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Un aldabonazo de la comunidad científica


Aprincipios del pasado mes de abril se suscitó, muy discretamente, un hecho singular y altamente trascendente. Por primera vez se dieron cita (en la Universidad Católica Santa María la Antigua) de manera voluntaria, un grupo selecto pero altamente representativo de académicos y científicos nacionales, todos de diferente orientación política, quienes en un espíritu de unidad y de franca camaradería se dedicaron a analizar el estado del desarrollo científico del país.
Consecuencia directa de esta actividad inédita ha sido la revisión y aprobación de una propuesta consensuada e integral de este grupo de actores de la comunidad nacional del conocimiento, dirigida a los políticos, a los tomadores de decisiones.
Dicha declaración ha sido firmada por casi cincuenta profesionales del ámbito de la docencia superior y la investigación nacionales y se denomina "A los candidatos presidenciales: Declaración de miembros de la comunidad científica y académica panameña". Originalmente la misma iba destinada a cada uno de los cuatro candidatos presidenciales. Las circunstancias de las elecciones inminentes y otros imponderables, forzaron al grupo a esperar el resultado de la justa electoral, para hacerle llegar el documento completo al vencedor en las elecciones del 2 de mayo. Ahora mismo, ya debe estar en manos de Martín Torrijos.
Como se manifiesta este trascendental documento: "...La condición de nuestra nación, dentro del contexto internacional contemporáneo, es alarmante. Mientras el resto del globo vive inmerso en los vertiginosos cambios que genera, de modo continuo, la actual revolución en las esferas del conocimiento científico y del flujo de la información, Panamá ha ido quedándose cada vez más atrás en estos órdenes.
Las consecuencias de este bajo desarrollo son sumamente serias para el futuro del país: generaciones poco instruidas, sistemas formativos deficientes y desactualizados, y una sociedad cada vez menos capaz de generar y adaptar creativamente el conocimiento a sus actividades sociales y productivas. Este es el panorama que debemos comenzar a enfrentar y a revertir todos ahora (científicos, políticos y ciudadanía en general), con un sentido realmente firme, inteligente y patriótico...".
Esas afirmaciones son dolorosamente ciertas. Peligrosamente ciertas.
En el texto referido se le hacen recomendaciones muy bien pensadas a las nuevas autoridades electas, en cuanto a medidas de urgencia notoria para enfrentar y revertir nuestro espantoso atraso como Nación, en el terreno de la generación del conocimiento y de la creatividad innovadora.
Esto, entendiendo que la ciencia es una herramienta fundamental del desarrollo moderno y que cualquier plan serio y efectivo para sacar adelante al país, no puede obviar, bajo ningún concepto, la importancia prioritaria de la investigación científica, del desarrollo tecnológico y de la innovación productiva.
Allí, se le pide al próximo presidente, entre otras cosas, que "...la Agenda Científica y Tecnológica de Panamá sea el producto de consultas amplias, libres de sesgos y basada en la voluntad de atender y resolver todas nuestras asimetrías y carencias en el orden cognoscitivo y práctico...". Se le pide al Estado "...un compromiso más significativo con las Ciencias y las Tecnologías..." y, para ello, se demanda "...un incremento sustancial del paupérrimo gasto gubernamental en Ciencia y Tecnología que tenemos en la actualidad...", el cual se pide que represente la duplicación del actual nivel de gasto social en este rubro: "...del 0.22% del PIB actual a 0.5% total, como meta mínima quinquenal...".
Los científicos firmantes solicitan que la Ley Nacional que rige el sector (Ley 13 del 15 de abril de 1997) sea revisada para mejorar su efectividad, pues hasta ahora, es una ley sin medios para garantizar su vigencia y evitar groseros abusos y errores, como los cometidos por la administración saliente. Se pide también que "...esta revisión debe ser conducida por una Comisión profesionalmente calificada, hecha de manera democrática y transparente, previa consulta con amplios sectores académicos, intelectuales y profesionales...".
Se mencionan otros temas igualmente importantes, tales como la necesidad de fortalecer los centros de investigación, de sanear y enseriar a la SENACYT, de establecer una Ley Nacional de Educación Superior, de activar el Fondo Nacional de Ciencia y Tecnología, de fortalecer los mecanismos de vinculación entre las universidades, los sectores productivos y el conjunto de la sociedad, así como el realizar consultas amplias con la comunidad científica y sectores interesados de la sociedad para preparar los planes de desarrollo para la ciencia en el país, entre otros.
Finalmente, se le solicita al nuevo Presidente de la República que asuma un compromiso personal (y no a través de segundas o terceras personas) con los asuntos del desarrollo científico, tecnológico y de la educación superior del país. Se le pide que se involucre en este proceso, de manera directa y sincera, como precondición para que esta iniciativa tenga éxito.
Desconocemos el destino final que tengan estas recomendaciones.
Si el nuevo Presidente revisa estas propuestas con receptividad, con inteligencia y con sensibilidad, se dará cuenta del enorme valor intrínseco de este singular llamado de atención, proveniente de un segmento muchas veces subvalorado, pero que posee un enorme potencial para ayudarle a enfrentar los formidables retos del desarrollo nacional, especialmente en estos tiempos violentos y críticos.
Ojalá que la voz unitaria, calificada y desinteresada de la inteligencia y del talento nacional, sea escuchada, esta vez, para variar.

101 años de Panamá América

 
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