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"Tzedaka": Caridad y justicia social


CÓMO comprender que, en nuestro país, haya tanta pobreza, hambre y necesidades a montón? ¿Cómo entender que también haya tanta gente rica, poderosa, millonarios fríos e impasibles a la pobreza, a las penurias y a las angustias de los demás? ¿Cómo analizar la gran brecha social, tremenda zanja, que hay entre ricos y pobres? ¿Quién puede decir que se identifica con el dolor y la pobreza del semejante? En la filosofía judeo cristiana existe un concepto que, creo, nos puede arrojar algunas directrices para la cabal comprensión del problema de la pobreza en nuestro país.
La palabra "tzedaka" equivale o corresponde al término "caridad". Los eruditos o maestros de la Ley indican que dicho concepto puede ser equiparado con el de la lengua española "justicia social", que es la que toca o corresponde a las mayorías marginadas del progreso y desarrollo de una nación; de los empleos, de las oportunidades sociales y económicas. Son los grandes cordones poblacionales que habitan en las casas de cartón o "sin techos". De esas mayorías marginadas forman parte los "meninos de la rúa" o, simplemente, "niños de la calle"; en otros lugares son los "chavos" o "chavales"; los integrantes de las maras centroamericanas; y en nuestro país, aquellos cientos de niños, hombres y mujeres que pululan en los semáforos para ofrecer el servicio de "limpia vidrios", o tal vez en las plazas y parques, en las orillas de las avenidas, para decirnos que nuestro vehículo estará "bien cuidao".
Pero tampoco podemos excluir a los cientos de campesinos que abandonan sus ranchos o pequeñas porciones de tierras y emigran hacia la ciudad en fervorosa búsqueda de mejores días, de realizaciones de sueños de trabajo, progreso y prosperidad. Pero se estrellan ante la realidad -desempleo-. ¡Qué decir de nuestras muchachas que aspiran a trabajar para un don o una doña por míseros salarios y que forman parte de modernas formas de esclavitud para las cuales no existe un día de descanso o un fin de semana que traduzca un día feriado por duelo o fiesta nacional! La pobreza en nuestro país, al igual que en otras latitudes, tiene mil rostros y cuerpos. Reviste modalidades insospechadas por quienes tenemos cuando no lo mucho sí lo mínimo o necesario: al menos los tres golpes del día, nuestros hijos van a las escuelas, tienen sus uniformes y sus útiles escolares y reclaman el postre como complemento de la dieta alimenticia. Es que la pobreza no debería ser. Los que tenemos un poquito más que los demás deberíamos compartir. Es penoso, hato censurable, que nuestros millonarios tengan sus dineros echando moho en los bancos entre tanto nuestra gente sufre por el hambre y el desempleo, la pobreza. Me impresiona cuando escucho a ricos y millonarios, de este país, hablar de la pobreza y darse golpes en el pecho como sintomatología barata de que padecen y sufren por nuestros pobres. Ninguno de ellos se sabe meter la mano al bolsillo y decir "aquí hay tanto para los pobres de esta nación". A nadie se le ocurre hacer un teletón o recolecta de dineros para darlos a los pobres traducidos en alimentos, mantas, vestidos, medicamentos, etc.
La caridad cristiana, según los sabios, tiene siete niveles. Traduzco los que, a mi juicio, son los más relevantes: que quien da no sabe quién recibe; que quien recibe no sabe quién da; que quien da y quien recibe no saben de dónde proviene lo dado; que quien da lo hace para que quien reciba no caiga en la quiebra o en la bancarrota. Este último es visto como uno de los más ejemplares actos de caridad, de justicia: evitar o impedir que alguien caiga en tal grado de miseria o de pobreza que tenga que pedir para vivir. ¡Cuán humillante es pedir! Los políticos suelen manejarse violentando las reglas elementales de la caridad humana, de la justicia social: dan y quieren que todo el mundo conozca que fueron ellos los que dieron (pagan anuncios publicitarios del supuesto acto de caridad, tocan címbalos, clarines y trompetas; pagan anuncios televisados, al ser fotografiados ponen caras de angustia y de dolor que ni siquiera se aproximan a las reales penurias humanas de nuestros pobres semejantes); por otra parte, los empresarios inescrupulosos que cuando entregan o dan algo, lo que ellos llaman obras de beneficencia, publican la foto de quien recibe, divulgan imágenes del acto de entrega de la silla de rueda o de la canastilla. ¿Cómo se sentirá ese ser que recibe?
Este largo exordio tiene un claro y exclusivo objetivo: que el Gobierno entienda y comprenda que hay que abordar, en el país, con carácter de urgencia nacional, el tema de nuestra gente pobre. Los pobres se revelan, sufren, se vuelven violentos, radicales, psicóticos, esquizofrénicos, cuando advierten que otros comen y ellos no. Sugiero que nos metamos la mano al bolsillo o vayamos al banco y demos algo a los pobres. Quiero dejar plasmado mi agradecimiento sincero a mi amigo Richard Zafrany, hijo del extinto Isaac Zafrany -con él Panamá está en deuda por la injusta persecución judicial a la que fue sometido-, por las sabias explicaciones que me brindó respecto a la palabra "Tzedaka".
4. Desmantelamiento del negociado del transporte colectivo para o cual se solicita:
- Nombramiento de una comisión técnica independiente (entiéndase mecánicos calificados) escogida de una terna y pagada por el Gobierno, que realice una auditoría de las unidades de transporte que actualmente prestan servicio.
- Auditoría pública del recurso humano que labora en el sector. Basta de padrinazgos y mordidas. No más conductores irresponsables.
- Que las unidades que presentan deterioro irreparable sean sacadas de circulación y los certificados de operación reasignados a palancas que reúnan los méritos para ello (en caso que no los trabaje directamente el titular del certificado).
- Que se proporcionen préstamos blandos requeridos para reemplazar las unidades inhabilitadas para circular c reparar las que lo requieran.
- Crear el marco jurídico que impida el acaparamiento directo o indirecto (a través de interpuestas personas casi siempre familiares) de los cupos de transporte colectivo, y en el caso de empresas constituidas, que éstas cumplan con los ordenamientos jurídicos inherentes a sus responsabilidades sociales: salarios, prestaciones laborales, Seguro Social.
- Exoneraciones de importación de unidades y repuestos destinados al transporte colectivo. Ya que el Estado, a criterio del actual gobierno, puede exonerar millones en la venta de corporaciones bancarias y tradicionalmente lo ha hecho con la importación de autos de lujo, para los bendecidos del sistema, con mayor razón, debiera hacerlo para beneficiar a los usuarios del transporte colectivo, al propiciar, de esta forma, un ambiente propicio para la prestación de un mejor servicio.
Señor Presidente, hacer todo esto, SÍ SE PUEDE; por eso, al igual que este joven panameño: LO EXIGIMOS.

101 años de Panamá América

 
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