.com
En 1993, la OMS reconoció el surgimiento de una epidemia moderna de tuberculosis.
Cuando el presidente Bush el año pasado prometió 15 mil millones de dólares no fue sólo para combatir el SIDA, sino también la malaria y la tuberculosis. Cada año, 8 millones de personas se enferman de tuberculosis, una cuarta parte de ellas en Africa.
Y la enfermedad también afecta a Estados Unidos (EU), con más de mil casos en Nueva York.
La buena noticia es que con unos antibióticos relativamente baratos se curan casi todos los casos del tipo de tuberculosis más común.
La mala noticia es el surgimiento y rápida diseminación de un tipo de tuberculosis resistente a esa combinación de antibióticos.
La enfermedad se hace resistente cuando los pacientes de tuberculosis reciben un tratamiento inadecuado o incompleto.
La OMS reveló la semana pasada que hay 300 mil casos de ese nuevo tipo de tuberculosis resistente en Rusia, India y China. Estos casos son muy difíciles de tratar.
La Alianza Global para el Desarrollo de Medicamentos contra la Tuberculosis informa que "se requiere un tratamiento agresivo durante dos años que, cuando tiene éxito, cuesta 250,000 dólares por paciente en EU" y que "los medicamentos desarrollados hace décadas no sirven contra 90 mil tipos resistentes diferentes".
Una segunda buena noticia es que un consorcio público y privado está avanzando en contra de esos nuevos tipos de tuberculosis. El consorcio se formó en junio del año pasado entre la OMS, el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de EU, la Escuela de Medicina de Harvard, la Universidad de Purdue, el Consejo Internacional de Enfermeras y Eli Lilly &Co. Dos antibióticos de laboratorios Lilly, Caspat y Seromycin, están siendo utilizados para combatir el nuevo tipo de tuberculosis y la empresa los ofrece a precios especiales a la OMS.
Es más, laboratorios Lilly está transfiriendo la tecnología a la India, China y Sudáfrica, lo cual permitirá a esos países producir y distribuir medicinas baratas. Consorcios públicos y privados similares, donde participan empresas, fundaciones y gobiernos, son la nueva ola del futuro, no sólo en cuestiones de salud sino en el cuido del medio ambiente. En un reciente viaje a Sudáfrica pude ver lo bien que funciona este tipo de colaboración.
Los tratados internacionales, como el de Kyoto, llaman la atención del público, de los políticos y de la prensa, pero este nuevo tipo de consorcio es más eficiente y más práctico.
A fines del siglo XIX, la tuberculosis mató a uno de cada siete habitantes de Europa y América. Aunque la enfermedad tenía cierto aire romántico, en parte porque sus víctimas incluyeron a escritores como Keats, Chekhov, Thoreau y a Orwell, se trata de una muerte horrible: se tose hasta morir.
En 1882, el eminente científico alemán Robert Koch identificó al bacilo de la tuberculosis, lo cual fue la clave para comprobar que la enfermedad se transmite a través de un germen.
El 24 de marzo se cumplen 122 años del descubrimiento de Koch. Pero la enfermedad persiste. Se transmite fácilmente por el aire cuando alguien infectado tose, estornuda y hasta cuando habla.
Como resultado, un tercio de la población del mundo tiene el bacilo de la tuberculosis. Se vuelve activo cuando falla el sistema inmunológico, a menudo causado por el VIH/SIDA.
La tuberculosis es principalmente una enfermedad de la pobreza y junto al SIDA y a la malaria mata a cinco millones de personas al año y hace miserables a muchas más. Hay más víctimas de estas enfermedades que de las guerras y del terrorismo.
* Presidente de TechCentralStation.com y académico del American Enterprise Institute.
(c)www.aipenet.com