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Turismo... educación para todos


En los tiempos actuales, el turismo es mundialmente reconocido como instrumento válido para ascender en la escala social, por lo que su desarrollo debe ser una meta prioritaria en toda sociedad, muy a pesar que hay otros medios de lograr superación personal y profesional, así como de alcanzar riqueza, poder y prestigio.
Sin embargo, en el Panamá de hoy, con una oferta hotelera como pocas, con instalaciones portuarias en avance, con una vía acuática única en el mundo y, entre otras cosas, con casi tres mil kilómetros de costas ricas en boscosos manglares y hermosas playas, no hay una escuela oficial de turismo.
Pareciera que los dos inmensos océanos que bañan el istmo no han resultado hasta ahora inspiradores para que el estado panameño oferte a miles de ciudadanos, con actitud de superación, una formación que les permita promover su desarrollo y el de la nación, a través del turismo como guías.
No obstante, es frecuente observar a miles de jóvenes que deambulan por las calles con un diploma bajo el brazo, sin posibilidades de empleo y soñando que alguna entidad pública lo absorba en su planilla, cuando no, ingresando a otra carrera universitaria saturada de profesionales.
No menos frecuente es percatarnos que una transnacional se retira del país por no encontrar personal con mano de obra calificada; ello debe remitirnos a la iniciativa de hacer un estudio de prioridades en materia de formación de recursos humanos, optando por carreras técnicas, que las hay muy buenas y promisorias, sobre todo para quienes no tienen vocación para convertirse en abogados, médicos e ingenieros, o porque sus limitados recursos no se lo permiten.
Es urgente la adopción de un plan educativo integral, sin exclusión de ningún sector de nuestra sociedad, en el que debe estar implícita la carrera de guía de turismo y otras de no menor importancia, a fin de que el panameño humilde, con legítimo derecho a la educación, tenga la oportunidad de un desarrollo profesional armónico con sus intereses y los de la nación panameña.
El programa educativo que sugerimos debe contemplar todo el quehacer nacional; la realidad panameña en materia social, cultural, histórica y económica, ya que el turismo es una actividad propicia para la conservación y robustecimiento de nuestra herencia cultural que debemos transmitir a las nuevas generaciones.
Debemos vencer las dificultades que hoy hacen crisis en la educación panameña, la que parece agudizarse cada vez más, evadiendo la patriótica y saludable práctica de hacer del sistema educativo un tema de Estado, y dar los pasos conducentes a un augusto destino turístico a través de la educación oficial. No olvidemos que un país que no cultiva sus tradiciones está destinado a desaparecer, por falta de identidad.
Hagamos de la educación panameña un ente dinámico y promovamos en nuestros hijos el cultivo del razonamiento lógico, para que se decidan por una formación que les permita el éxito profesional y la merma, en el ámbito de todo Panamá, de los desocupados que se desalientan y sucumben, en vez de dar lo mejor de sí por su propio destino, por falta de incentivos, fundamentalmente en el sector educativo oficial.

101 años de Panamá América

 
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