Ubícate en tu centro (II)
Aunque somos seres creados, limitados en el espacio y en el tiempo, al comunicarnos por medio de nuestra alma con lo trascendente, entramos en el mundo de lo ilimitado, de lo infinito por el Ser que nos sostiene. Vamos creciendo interiormente. Entramos en una dimensión espiritual en la que avanzamos en meditación y contemplación y caminamos por un sendero de luz y oscuridad, gozo y sequedad, alegría y dolor, destellos de eternidad y realidad terrena, conectando con lo que permanece, con el Dios Santo y Eterno.
En la medida en que así lo hagamos, gracias a la revelación divina manifestada por Cristo Jesús, tomamos conciencia de que somos hijos del Padre y que nuestra vocación es estar con El cada vez de manera más plena. El mundo nos arrebata el derecho a estar con Dios y nos lanza a vivir confinados en una oscura caverna donde solo estamos "viendo cuatro centímetros de la realidad" usando nuestros sentidos para sobrevivir, chocando unos con otros, golpeándonos, peleando espacios físicos, aliándonos para combatir a otros, sin darnos cuenta que hay un mundo nuevo, iluminado, con aire pleno, allá afuera, allá arriba, por encima de esto, donde hay libertad, dominio de sí, trascendencia, alegría, plenitud. Es el mundo del espíritu, donde de muchas formas, dependiendo de la escuela de espiritualidad a la que pertenezcas, puedes conectar con Dios.
En nuestra Iglesia tenemos caminos diversos contemplativos donde benedictinos, franciscanos, jesuitas, neocatecúmenos, carismáticos y otros siguiendo a sus fundadores, proponen senderos diversos pero complementarios. Es cuestión de escoger. Últimamente corrientes frescas de espiritualidad oriental e indígena latinoamericana enriquecen los aportes de San Juan de la Cruz y de Teresa de Ávila, para citar algunos de nuestros místicos y nos hacen ver que Dios se manifiesta en todas las culturas, aunque nosotros, gracias a Cristo Jesús, tenemos la verdad completa. Reconoce que eres algo más que un cuerpo, pensamientos, dinero o un puesto; eres un ser espiritual que encarnado en lo terreno busca al que es su origen, Dios, con quien superaremos cualquier adversidad, porque con El somos invencibles.