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A un año del 11 de septiembre


El discurso pronunciado por el Presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, el jueves pasado ante el pleno de la Asamblea General de las Naciones Unidas, fue resumido mundialmente por los medios de información así: "Irak se desarma o Estados Unidos ataca, Bush". Sin embargo, el hecho más destacado, más positivo, más esperanzador de la exposición del Mandatario norteamericano fue, a mi juicio, la declaración de que su país se reintegrará en el 2003 a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) que, como es sabido, establece en el preámbulo de su constitución "Que, puesto que las guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz".
Henry Raymont, corresponsal de "El Panamá América" en la ONU, hace la síntesis siguiente del discurso: "El presidente estadounidense anunció que trabajará con el Consejo de Seguridad de la ONU en una nueva resolución que exija el desarme del régimen de Bagdad. Pero el mandatario dejó muy claro que si el presidente de Irak, Saddam Hussein, no cumple esta nueva resolución, una acción multilateral de la ONU estaría en orden, y que si ésta no se lograra, una acción por parte de los Estados Unidos "será inevitable" ".
Los comentarios publicados el viernes pasado por "The New York Times" en su página de opinión, son esclarecedores. Nicholas D. Kristof establece un contraste entre la presentación de Bush en las Naciones Unidas el 13 de septiembre de 2002, y la denuncia hecha el 25 de octubre de 1962 por Adlai Stevenson, Embajador del Presidente John F. Kennedy, al inicio de la crisis de los misiles en Cuba. Señala que el paralelismo entre la política de las dos administraciones fue invocado por la administración Bush, pero descarta que existiera el mismo sentido de urgencia en el año 2002. Cita al profesor Graham Allison de la "Kennedy School of Government" de la Universidad de Harvard, autor de un libro sobre la crisis de los misiles, quien sostiene que Kennedy, de modo enérgico, acudió primero a la diplomacia y al bloqueo, permitiéndole a los rusos una salida honorable al remover éstos los misiles, salvándose así vidas humanas, y evitándose a la vez un giro peligroso hacia lo desconocido. Tanto Allison como Kristof se preguntan: "¿por qué hoy como entonces no debe ser la guerra el último recurso en lugar de ser la primera carta que el Presidente Bush se saca de la manga?"
Milton Viorst, (autor del libro en prensa "Los Judíos y la Turbulenta Política del Judaísmo" - "What Shall I Do With This People: Jews and the Fractious Politics of Judaism") estima que el Presidente Bush hace valer una nueva doctrina para los Estados Unidos: el derecho de ataque preventivo para impedir a Saddam Hussein el uso de sus armas. En su análisis Viorst contempla varios escenarios: la posible acción de Saddam Hussein de llevar el campo de batalla a Saudi Arabia y volar sus pozos de petróleo como lo hizo en Kuwait.
Otro escenario que menciona Viorst es que Saddam Hussein, anticipándose a un ataque norteamericano, lance contra Israel las armas químicas y biológicas que el Presidente Bush aduce que tiene Irak. El escenario se ampliaría si Israel sobrevive los ataques y en represalia descarga sobre Irak armas nucleares. La represalia podría causar el "cambio de régimen" que el Presidente Bush promueve. Pero allí no terminaría la historia. En el horizonte se visualiza a Pakistán, país islámico, poseedor también de armas nucleares y permeado por extremistas, capaces de derrocar al Presidente Pervez Musharraf y tomar control del arsenal nuclear. No se excluye que por carecer de la habilidad para lanzar misiles que alcancen a Israel, se volverían contra la India. Su conclusión es la de que un ataque nuclear desataría un caos mundial.
En síntesis, Viorst, quien por algunas décadas cubrió como periodista el conflicto del Oriente Medio, admite que en el pasado él habría considerado estos escenarios como una fantasía y más que ello una locura. Sin embargo, Viorst ha adquirido una visión distinta y piensa que ahora estos escenarios al menos son plausibles. Según Milton Viorst, "la responsabilidad del liderazgo norteamericano es prevenir que lo plausible se convierta en realidad".
Madeleine K. Albright, quien antes de ser la Secretaria de Estado del Presidente Clinton, fue mi colega como Jefe de la misión de su país en las Naciones Unidas, es de opinión que aunque el discurso del Presidente Bush el jueves pasado fue persuasivo en muchos respectos, no fue ni específico ni apremiante en su esfuerzo por vincular a Saddam Hussein con otras amenazas más urgentes que las derivadas de la falta de cumplimiento de un conjunto de directivas del Consejo de Seguridad. La señora Albright no vacila en señalar que "bajo la impresión de la tragedia del año pasado, el Jefe del Ejecutivo le dijo a la nación que combatir al terrorismo sería "el enfoque de mi presidencia". Ese -no Irak- sigue siendo el enfoque correcto". Y a continuación: "no tiene sentido ahora focalizar la atención del mundo y nuestros propios recursos militares y diplomáticos, financieros y de inteligencia en un plan para invadir a Irak en lugar de actuar contra los planes que tiene Al Qaeda para asesinar gente inocente. Nosotros no podemos hacer la pelea en una segunda lucha monumental sin dejar de lado a la primera". ("Where Iraq Fists in the War on Terror", The New York Times, Sept. 13 de 2002).
Ante esta difícil coyuntura, no se puede prescindir del pensamiento orientador del ex Presidente Jimmy Carter, quien sostiene que "Voces beligerantes y que crean división parecen ser las que dominan ahora en Washington, pero todavía no reflejan las decisiones finales del presidente, el Congreso o los tribunales. Es crucial que los compromisos históricos y bien fundados de Estados Unidos prevalezcan: con la paz, los derechos humanos, el medio ambiente y la cooperación internacional". ("El inquietante nuevo rostro de EEUU", The Washington Post, Sept.12 de 2002).
En contraste con los tambores de guerra que resuenan en Washington, el Santo Padre, Juan Pablo II, le abre a los pueblos torturados por el dolor y el infortunio horizontes de esperanza con sus palabras de amor, de paz y de conciliación. Como una lluvia espiritual fluyeron las palabras que pronunció Juan Pablo II durante la audiencia general que el miércoles 11 de septiembre le dedicó al recuerdo y a la oración por las víctimas de las abominables acciones terroristas del 11 de septiembre.
Un año después de aquellos aterradores acontecimientos, Juan Pablo II quiso recordar nuevamente a las víctimas del terrorismo y recomendarlos a la misericordia de Dios. A un año del 11 de septiembre de 2001, repitió el Santo Padre que "ninguna situación de injusticia, ningún sentimiento de frustración, ninguna filosofía o religión pueden justificar tal aberración".
222 "El terrorismo, a juicio del Papa Wojtyla, es y será siempre una manifestación de crueldad inhumana que, precisamente por eso, nunca podrá resolver los conflictos entre seres humanos".
El mensaje de Juan Pablo II sobrepasa los cánones de todas las religiones y es aún más profundo que los preceptos de las Cartas de derechos humanos fundamentales. Su pensamiento está hilvanado para quedar inscrito indeleblemente en nuestras mentes y en nuestros corazones.
Para su Santidad "cada persona humana tiene derecho al respeto de la propia vida y dignidad, que son bienes inviolables". Y agrega, con el más puro acento: "Lo dice Dios, lo sanciona el Derecho Internacional, lo proclama la conciencia humana, lo exige la convivencia civil".
El tema lo aborda el Santo Padre desde otra perspectiva, más humana, más coherente, más conciliadora, más espiritual, fundada en la razón y el amor. "El abuso, la violencia armada, la guerra, sostiene Juan Pablo II, son decisiones que siembran y generan sólo odio y muerte. Sólo la razón y el amor -concluye- son medios válidos para superar y resolver los acuerdos entre las personas y los pueblos".
"El terrorismo, a juicio del Papa Wojtyla, es y será siempre una manifestación de crueldad inhumana que, precisamente por eso, nunca podrá resolver los conflictos entre seres humanos". Por mi parte creo, como lo señalé el año pasado desde esta página de Opinión, que las posibles respuestas al terrorismo internacional no deben pasar por alto la necesidad de una adecuada meditación antropológica y por consecuencia, de una visión equilibrada y reflexiva sobre la realidad del mundo en que vivimos. (El Panamá América, 17 de septiembre de 2001). Mi conclusión de entonces me lleva a coincidir con todos los que creen y claman con el Santo Padre en que "Es necesario y urgente un esfuerzo común y decidido para llevar a cabo nuevas iniciativas políticas y económicas capaces de resolver las escandalosas situaciones de injusticia y de opresión que siguen afligiendo a tantos miembros de la familia humana, creando condiciones favorables a la explosión incontrolable del deseo de venganza. Cuando los derechos fundamentales son violados es fácil ser presa de las tentaciones del odio y de la violencia. Es necesario construir juntos una cultura global de la solidaridad, que devuelva a los jóvenes la esperanza en el futuro".
El director del Instituto de Defensoría del Organo Judicial, Danilo Montenegro, explicó que ellos no brindan el servicio en los juzgados nocturnos por carencia de personal y debido a que esa dependencia atiende casos penales, de familia y menores. Montenegro manifestó que el instituto sólo cuenta con 40 abogados para atender todo el territorio nacional.
Danilo Montenegro señaló que los juzgados nocturnos son necesarios, aunque aclaró que al frente de estos despachos se debe nombrar a personas que sean profesionales para garantizar que se cumpla con el debido proceso del acusado, que se respeten las garantías constitucionales y los derechos humanos.
La Ley 112 de 1974 establece que los jueces nocturnos deben poseer título universitario en Derecho, pero permite que funjan estudiantes que cursen el último año de la carrera.
Un juez nocturno tiene facultad para ordenar un arresto hasta por 365 días. En cada juzgado labora una secretaria judicial, dos escribientes, un oficial mayor, un recaudador y un policía.
Guillermo Benítez, del Centro de Asistencia Legal de la Universidad de Panamá indicó que la mayoría de los jueces son abogados, pero denunció que el resto de los funcionarios no tiene formación jurídica, lo que no permite el cumplimiento de los trámites legales como establece la ley.
Aunque los juzgados nocturnos se encuentran adscritos al Ministerio de Gobierno y Justicia, diversos sectores cuestionan que el Ejecutivo imparta justicia.
El departamento de Asesoría Legal de Gobierno y Justicia actúa como coordinador de los tres jueces nocturnos, pero tienen como tribunal superior al Municipio de Panamá, ente al cual pertenecieron hasta 1993, cuando se aprobó su incorporación al Ejecutivo.
222 Todos los recursos de apelaciones contra las sentencias de los jueces nocturnos y corregidores son ventiladas por una Comisión de Apelaciones y Consultas que funciona en el Municipio de Panamá.
Danilo Montenegro considera que los juzgados nocturnos deben ser incorporados al Organo Judicial, lo que a su juicio garantizaría el nombramiento de personal más idóneo y los cargos se someterían a concursos.
Por su parte, Guillermo Ríos, de la Defensoría del Pueblo, propone que los juzgados nocturnos pasen a la esfera de los municipios porque de esta manera podrían obtener mayores recursos para mejorar sus infraestructuras y programas de asistencia a las personas que allí acuden.
De acuerdo con Ríos, los juzgados nocturnos no tienen claramente establecido el ámbito de su jurisdicción, tomando en cuenta que pertenecen al Ejecutivo, dictan justicia y tienen como tribunal superior al municipio.
Mariano Nuñez aseguró que en esos despachos se cumple con el debido proceso y rechazó la tesis de que hay que eliminarlos. Manifestó que si se cierran los juzgados nocturnos se saturarían las corregidurías, lo que ocasionaría la interrupción de la justicia en horas nocturnas en Panamá.
Indicó que los juzgados municipales y las corregidurías tendrían más expedientes de los que actualmente ventilan y eso es peligroso para la administración de la justicia en el país.
De acuerdo con Núñez, en su caso particular se basa en lo que dicta el Código Administrativo. Argumentó que, cuando se hace necesario, ordena la práctica de pruebas a pesar de que los procesos administrativos de corrección son sumarios que en su mayoría se resuelven en audiencias.
Nuñez indicó que las condiciones de trabajo no son las mejores para los jueces y funcionarios, ya que carecen de la tecnología necesaria para atender rápidamente al público y llevar a cabo un trabajo de mayor satisfacción para la ciudadanía.
Los juzgados nocturnos nacieron casi con la república, pero pareciera que se quedaron con la tecnología que existía en esa época. Máquinas de escribir viejas, ausencia de teléfonos para los ciudadanos, filtraciones de agua, baños dañados, hacinamiento y calor sofocante es lo que se vive en los juzgados nocturnos de San Felipe y San Miguelito. Chatarras de máquinas de escribir se encuentran tiradas por doquier, y las que funcionan ya casi no teclean.
En el de San Miguelito el baño no funciona, no cuenta con una celda preventiva y el aire acondicionado sólo es para el despacho del juez. El hacinamiento ocasiona un calor sofocante y lo más grave es que todos los presentes escuchan los casos que se ventilan en el despacho.
En San Felipe las filtraciones de agua por las paredes ocurren cada vez que llueve. Las oficinas para guardar pruebas, armas y objetos decomisados no son las más apropiadas, por lo que éstos se deterioran rápidamente.
Llegar al juzgado de San Felipe es una trampa de muerte porque el sector es de una alta presencia de delincuentes. Hay dos policías, pero todos están dentro del juzgado.

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