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Un año que se fue y otro que viene


ASÍ COMO Panamá, el mundo entero también presentó un panorama de continuos conflictos y confrontaciones que han afectado la vida normal de los ciudadanos en casi todas las naciones.
Panamá se vio muy convulsionado por conflictos internos que incidieron negativamente en nuestra sociedad. Las huelgas, con todas sus secuelas dañinas, afectaron mucho a la comunidad. La principal fue, sin duda, la de los educadores en demanda de aumentos salariales. La educación, que tanto necesita nuestra juventud para poder superarse y salir de la marginidad, fue muy perjudicada.
La reestructuración de la Caja de Seguro Social (CSS) mantuvo a la ciudadanía en un interminable y dañino debate por largos meses. El caos del transporte (buses y taxis) continúa sin solución. La ampliación y modernización del Canal de Panamá fue, afortunadamente, aprobada a pesar de la feroz oposición de algunos grupos radicales que trataron de empañar, con sus acciones, la unidad monolítica que han debido tener los panameños en este importante tema.
FRENADESO, con su política de oponerse a todo, continuó cerrando calles y avenidas y causando violencia innecesaria, afectando con sus acciones a miles de compatriotas. Buscaban, sin encontrarla, una causa que le obtuviera el respaldo popular que hasta la fecha no ha logrado.
Los envenenados de la CSS y el accidente del bus incendiado constituyeron pérdidas de vida que conmovieron a la comunidad que sigue muy de cerca las investigaciones y las responsabilidades por tantas mentes que aún están por definirse.
La naturaleza, por otra parte, nos golpeó con gran dureza. Los numerosas inundaciones causaron miles de damnificados a todo lo largo del país.
Los políticos, con muy pocas excepciones, con sus ambiciones personales y egoísmo, no contribuyeron con planes y proyectos al desarrollo y mejoramiento de la sociedad panameña, sino que se contentaron con asumir una actitud negativa; aunque con filosofía distinta muy parecida a FRENADESO.
La institucionalidad del país tampoco se fortaleció. La credibilidad en ella llegó a sus niveles más bajos. Tuvo, en consecuencia, un mal año también.
El Gobierno se enfrentó a situaciones difíciles y muy delicadas. A pesar de los incrementos sustanciales en sus ingresos y el aumento de la deuda del país, por razones ajenas e imprevistas o por incapacidad, según algunos, no desarrolló muchas de las obras que la ciudadanía esperaba y que eran sus intenciones llevar a cabo, según sus propias intenciones.
El 2007 pareciera, por los vientos que soplan, que no se presentará mejor. Es difícil que en ese nuevo año podamos superar el crecimiento, muy positivo por cierto, del 8% que registramos en el 2006 y que es imprescindible mantener en ese nivel por, al menos, un lustro, para poder ir saliendo de la gran pobreza que viene afectando a un 35-40% de nuestra población.
Sólo con desarrollo y mucha educación caminaremos por los senderos de éxitos en esta cruzada.
Ojalá el nuevo año traiga mejores días para el país y todos sus habitantes. Esos son mis deseos y hago votos por lograrlos.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América