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Un año después


Hace un año se produjo el famoso macro-atentado del 11 de septiembre. Aeropiratas se estrellaron en el mero centro del corazón comercial y militar de la única superpotencia que queda en pie. EEUU recibió por primera vez, en más de un siglo, un ataque militar en su propio territorio continental. Un año después Bush puede reivindicar varios hechos en su favor. Nunca antes un presidente norteamericano subió tantos puntos en las encuestas de opinión. Quien había llegado a la presidencia perdiendo las elecciones directas saltó de tener menos de un 50% de aprobación popular, a sobrepasar el 84%. Los EEUU no sólo alcanzaron el mayor nivel de unidad nacional conseguido desde la anterior guerra mundial, sino que por primera vez lideraron a la más vasta coalición militar de países que se haya conocido.
El Pentágono logró derrocar al gobierno de un país que tuvo la fama de haber sido la tumba de los dos principales ejércitos europeos (británico y ruso). Esto en poco tiempo (dos meses) y con mínimas bajas norteamericanas (una docena). Washington logró contar con el aval de casi todos los 55 países musulmanes. EEUU ha evitado la caída del dictador paquistaní Musharaf o del régimen saudita. Tampoco se ha generado una ola de violencia en el mundo musulmán.
Después del atentado contra las Torres Gemelas no se ha producido ningún otro acto similar en ninguna otra parte de Occidente. Esto puede ser interpretado como una victoria de los servicios occidentales, o que se exageró el peligro de los talibanes y Al Qaeda.
Para el profesor Petras resulta imposible que un grupo tan altamente vigilado por la CIA haya planificado dichos atentados sin haber sido previamente percibidos. El sugiere que quienes secuestraron los cuatro aviones fueron un grupo pequeño e independiente de Al Qaeda. Otros creen que los autores del macro-atentado habrían sido sectores ligados a servicios de inteligencia occidentales que hubiesen querido ganar a la opinión pública a una cruzada antiterrorista. Mas, todo ello obedece a especulaciones que no pueden ser probadas.
El mundo no sabe aún quién planificó dichos sucesos (o si alguien sabiéndolo lo dejó pasar). Tampoco se ha dado con a quien EEUU sindica como el cabecilla. Ben Laden, al igual que sus principales lugartenientes, han resistido el bombardeo y se encuentran inubicables.
Sin embargo, las consecuencias de la reacción estadounidense han cambiado la política mundial. Mientras las agencias de prensa norteamericanas se centraban en denunciar los crímenes del terrorismo fundamentalista, las FFAA de ese país destinaban mil millones de dólares mensuales en bombardear una de las naciones más pobres de la tierra.
En menos de tres meses Afganistán recibió diez mil toneladas de bombas. Algunas de ellas, como los "deshojadores de margaritas" es lo más cercano a un arma atómica pues destruyen todo ser en medio kilómetro a la redonda. No menos de 1,2 nuevos millones de afganos se refugiaron. Los talibanes fueron reemplazados por una coalición de caudillos militares con historiales de matanzas y abusos contra las mujeres.
La cruzada antiterrorista ha implicado que diversos gobiernos lancen sus propias represiones contra disidentes. La India ha endurecido su accionar contra los separatistas de Cachemira lo que, a su vez, ha revitalizado a los fundamentalistas hinduistas.
En Israel, Sharon ha desencadenado una arremetida militar contra la Autoridad Nacional Palestina. En Colombia la zona de distensión para las FARC ha sido abolida y una nueva ofensiva militar ha sido llevada a cabo.
Antes del 11 de septiembre había un crecimiento en las protestas contra la globalización neo-liberal. Sin embargo, esa tendencia quedó interrumpida luego de dicha fecha. Bush logró desviar el debate global que iba cuestionando los efectos sobre legislación social y ambiental hacia la idea de cómo aniquilar al terrorismo.
Un plan militar secreto estadounidense acaba de ser revelado según el cual la única superpotencia está preparándose para lanzar bombas nucleares contra Irak, Irán, Corea del Norte, Libia, Siria, China y Rusia. El solo hecho que EEUU volviese a emplear bombas atómicas contra otro país implicaría un precedente que alteraría por completo la política global.
Mientras tanto los planes siguen avanzando para desencadenar una intervención militar en Irak. Bush hijo quiere finalizar la tarea que su padre dejó inconclusa. En 1991 Washington dejó que Saddam crucificara a los levantamientos chiíta y kurdo pues pensaba que si se deponía a Hussein, en esas condiciones, iba a haber un levantamiento de masas que alteraría la región y que podría afectar los bordes de un estado tapón. Hoy, tras la experiencia afgana donde los EEUU han mostrado la capacidad de poder vertebrar una amplia coalición étnica que evitó la fragmentación de tan dividido país, los halcones estadounidenses creen que ha llegado el momento de reemplazar a Saddam (a quien inicialmente apuntalaron y armaron) por un bloque pro-occidental.
Bush y Blair conversan sobre el empleo de 25.000 soldados que se requerirían para dicha operación. El problema es que Irak es un Estado estructurado con mayores recursos, organización y armamento que el oscurantista del Talibán.
Por otra parte, la Unión Europea, Rusia, China, la secretaría general de la ONU y los países musulmanes, que apuntalaron la intervención afgana, se oponen aún a una nueva aventura en Irak. Se teme que ésta desencadene una guerra total contra Israel y en la región.
A un año del 11 de septiembre la tendencia es hacia un mayor unilateralismo por parte de los EEUU y hacia que Bush trate de imponer su modelo eco-social mediante acciones de fuerza cada vez más osadas.
*Se especializa en conflictos. Colabora en la BBC, El Comercio, La Opinión, CNI y El Panamá América. London School of Economics
(bigio@lse.ac.uk)

Luego de graduarse, Clara no pudo ejercer la profesión de abogada, toda vez que existía una ley que le impedía ejercer la abogacía a las mujeres. Durante dicho intervalo de tiempo, trabajó como profesora en un centro educativo.
222 Hoy en horas de la mañana, el Vicedecanato de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Panamá rendirá un tributo a la primera mujer universitaria y abogada, con un monumento que quedará para la posteridad.
El 8 de diciembre de 1922, formó junto a Sara Sotillo, Elida de Crespo, Enriqueta Morales, Sara Barrera, Rosa Navas y otras mujeres, en su mayoría educadoras, el movimiento femenino que se denominó "Renovación", cuyo principal objetivo fue el de ganar adeptas y el apoyo de personalidades masculinas para la reforma de las leyes civiles y políticas a favor de la igualdad de la mujer y presentar a la Asamblea un proyecto de ley sobre el voto femenino.
En 1923 fundó el Partido Nacional Feminista; partido que luchó durante dos décadas por la igualdad legal y política de las mujeres y por su emancipación social, cultural y económica. Fue gracias al gran trabajo realizado por Clara y las mujeres que la acompañaron, que en 1946 la panameñas obtuvieron parcialmente el voto y la igualdad de derechos políticos. También en 1923 esta mujer, junto a sus compañeras del Partido Nacional Feminista, fundó la Escuela de Cultura Femenina, el primer centro de esta naturaleza para mujeres que existió hasta 1930.
En 1927, obtuvo una beca y viajó a Estados Unidos para proseguir estudios de postgrado en la Universidad de Nueva York y en 1929 obtuvo el diploma de doctora en leyes, siendo la primera mujer en Latinoamérica en ostentar tal título.
En 1940, se casó con un ingeniero norteamericano, Charles Behringer, quien laboraba en la Zona del Canal y aunque no tuvo descendencia con él, su cariño de madre lo volcó sobre sus sobrinos y sobrinas.
En julio de 1942, Clara colaboró en la redacción de un Decreto, que creó el Instituto de Vigilancia y Protección del Niño, el Departamento de Corrección y una Clínica Psiquiátrica Móvil. También ese año, el gobierno la envió a Estados Unidos, como integrante de una comisión, a cursar estudios sobre delincuencia juvenil, sobre instituciones de menores y sobre régimen penitenciario y a su regreso al país, fue designada Comisionada General del Instituto del Niño.
El 31 de diciembre 1944, fundó el Partido "Unión Nacional de Mujeres", teniendo destacadas dirigentes como Josefina Oller, Guillermina de Casco Díaz, Magdalena de Briceño, Stella Sierra, Gumercinda Páez y otras; establecieron escuelas de ciudadanía y centros populares de cultura en diversos barrios y además lucharon por el pleno derecho de las mujeres al sufragio, lo que finalmente lograron en 1946 cuando se promulgó la nueva Constitución panameña.
En 1945 Clara González fue postulada por el Partido Liberal Renovador, como candidata a diputada de la Asamblea Constituyente. De 1945 a 1946, doña Clara ejerció el cargo de Viceministra de Trabajo, Previsión Social y Salud Pública, convirtiéndose en una de las primeras abogadas en ocupar un alto cargo en el gobierno. En las elecciones presidenciales del año 1948, Clara fue candidata a la segunda Vicepresidencia de la República por el Partido Liberal Renovador.
En 1951 presentó la ley que dio lugar a la creación del Tribunal Tutelar de Menores y fue elegida por la Corte Suprema de Justicia, como la primera Jueza de Menores, ejerciendo dicho cargo durante 13 años. Bajo su dirección se organizó esta entidad, la que lleva su nombre; institución en la que realizó una extraordinaria y fructífera labor social.
De 1931 a 1959, fue representante destacada de diversas organizaciones internacionales y participó en un gran número de congresos mundiales de la Federación de Abogadas, del Consejo Nacional del Crimen y de la Delincuencia de Estados Unidos, de los Congresos Panamericanos del Niño y de Asistencia social. Fue también fundadora de otras asociaciones de mujeres, como el Club de Mujeres Soroptimistas y la Unión Nacional de Mujeres Universitarias y fue objeto de numerosas distinciones, honores y premios en el ámbito nacional e internacional.
Dentro de su trayectoria tiene también, el ser la primera representante panameña en la Comisión Interamericana de Mujeres de 1929 a 1936; el haber colaborado en la creación de la Caja de Ahorros y en la organización del sistema penitenciario panameño.
Entre las publicaciones de Clara destacan de 1923 a 1927, diversos artículos en la revista Orientación Femenina; El Programa del Pensum Académico de la Escuela de Cultura Femenina (1924), muestra su influencia de avanzada. En 1926 escribió "La instrucción cívica en las escuelas secundarias de Panamá"; en 1930, "Las cortes juveniles y el sistema de libertad vigilada"; en 1956 "La reforma penitenciaria". Se jubiló en el año de 1964 retirándose de la vida pública y murió el 11 de febrero de 1990, a la avanzada edad de 89 años.

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