Un aldabonazo
Somos un pueblo extraño, algo así como una mezcla de surrealismo y opera bufa. Nos caracterizamos por poseer una memoria histórica de extremada corta duración, casi cuestión de días. Tenemos un increíble poder de "aguante", como diría el vulgo. Vivimos en una especie de letargo ciudadano que permite a los malos gobiernos, y sus políticos, actuar sin temor a consecuencias. Vivimos esperanzados en soluciones mágicas y el advenimiento de "caudillos" para resolver nuestros problemas. Vivimos a espalda de la mayor crisis social, moral, económica y política de nuestra recién historia. Vamos rumbo en firme para el despeñadero y seguimos actuando como que aquí no pasa nada. Si no me creen, vayan a las discotecas y espectáculos de entretenimiento públicos.
Los políticos conocen bien nuestra idiosincrasia y por eso actúan como lo hacen, pues cuentan con nuestra veleidad y corta memoria. Nadie mejor que el actual gobierno ha sabido bien interpretarnos y predecir nuestra inacción. Nuestra Presidenta ha resultado mucho más inteligente y astuta de lo que nos imaginábamos. En cierto sentido ha superado con su habilidad personal y olfato político a su mentor y fallecido esposo, doctor Arnulfo Arias M., quien fuera tres veces presidente. Hay que darle justo mérito. Paso a paso ha logrado una concentración de poder político personal que nada tiene que envidiar al de los militares y gamonales políticos de antaño; pero ¿eso es bueno para el país? Definitivamente que no.
No hace mucho sufrimos, los panameños, un período prolongado de pérdida de las libertades ciudadanas, que sólo la intervención de tropas extranjeras logró finalizar. Hoy día nos hemos convertido, casi sin darnos cuenta, en un país bajo una especie de dictadura civil y personalista. Observemos la concentración de poder en una sola persona: nuestra presidenta.
Los tres poderes del Estado responden a su mandato personal, gracias a nombramientos que hábilmente ha dictado. Como buenos ejemplos, los nuevos magistrados de la Corte (incluyendo el nuevo ungido) y la nueva Junta Directiva de la Asamblea. El Ministerio de Gobierno y Justicia y, por ende, la Fuerza Pública y las otras policías responden a ella, con una posible sola excepción, dado el nombramiento de personas clave en esas organizaciones de su entera confianza. El nuevo Ministro de Gobierno y Justicia es de su conocido aprecio y entera confianza. No estoy seguro si es arnulfista; como tampoco lo son muchos funcionarios y asesores de su propio nombramiento. No son personas del partido, como el notable caso del Presidente de la Asamblea. Y, ¿qué me dicen de la Contraloría? El partido no cuenta, la que manda es doña Mireya. ¿Hay o no concentración de poder? ¿Manda o no manda?
Hay otros eventos que me preocupan. Hasta ahora, el Tribunal Electoral pareciera ser el único órgano del Estado que no controla, pero sí cuenta con relativa influencia. ¿Será coincidental que un legislador público, confeso de aceptación de dinero mal habido y admitida participación, según sus declaraciones públicas, de componendas políticas en el gobierno anterior, haya iniciado una fuerte campaña para desprestigiar al actual presidente de ese organismo? Digo que no. Para mí esa campaña contra el Magistrado Presidente del Tribunal Electoral va más allá de los problemas de expulsión de partido que pesa sobre el notorio legislador.
En este mundo surrealista que vivimos nada es coincidental. El legislador está haciendo su trabajo, minando la credibilidad del único poder del Estado que hasta ahora goza de libertad de criterio. Todo lo anterior, es a mi buen entender, la creación de una estructura de poder para manejar las próximas elecciones. Empiezo a tener fuertes dudas de la legitimidad de las próximas elecciones. Existe demasiada evidencia de que los personajes de este gobierno buscan la permanencia y, por buenas razones personales, algunos no resistirán el escrutinio futuro e imparcial de sus actuaciones presentes. Algunos pueden terminar en el exilio voluntario o en la cárcel. Hay mucho en juego que proteger.
Gradualmente, con nuestra apatía, hemos permitido el establecimiento de un orden de cosas que afecta el futuro de nuestras libertades ciudadanas. La concentración de poder en una sola persona es el mayor riesgo ciudadano de toda sociedad libre. Se acerca un período de elecciones. Con todas mis reservas a la integridad del proceso, es nuestra única opción de forzar cambios. Despertémonos de nuestra apatía y preparémonos para hacer valer nuestro derecho ciudadano y luchar desde ya para evitar el retorno de las elecciones amañadas. Queda poco tiempo. Hemos estado demasiado tiempo en el letargo. Despertemos.
Doy un nuevo aldabonazo.
El diagnóstico preliminar de los médicos es que Ulises pudiera padecer la enfermedad dermatológica conocida como "Hiperqueratosis Epidermolítica Congénita Ampollar", de las cuales solamente se han reportado 4 casos en Panamá, incluyendo este caso.
La enfermedad se considera genética (hereditaria) y actualmente Ulises es atendido por una dermatóloga del Hospital del Niño, que es especialista en este campo médico y que atiende igualmente a los otros tres casos reportados de la enfermedad.
La Hiperqueratosis Epidermolítica es un desorden hereditario de la piel que se caracteriza por el engrosamiento de la piel en la mayor parte del cuerpo. Es una forma de "ictiosis", enfermedad de la piel caracterizada por "sequedad y formación de escamas" más o menos adherentes que le confieren un aspecto similar a un pez.
Los políticos conocen bien nuestra idiosincrasia y por eso actúan como lo hacen, pues cuentan con nuestra veleidad y corta memoria. Nadie mejor que el actual gobierno ha sabido bien interpretarnos y predecir nuestra inacción. Nuestra Presidenta ha resultado mucho más inteligente y astuta de lo que nos imaginábamos. En cierto sentido ha superado con su habilidad personal y olfato político a su mentor y fallecido esposo, doctor Arnulfo Arias M., quien fuera tres veces presidente. Hay que darle justo mérito. Paso a paso ha logrado una concentración de poder político personal que nada tiene que envidiar al de los militares y gamonales políticos de antaño; pero ¿eso es bueno para el país? Definitivamente que no.
No hace mucho sufrimos, los panameños, un período prolongado de pérdida de las libertades ciudadanas, que sólo la intervención de tropas extranjeras logró finalizar. Hoy día nos hemos convertido, casi sin darnos cuenta, en un país bajo una especie de dictadura civil y personalista. Observemos la concentración de poder en una sola persona: nuestra presidenta.
Los tres poderes del Estado responden a su mandato personal, gracias a nombramientos que hábilmente ha dictado. Como buenos ejemplos, los nuevos magistrados de la Corte (incluyendo el nuevo ungido) y la nueva Junta Directiva de la Asamblea. El Ministerio de Gobierno y Justicia y, por ende, la Fuerza Pública y las otras policías responden a ella, con una posible sola excepción, dado el nombramiento de personas clave en esas organizaciones de su entera confianza. El nuevo Ministro de Gobierno y Justicia es de su conocido aprecio y entera confianza. No estoy seguro si es arnulfista; como tampoco lo son muchos funcionarios y asesores de su propio nombramiento. No son personas del partido, como el notable caso del Presidente de la Asamblea. Y, ¿qué me dicen de la Contraloría? El partido no cuenta, la que manda es doña Mireya. ¿Hay o no concentración de poder? ¿Manda o no manda?
Hay otros eventos que me preocupan. Hasta ahora, el Tribunal Electoral pareciera ser el único órgano del Estado que no controla, pero sí cuenta con relativa influencia. ¿Será coincidental que un legislador público, confeso de aceptación de dinero mal habido y admitida participación, según sus declaraciones públicas, de componendas políticas en el gobierno anterior, haya iniciado una fuerte campaña para desprestigiar al actual presidente de ese organismo? Digo que no. Para mí esa campaña contra el Magistrado Presidente del Tribunal Electoral va más allá de los problemas de expulsión de partido que pesa sobre el notorio legislador.
En este mundo surrealista que vivimos nada es coincidental. El legislador está haciendo su trabajo, minando la credibilidad del único poder del Estado que hasta ahora goza de libertad de criterio. Todo lo anterior, es a mi buen entender, la creación de una estructura de poder para manejar las próximas elecciones. Empiezo a tener fuertes dudas de la legitimidad de las próximas elecciones. Existe demasiada evidencia de que los personajes de este gobierno buscan la permanencia y, por buenas razones personales, algunos no resistirán el escrutinio futuro e imparcial de sus actuaciones presentes. Algunos pueden terminar en el exilio voluntario o en la cárcel. Hay mucho en juego que proteger.
Gradualmente, con nuestra apatía, hemos permitido el establecimiento de un orden de cosas que afecta el futuro de nuestras libertades ciudadanas. La concentración de poder en una sola persona es el mayor riesgo ciudadano de toda sociedad libre. Se acerca un período de elecciones. Con todas mis reservas a la integridad del proceso, es nuestra única opción de forzar cambios. Despertémonos de nuestra apatía y preparémonos para hacer valer nuestro derecho ciudadano y luchar desde ya para evitar el retorno de las elecciones amañadas. Queda poco tiempo. Hemos estado demasiado tiempo en el letargo. Despertemos.
Doy un nuevo aldabonazo.
El diagnóstico preliminar de los médicos es que Ulises pudiera padecer la enfermedad dermatológica conocida como "Hiperqueratosis Epidermolítica Congénita Ampollar", de las cuales solamente se han reportado 4 casos en Panamá, incluyendo este caso.
La enfermedad se considera genética (hereditaria) y actualmente Ulises es atendido por una dermatóloga del Hospital del Niño, que es especialista en este campo médico y que atiende igualmente a los otros tres casos reportados de la enfermedad.
La Hiperqueratosis Epidermolítica es un desorden hereditario de la piel que se caracteriza por el engrosamiento de la piel en la mayor parte del cuerpo. Es una forma de "ictiosis", enfermedad de la piel caracterizada por "sequedad y formación de escamas" más o menos adherentes que le confieren un aspecto similar a un pez.