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Un alma común


A partir de hoy hasta final de año, Francia ejercerá su XII Presidencia del Consejo de la Unión Europea. Desde la última Presidencia Francesa en el 2000, la dimensión política de Europa se ha desarrollado significativamente. Uno de los retos de esta Presidencia Francesa será llevar aún más lejos a los 27 países europeos. Tras el "No" de los electores irlandeses a las nuevas instituciones simplificadas, Europa requiere de nueva ambición política, un alma común.

Los mercados financieros son inestables, el precio del crudo se dispara con serias consecuencias para las poblaciones del mundo, la coyuntura económica parece mal orientada, el calentamiento global es portador de riesgos cada día más evidentes y aparecen signos de una crisis alimentaria; confrontada a los desafíos de un mundo complejo, Francia se ha fijado cuatro prioridades: La primera, enfrentar el desafío climático. Europa debe actuar de manera ejemplar y adoptar antes del final del año un plan preciso para reducir las emisiones de gas carbónico y desarrollar energías renovables; debe definir los incentivos financieros con miras a alentar a los países en desarrollo a asociarse a su propio esfuerzo.

Francia, como segunda prioridad, quiere una estrategia europea para la energía. Su objetivo es reforzar la independencia del continente. Para ello, es imperativo definir y aplicar un ambicioso plan de ahorro energético a nivel europeo. Buscar, juntos con nuestros socios, quizás a través de una nueva política fiscal, cómo dar alivio a las poblaciones más afectadas por el alza del precio del petróleo. Varias opciones merecen un estudio detenido: alentar la inversión para producir más energía y fomentar la interconexión energética; acudir a las energías renovables, pero también a las energías no generadoras del óxido de carbono, incluso a la nuclear.

La tercera prioridad es controlar y humanizar los flujos migratorios. Europa no es una fortaleza, quiere seguir siendo una tierra abierta. Por lo tanto, sus países deben actuar conjuntamente para fomentar una inmigración escogida y legal, representando la mejor garantía en contra de la inmigración clandestina portadora de abusos hacia las personas y los derechos humanos.

El cuarto desafío es la defensa y la seguridad europeas. Francia tiene la ambición de proponer nuevas soluciones pragmáticas para aumentar las capacidades militares y civiles de los Estados europeos en materia de proyección de fuerzas, capacidad marítima, observación espacial, industrias de defensa y planificación y realización de operaciones militares.

El 10 de julio, el presidente francés Nicolás Sarkozy detallará los objetivos de la Presidencia Europea, presentando múltiples temas sobre los que Francia tratará de ser la más activa al servicio de los 500 millones de europeos. También evocará el desafío alimentario y los objetivos que la agricultura europea debe imponerse a sí misma para enfrentarlo, y presentará las ambiciones de la Conferencia de la nueva Unión para el Mediterráneo que se reunirá en París el día 13.

Francia necesitará de todos sus socios para cumplir con estas ambiciones.

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