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Un acontecimiento político


Hoy 18 de enero, se da un hecho político con categoría de acontecimiento, por lo inusitado y también por lo prometedor. En efecto en el Congreso del Partido Popular, el de la Estrella Verde, se formalizará su alianza electoral “Patria Nueva” con el Partido Revolucionario Democrático. El Partido Demócrata Cristiano, que es el tronco del Partido Popular, fue el adversario democrático más sistemático que tuvo el PRD cuando servía como instrumento por los militares. La alianza entre estos dos partidos promueve la reconciliación en aras de un futuro mejor, como la reconciliación entre conservadores y liberales, después de la cruenta Guerra de los Mil días entre ambos, hizo posible el 3 de noviembre de 1903 y el futuro de la República y del Canal.
La realidad, no la teoría, que vivimos de 1968 a 1989, fue la del predominio político de una cúpula militar que sólo respondía a sí misma. Como resultado se dio un régimen caracterizado por una arbitrariedad violadora de los derechos humanos y una propensión a la corrupción, que en los últimos años, bajo Noriega, se hizo incontrolable.
El PDC se colocó en la vanguardia de la lucha contra este militarismo y a favor de una democracia representativa, liberada de las graves fallas del tradicionalismo de las que había adolecido antes del golpe de estado del 11 de octubre. Al cabo de veintiún años de lucha el PDC vio culminado sus esfuerzos con la victoria electoral de la ADO-Civilista, gracias a la unión de todas las fuerzas democráticas aún las más tradicionalmente antitéticas. La unión nos dio la independencia. La unión nos dio también la democracia.
¿Qué hace posible entonces que hoy podamos en conciencia considerar que es posible y moral que el Partido Popular, heredero del Partido Demócrata Cristiano, llegue a una alianza política con el PRD?
Primero, en la lucha entre el militarismo dictatorial y el civilismo democrático, el segundo prevaleció. En la elección decisiva de 1989, los panameños votamos 2 a 1 a favor del civilismo, lo que condujo a la substitución del régimen militarista por una democracia, y además a la eliminación constitucional de todo ejército. El civilismo democrático se tornó en el esquema-madre de la política panameña. La contraposición entre civilistas y militaristas perdió por ello vigencia como criterio de división política en el país de cara al futuro.
Segundo, la aceptación por todas las fuerzas políticas y sociales del país, incluyendo a los civiles que quedaron a la cabeza del PRD, de la democracia, civilista y desmilitarizada, como el único régimen bajo el cual los panameños podíamos vivir en paz, con esperanza de lograr nuestro desarrollo. Dentro de este contexto, desde hace catorce años el PRD ha demostrado con hechos su aceptación de la democracia en su vida interna y en su actuación nacional: ha participado democráticamente en dos elecciones nacionales; en una de ellas el pueblo eligió su candidato como Presidente, quien gobernó dentro de las normas constitucionales y respetó la alternancia en el poder cuando perdió las elecciones siguientes. El pueblo también ha elegidon decenas de legisladores y alcaldes, a la vez que centenares de representantes de corregimiento de dicho partido, quienes han merecido elogios o críticas de la misma índole que los que han merecido los de otros partidos democráticos.
Tercero, como resultado en numerosos temas de interés político, local, nacional e internacional, las mayorías y las minorías de opinión o de votación que se han formado no corresponden a la división entre quienes apoyaron o adversaron la dictadura militarista, sino a diferentes opciones sociales, económicas o culturales, todas compatibles con la democracia. Se puede comprobar el hecho analizando las decisiones de los diferentes Consejos Municipales y la Asamblea Legislativa.
Cuarto, en consecuencia, se han podido dar múltiples alineamientos políticos, que eran impensables hace catorce años, y que son considerados como real y moralmente posibles en la actualidad. Si se le exige al PP que justifique su acuerdo con el PRD, similar exigencia se le debe plantear a las otras opciones electorales. El candidato del Partido Arnulfista debe explicar su acuerdo con el Partido Liberal Nacional, que formó parte del gobierno de Pérez Balladares, acuerpó su intento reeleccionista y ocupó la primera vicepresidencia en la nómina del PRD en 1999, pero cambió su apoyo a favor del arnulfismo tan pronto la Presidenta Moscoso ganó las elecciones. También tiene que explicar que los dos vicepresidentes de la Presidenta Moscoso, el del Partido Molirena y el del Partido Morena, hayan sido altos funcionarios del régimen militar o miembros de un partido partidario del régimen. Además, debe explicar que el secretario privado de Noriega y su vocero internacional hayan encontrado cómoda cabida dentro del actual gobierno arnulfista, y que numerosos legisladores y otros funcionarios oficialistas hayan sido partidarios de los militares e incluso de Noriega hasta el final o sean tránsfugas del PRD y que en los últimos tiempos varios sigan inscritos en el PRD aunque lo traicionen reiteradamente por prebendas.
Por su parte, el otro candidato arnulfista, postulado por el Partido Solidaridad, quien se presenta como independiente, si ganara arrastraría detrás de él al Partido Arnulfista y gobernaría con él. Debe explicar como es candidato de un partido, cuyos líderes apoyaron en 1984 a quienes se valieron de las condiciones electorales propicias al fraude (reconocidas como tales por quien en ese entonces ejerció la presidencia del Tribunal Electoral) para despojar al Dr. Arnulfo Arias y a la oposición de su victoria, algunos continuaron expresándose positivamente de Noriega cuando el resto de sus allegados se integraban a la oposición civilista y compartían los peligros de dicha posición. Además dichas personalidades se las ingeniaro para apoyar al gobierno PRD de Pérez Balladares, incluso en su intento reeleccionista, hasta justo antes de que le dieran su apoyo al gobierno arnulfista de Mireya Moscoso, incluso en sus malhadados nombramientos a la Corte Suprema, y pretenden ahora una tercería que rehusaron apoyar en la elección pasada.
Quinto, Martín Torrijos, él mismo ha dicho que él es un hombre que ha madurado y tiene una posición diferente en esta elección. Se ha consagrado personalmente como máximo dirigente del PRD, ganándole democráticamente a los allegados a Pérez Balladares, ha facilitado el relevo generacional al mismo tiempo que el ingreso de personalidades nuevas y ha introducido un estilo de liderazgo dialogante y consensual. Sobre sí mismo ha dicho con toda franqueza en el suplemento Mosaico de La Prensa (15/06/03/). Acerca de su padre: “yo me siento orgulloso, por su puesto, de lo que mi papá logró. Comprendo que fue un ser humano con virtudes y con defectos, pero yo no soy quien lo va a calificar”. Acerca de nuestra relación, que es simbólica de su relación con quienes adversamos a su padre: “Yo he tenido la fortuna de poder ser amigo de personas que adversaron las actuaciones de mi padre. Con Arias Calderón hemos hablado en términos de su gestión; él hace críticas, pero también reconoce aspectos positivos. A él le tocó combatir el general Torrijos, pero ha tenido la capacidad de desvincular una relación de la otra; él no ha trasladado hacia mí la adversidad, a pesar de que al inicio tuvo algún grado de aprensión”. Y acerca de sus propósitos, Martín ha dicho: “Yo estoy construyendo mi propia vida política; estoy corriendo con mis propias ideas, con mi plataforma, con mi visión de lo que debe ser el país; y en circunstancias y realidades distintas a las que él [mi padre] vivió. Son dos momentos distintos. Y somos dos personas distintas.” Es un hombre con criterio propio.
Sexto, el PDC trabajó en asocio con el Partido Arnulfista mientras se trató de la lucha por la democracia. Pero una vez en democracia el trabajo conjunto se reveló cada día más que difícil. Nosotros buscábamos la renovación de la democracia, modernizándola, introduciéndole una buena dosis de justicia social, haciéndola cada vez más transparente e incluyente. Ellos se contentaban con su restauración, lo que implicaba revivirla tanto en sus virtudes como en sus vicios de antaño, incluyendo mucha tolerancia para con el tráfico de influencia, el nepotismo, la corrupción y la falta de equidad. Nuestra exclusión del gobierno el 8 de abril de 1991 tuvo en el fondo que ver con esta diferencia. Intentamos en 1999 crear un nuevo escenario político con la formación de una tercera fuerza con candidaturas propias. El experimento ha fallado hasta ahora en buena parte por las indecisiones de quien apoyamos como nuestro candidato, que se han repetido este año. Cuando después de las elecciones pasadas, él no estuvo dispuesto a unir esfuerzos en forjar una organización que pudiera competir en plano de igualdad con las otras dos e insistió en retornar al anterior vínculo con el arnulfismo, nos dimos cuenta que no ofrecía una opción innovadora.
Séptimo, el desastre político-moral y económico del gobierno de la Presidenta Moscoso nos hizo ver que quienes queríamos en el futuro un Panamá democrático, moderno, decente y próspero debíamos asumir la oposición efectiva al gobierno arnulfista, no una oposición como la de que alardean quienes habían formado parte de lo últimos dos gobiernos, como los Partidos Solidaridad y Cambio Democrático. Debíamos por ello explorar lo que todos los otros partidos había hecho en alguna medida, menos nosotros, a saber un acuerdo con el PRD, sobre todo con el nuevo PRD que surgía en torno a Martín Torrijos. Y decidimos intentarlo, pero no como lo habían hecho otros, a escondidas y sin programa, sino como debemos actuar los demócratas, al descubierto y en base a un programa para ofrecerle un futuro mejor a nuestro pueblo con una nueva manera de hacer política, con transparencia, humildad, e invitando a la participación de todo el que comparta nuestro programa.
Octavo, como cada partido mantiene su identidad en la Alianza Nueva Patria, nos serviremos de apoyo y de contrapeso el uno al otro. El PP y el PRD, tornándose decididamente hacia el futuro, han basado su acuerdo sobre un programa en común que define ampliamente las tareas que emprenderá el gobierno de Martín Torrijos con la colaboración de ambos partidos. Los Populares enfatizaremos el respeto a la democracia constitucional y el estado de derecho democrático, la tranparencia de las finanzas públicas y de las decisiones gubernamentales, la responsabilidad personal y la corresponsabilidad comunitaria, el impulso a favor de la equidad y la justicia social como parte de la política socioeconómica, la afirmación progresiva de la neutralidad del país y la preferencia por la multilateralidad en la política exterior, la apertura de nuestra cultura a la fraternidad y a la espiritualidad. Estamos seguros que el PRD enfatizará los valores que le sean más importantes, que no son mutuamente excluyentes con los nuestros. Juntos y con el aporte de independientes, respetándonos los unos a los otros, serviremos a nuestro pueblo de una manera mejor de cómo ha sido servido hasta ahora por sus políticos.

101 años de Panamá América

 
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