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Un acto bárbaro


El espectáculo bárbaro que ha presenciado la humanidad en los canales de televisión y leído en distintos medios de prensa, sin precedente en el mundo, es sin lugar a dudas condenable, puesto que la acción terrorista ocurrida en los Estados Unidos ha dejado un saldo considerable de víctimas inocentes. Al paso le han salido la mayoría de los gobiernos que existen en nuestro planeta para condenar enérgicamente tal acción bárbara. En América Latina las condenas no se han hecho esperar, igual que en el Caribe, entre ellos, Cuba, la mayor de las Antillas, en que su presidente Fidel Castro, además de expresar su voz de repudio, al mismo tiempo, ha ofrecido ayuda médica para atender a los heridos.
En nuestro país, la presidenta, Sra. Mireya Moscoso ha actuado con prudencia y serenidad, convocando a todas las fuerzas políticas, sin distinción alguna, a fin de adoptar las medidas de precaución contra cualquier instalación, considerada de seguridad nacional, en este caso principalmente el Canal de Panamá, ordenando desplegar sobre la misma agentes del Servicio de Protección Institucional (SPI) así como grandes contingentes de la Policía Nacional, en debida coordinación con el Ministerio de Gobierno y Justicia.
Debemos reconocer, sin embargo, que pese a lo delicado de las circunstancias que se han derivado de esta acción terrorista dentro del territorio norteamericano, la actual mandataria de nuestra nación, ha velado por la defensa de la soberanía nacional, demostrando que el gobierno puede garantizar la defensa del territorio nacional, sin solicitar a ese propósito que nuestro país sea ocupado militarmente por los Estados Unidos, con el derecho que le otorga el Tratado de Neutralidad de defender la vía canalera si estuviera bajo algún peligro inminente, pero en todo caso sería dentro de un acuerdo bilateral.
Los pueblos, sin embargo, dentro del estupor que ha causado el acto terrorista, no pueden pasar por alto la conducta prepotente que ha mantenido desde su nacimiento como imperio los Estados Unidos. El caso nuestro es un claro ejemplo de su política impositiva en que, desde el momento en que los franceses fracasaron en su empeño de construir la vía acuática y le tocó en suerte asumir su construcción, castigándonos con un colonialismo que fue posible haciendo prevalecer la diplomacia del más fuerte, sometimiento que por fin cesó el último día del siglo pasado con el cumplimiento de los Tratados Torrijos-Carter en que revirtió el Canal a manos de todos los panameños y somos por fin dueños de todo nuestro territorio y ojalá sea esa la postura que mantengan nuestros gobernantes.

101 años de Panamá América

 
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