Turquía, de vuelta a Europa
Superado el veto de Austria al ingreso de Turquía a la Unión Europea, se da inicio a un duro proceso negociador en el que el nuevo aspirante deberá hacer grandes concesiones de cambio, tanto que el presidente de Francia, Jacques Chirac, comentó que ese país debía hacer una "revolución cultural", recordando el traumático acercamiento de China hacia Occidente y su choque con las corrientes ortodoxas y tradicionalistas.
Olvidó, sin embargo, Chirac, que las revoluciones son de doble vía y suelen arrojar por resultado un híbrido, en este caso, una Europa y Turquía enriquecidas en su multiculturalismo, más musulmana la primera y occidental la segunda. Las cifras son reveladoras. Sin el futuro nuevo socio, los musulmanes son el 5% de la población de Europa, cercana a los 500 millones de habitantes. Con Turquía sumaría 65 millones de musulmanes más o sea el 20%, o lo que es lo mismo que decir que uno de cada cinco europeos será de ascendencia árabe para el 2013 cuando se espera que Turquía logre su ingreso pleno a la Unión.
Históricamente, la actual Turquía nace árabe, pero Roma la integra por la fuerza, al punto de situar en su territorio la capital del futuro imperio de Oriente, en Constantinopla, en el año 330 D.C., aunque ya había sido fundada por los griegos en el siglo VII A. C. Pero fue a partir del Emperador Constantino que la ciudad inicia siglos de expansión y gloria, constituyéndose en centro de un imperio que rivalizó y fue tan grande como el de Roma, sirviendo de asiento a 92 emperadores. De hecho subsistió durante siglos, después de la caída de ésta, como último bastión del cristianismo, hasta que cayó y fue saqueada por Mohamed II en 1453, luego de un asedio de 53 días, gracias a sus superiores fuerzas de 160 mil soldados contra una pequeña pero fiera oposición de 7 mil defensores entre los cuales cayó su último emperador.
Desde allí fue rebautizada como Estambul, capital del Imperio Otomano, bajo el cual retorna al islamismo, hasta que, tras la Primera Guerra mundial (1914-1918), nace Turquía como estado independiente, correspondiendo a Mustafá Kemal Altaturk, el esfuerzo inicial de inclinarla hacia Occidente.
Reconoció el voto de la mujer, antes que en Francia, y adoptó el alfabeto occidental en reemplazo del árabe. Y ahora, a repetir la historia.
Olvidó, sin embargo, Chirac, que las revoluciones son de doble vía y suelen arrojar por resultado un híbrido, en este caso, una Europa y Turquía enriquecidas en su multiculturalismo, más musulmana la primera y occidental la segunda. Las cifras son reveladoras. Sin el futuro nuevo socio, los musulmanes son el 5% de la población de Europa, cercana a los 500 millones de habitantes. Con Turquía sumaría 65 millones de musulmanes más o sea el 20%, o lo que es lo mismo que decir que uno de cada cinco europeos será de ascendencia árabe para el 2013 cuando se espera que Turquía logre su ingreso pleno a la Unión.
Históricamente, la actual Turquía nace árabe, pero Roma la integra por la fuerza, al punto de situar en su territorio la capital del futuro imperio de Oriente, en Constantinopla, en el año 330 D.C., aunque ya había sido fundada por los griegos en el siglo VII A. C. Pero fue a partir del Emperador Constantino que la ciudad inicia siglos de expansión y gloria, constituyéndose en centro de un imperio que rivalizó y fue tan grande como el de Roma, sirviendo de asiento a 92 emperadores. De hecho subsistió durante siglos, después de la caída de ésta, como último bastión del cristianismo, hasta que cayó y fue saqueada por Mohamed II en 1453, luego de un asedio de 53 días, gracias a sus superiores fuerzas de 160 mil soldados contra una pequeña pero fiera oposición de 7 mil defensores entre los cuales cayó su último emperador.
Desde allí fue rebautizada como Estambul, capital del Imperio Otomano, bajo el cual retorna al islamismo, hasta que, tras la Primera Guerra mundial (1914-1918), nace Turquía como estado independiente, correspondiendo a Mustafá Kemal Altaturk, el esfuerzo inicial de inclinarla hacia Occidente.
Reconoció el voto de la mujer, antes que en Francia, y adoptó el alfabeto occidental en reemplazo del árabe. Y ahora, a repetir la historia.