default

A un año de la guerra afgana


El 7 de octubre de 2001 se inició la guerra contra Afganistán. El aniversario de este evento ha pasado casi desapercibido, en contraste con las conmemoraciones del 11 de Septiembre.
Ambos acontecimientos están conectados. La matanza de Manhattan fue el detonante que conllevó a EE.UU. a lanzar, 27 días después, la mayor guerra de este milenio.
En menos de cuatro semanas, Bush logró construir la más amplia coalición bélica de la historia. La nación más rica del planeta bombardearía a una de las más pobres, pues se trataba de cazar a quienes eran sindicados del asesinato de unos 3,000 civiles estadounidenses. El números de civiles afganos muertos en "ataques colaterales" ha sido mayor. En dicha guerra, EE.UU. gastó más de mil millones de dólares mensuales. Se emplearon armas de destrucción masiva, como los "deshojadores de margarita" que destruyen toda vida en un radio de medio kilómetro. Los misiles inteligentes costaban más que los objetivos que eran atacados. Cada uno de los aviones "invisibles" empleados cuesta más que todas las divisas generadas en el Afganistán post-soviético.
Para Bush esta campaña militar le retribuyó una serie de dividendos. Después de haber sido electo, pese a perder las elecciones, él se transformó en el presidente más popular de las últimas décadas.
EE.UU. derrocó al régimen talibán en dos meses. Se evitó un levantamiento generalizado dentro de los pueblos musulmanes. No se volvieron a repetir ataques fundamentalistas contra civiles en los países industrializados. El Pentágono consiguió aumentar su presupuesto militar hasta bordear los 400 mil millones de dólares: una cifra mayor al que tienen juntos Rusia, China, toda la Unión Europea y los llamados "rogue states". Se dio paso a la nueva doctrina oficial que proclama el derecho estadounidense a intervenir unilateral y preventivamente en otros países.
Sin embargo, la mayor potencia no ha podido dar con Bin Laden, o con la mayor parte de sus principales colaboradores, así como con Mula Omar, el depuesto jerarca talibán. Al Qaeda fue golpeada, pero sigue operativa. En Afganistán se barrió a una dictadura medieval que proscribía la música, varios deportes y el derecho femenino a la educación y el trabajo. Mas, puso en su remplazo a los viejos señores de la guerra que los talibán habían depuesto con cierto apoyo popular. La mayor parte de ellos ha cometido violaciones, saqueos y crímenes contra la humanidad. Durante la guerra afgana, la Alianza del Norte asesinó a un millar de talibán rendidos, sofocándolos vivos y sin agua, aire y alimentos en camiones sellados. Esto último bajo la mirada complaciente de las fuerzas militares occidentales.
El nuevo gobierno de Karzai puede vanagloriarse de haber permitido una apertura a la mujer, a la cultura y a una mayor tolerancia a otras creencias y etnias. Pero las mujeres siguen presas de un sistema que profesa su discriminación y que es patrocinado por distintos teócratas que comparten el poder.
Uno de los resultados de la guerra afgana ha afectado a las únicas dos industrias que este país puede ofrecer al mercado mundial. Estos son dos "oros oscuros": hidrocarburos y opio.
Afganistán carece de yacimientos petrolíferos significativos. Sin embargo, está entre los ricos depósitos de gas del Asia Central y el Océano Indico. La UNOCAL y lo que hoy aglutina la BP-Amoco-PAE se disputaron el favor talibán para construir un ducto que pudiese transportar hidrocarburos desde el Caspio hasta un puerto pakistaní, con lo cual se evitaría pasar por Irán, acusado de ser un "eje del mal", abriéndose la mejor ruta para sacar esos tesoros que destapa el mundo post-soviético a Occidente y la Península India. Estos proyectos fueron paralizados a fines de los "90, pero una de las primeras acciones del nuevo gobierno Karzai ha sido la de volver a firmar una acuerdo para la construcción de un ducto que pase por su país.
En cuanto al opio, Afganistán había llegado a convertirse en la primera potencia exportadora de éste. Más del 70% de la heroína mundial se generaba en sus montañas. Los talibán lograron hacer bajar la producción de opio de 4,500 toneladas por año a sólo 170. En 2001, el mayor productor de opio afgano era la Alianza norteña. Al tomar ésta el poder, Afganistán ha vuelto a recuperar su sitial en el narcotráfico internacional y se calcula que la producción de esta droga se ha elevado hoy a más de 2,500 toneladas. Esta guerra permitió la consolidación de EE.UU. como la única superpotencia global. El ejemplo de esta victoria animará a nuevas incursiones militares.

*Profesor e investigador de la London School of Economics & Political Sciences.
(isaacbigio@yahoo.com)

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América