Un bello recuerdo
El 14 de febrero, será el cumpleaños de Chito, mi esposo. Sabiendo que el ni siquiera se dará cuenta del evento, yo he preferido, en su honor, retroceder las manecillas de mi reloj mental y ofrecer a mis lectores un bello recuerdo de amor no solamente porque en esa fecha se celebra mundialmente, sino porque formando parte de mi convivencia con él a mí me apetece gozarlo.
Durante la 2nd. Guerra Mundial, y para cooperar con las bases militares acantonadas en el país, se practicaba el "black out" la oscuridad casi total. La vida, sin embargo, siguió su curso normalmente. Los cines, los bailes, los paseos en coche, en fin, todo. La época era distinta y su gente también. Rara vez se oía de un asalto o un robo. Había mucho trabajo y esto contribuyó a un comportamiento sano.
Una fuerza regresiva me lleva a un baile de gala. Chito ya era mi novio. Nos pusimos de acuerdo para asistir al baile vestidos de blanco. l con su toxido, yo con mi traje largo. Era un sábado en la noche. El salón de baile no era más que una azotea inmensa. Lo iluminaba únicamente el resplandor de la luna llena que lucía arrogante y esplendorosa. En el fondo la orquesta de Marcelino Alvarez tocaba acompañada con violines, instrumentos de viento y de repercusión. Durante esos años no existían los tocadiscos bulliciosos. Me parece que había elegancia al bailar los boleros, los danzones y hasta la música movida.
Chito y yo nos adueñamos de aquel salón. Casi a la media noche sentí que sus labios rozaban mis mejillas. Ese fue su primer beso -aquel que selló mi vida con la suya para siempre-.
El baile no parecía terminar nunca, yo más bien pienso que los invitados no lo dejaban acabar. Eran la tres de la mañana cuando decidimos poner punto final a la fiesta. Un grupo de amigo se unió a nosotros y abrazados caminamos por la amplia Ave. Bolívar (Colón) hasta llegar al restaurante más popular de la época "El Trópico" donde todos desayunamos. Antes de llevarme a casa, decidimos dar unas vueltas en coche. El amanecer estaba precioso y aún se apreciaban los destellos de la luna. Al despedirse, Chito me dijo: "recuerda que yo nací el día de la amistad y el amor, pero fue un martes de Carnaval, así que tendrás un parejo cariñoso hasta el fin de mis días".
Un bello recuerdo fue aquel episodio que convertimos en realidad por muchísimos años. Cuando ya el no pudo, por su enfermedad llevar el compás, al bailar, yo le decía "déjate llevar, corazón y lo besaba". En su honor, y por todo lo que recibí por más de medio siglo quiero terminar levantando la voz para decir VIVA EL AMOR; brindemos por el.
Durante la 2nd. Guerra Mundial, y para cooperar con las bases militares acantonadas en el país, se practicaba el "black out" la oscuridad casi total. La vida, sin embargo, siguió su curso normalmente. Los cines, los bailes, los paseos en coche, en fin, todo. La época era distinta y su gente también. Rara vez se oía de un asalto o un robo. Había mucho trabajo y esto contribuyó a un comportamiento sano.
Una fuerza regresiva me lleva a un baile de gala. Chito ya era mi novio. Nos pusimos de acuerdo para asistir al baile vestidos de blanco. l con su toxido, yo con mi traje largo. Era un sábado en la noche. El salón de baile no era más que una azotea inmensa. Lo iluminaba únicamente el resplandor de la luna llena que lucía arrogante y esplendorosa. En el fondo la orquesta de Marcelino Alvarez tocaba acompañada con violines, instrumentos de viento y de repercusión. Durante esos años no existían los tocadiscos bulliciosos. Me parece que había elegancia al bailar los boleros, los danzones y hasta la música movida.
Chito y yo nos adueñamos de aquel salón. Casi a la media noche sentí que sus labios rozaban mis mejillas. Ese fue su primer beso -aquel que selló mi vida con la suya para siempre-.
El baile no parecía terminar nunca, yo más bien pienso que los invitados no lo dejaban acabar. Eran la tres de la mañana cuando decidimos poner punto final a la fiesta. Un grupo de amigo se unió a nosotros y abrazados caminamos por la amplia Ave. Bolívar (Colón) hasta llegar al restaurante más popular de la época "El Trópico" donde todos desayunamos. Antes de llevarme a casa, decidimos dar unas vueltas en coche. El amanecer estaba precioso y aún se apreciaban los destellos de la luna. Al despedirse, Chito me dijo: "recuerda que yo nací el día de la amistad y el amor, pero fue un martes de Carnaval, así que tendrás un parejo cariñoso hasta el fin de mis días".
Un bello recuerdo fue aquel episodio que convertimos en realidad por muchísimos años. Cuando ya el no pudo, por su enfermedad llevar el compás, al bailar, yo le decía "déjate llevar, corazón y lo besaba". En su honor, y por todo lo que recibí por más de medio siglo quiero terminar levantando la voz para decir VIVA EL AMOR; brindemos por el.