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Un aporte a la política energética


ESTE ESCRITO pretende aportar algunos ideas. El objetivo principal de toda política energética debe ser garantizar el suministro de las necesidades de energía de la sociedad.
Sin energía no hay desarrollo y a la sociedad le cuesta diez veces más la energía no servida. Como un objetivo secundario de la política energética se debe considerar la consecución de fuentes más baratas.
Dos principales fuentes de energía deben analizarse: la proveniente de los hidrocarburos y la energía eléctrica, parte de la cual a su vez se genera con hidrocarburos. Ambas tienen un impacto importante en el desarrollo de un país y en la economía doméstica y se manejan bajo los criterios del mercado libre.
En el sector de los hidrocarburos, la oferta es prácticamente ilimitada, no sólo en cantidad si no en opciones: la variedad de combustibles va desde los tradicionales (gasolinas, diesel y LPG) hasta los más recientes como el gas natural. En general el precio de los combustibles es una función de su disponibilidad y de su poder calorífico: las variaciones de precio siguen las variaciones del petróleo crudo en el mercado mundial. Así, por ejemplo, el precio internacional del gas natural (Henry Hub) se ha situado en casi $13 por millón de BTU cuando a mediados del año pasado estuvo a $7 por millón de BTU.
Por el lado del sector eléctrico se presenta una situación deficitaria en el corto plazo si no se toma acción inmediata. Se ha informado que el consumo crece a un 5% anual, lo que implicaría que en cinco años debería incorporarse al sistema eléctrico 250 a 300 Mw. Satisfacer esa demanda implicaría que, si es un proyecto hidroeléctrico, el mismo ya debería estar en construcción. Si se tratase de un proyecto a generación térmica probablemente aún habría una holgura de dos años, pero esto sin considerar los estudios ambientales que podrían tener una larga duración y atrasar el inicio de la construcción si no se manejan adecuadamente. Entonces, la situación puede tornarse crítica.
Bajo el objetivo de garantizar el suministro de la energía, el desarrollo de una refinería no tendría cabida; es claro que con o sin refinería las necesidades energéticas han sido satisfechas. Si se considera que el control de la refinación pudiera ayudar a reducir los precios. Lo cierto es que en este momento la razón principal del aumento en el precio de los combustibles proviene de los aumentos en el precio del crudo que no lo controlan las refinerías si no los países productores de petróleo a través del mercado de libre oferta y demanda.
Pero además hay que considerar que en los últimos cinco años se han cerrado las refinerías privadas de Honduras, Guatemala y Panamá y sólo se mantienen en la región las RECOPE en Costa Rica y Nicaragua, propiedad de Exxon Mobil, en la empresa privada no se cierran empresas que son rentables. RECOPE es estatal, pero en realidad funciona como una terminal de importación de combustibles, porque solo refina un 25% de las necesidades del país, con una rentabilidad muy cuestionable. En Ecuador la refinación también es estatal y tan ineficiente que frecuentemente el Estado tiene la necesidad de importar diesel tanto para el transporte como para la generación eléctrica.
La participación del Estado en la refinación, además, le convertiría en un actor del mercado de hidrocarburos, en consecuencia poniendo fin al mercado libre.
Para el sector eléctrico, la estrategia debe estar encaminada a lograr un parque generador que mantenga un balance entre la generación hidroeléctrica y térmica tal que se garantice el suministro aún en los casos de sequías extremas. Esto implicaría que las tarifas de electricidad se verían afectadas por las fluctuaciones en los precios de los combustibles, pero ese es el costo de garantizar el suministro de energía necesaria para el desarrollo. En todo caso en años recientes se ha iniciado la sustitución de los combustibles tradicionales (diesel y bunker) por otros más abundantes y baratos, como gas natural y coke, etc.
La crisis mundial actual, producto de los altos precios del crudo y de los combustibles, no se resolverá a corto plazo. Por más de un siglo el petróleo ha sido la fuente principal de energía y reemplazarlo como tal tomará mucho tiempo. En alguna oportunidad se informó que los países productores de petróleo consideraban que el precio del crudo no debería exceder de los $40 por barril, ya que por encima de dicho precio el petróleo dejaba de ser competitivo con otras fuentes alternas. Ya el crudo excedió ampliamente dicho límite, por lo que es de esperar que a mediano plazo se desarrollen dichas fuentes alternas.
No existe fuente alterna que reemplace totalmente al petróleo o sus derivados. Etanol, gas natural y otras ya han sido probadas en otros países más desarrollados con éxito limitado.
Por ahora nos queda a los consumidores usar racionalmente la energía, estar más conscientes del consumo de nuestros equipos electrodomésticos y automóviles y favorecer en nuestra selección los equipos más eficientes.
jpascal@cableonda.net

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