¡Un buen gobierno para Panamá!
Hace un par de semanas, la embajadora de los Estados Unidos de América, Linda Watt, reclamaba públicamente "un buen gobierno" para Panamá. También dijo la distinguida diplomática "que la corrupción es una forma de "hurto" y las víctimas son el pueblo y la imagen de Panamá". En pocas palabras, ¡lo dijo todo! Empero, es bueno hacer constar que la "preocupación" y buenos deseos de la embajadora tienen fundamento en el sentir y la aspiración de larga data del pueblo panameño. Por eso mismo, cabe la pregunta: ¿Qué tienen que decir las señoras y señores del desgobierno mireyista en relación con estos señalamientos? ¡Que no digan ahora que éstos no tienen nada que ver con ellos!
Luego de soportar con estoicismo espartano casi un lustro de desgobierno, demagogia absoluta, mediocridad, incapacidad e incoherencias y, sobre todo, corrupción a todos los niveles de la administración pública, los panameños y panameñas, y la patria toda entera, exigimos y estamos a la espera muy pronto de "un buen gobierno" para el debido rescate y afirmación de la República. Un buen gobierno, cuya administración se caracterice por la transparencia y que garantice un sistema de seguridad pública para todos los ciudadanos; un buen gobierno que desarrolle lo más ampliamente posible objetivos nacionales, como trabajo, desarrollo económico y social, educación, salud, vivienda, turismo y recreación sana para la población, cuidando mantener principios de ética y moral en la vida de relación.
Un buen gobierno que haga oír la clamorosa voz de un pueblo como el nuestro, que reclama justicia. Y es que la justicia es la base insustituible de la paz. Por eso, siempre hemos defendido la justicia social en Panamá, para que los más ricos tengan que conceder más y reconocer los derechos a los más humildes. Cuando hablamos de justicia, en primer término, pensamos en la justicia social, y sostenemos que la justicia no representa solamente algo confinado al orden interno del país, sino que su expresión más legítima y más indispensable ha de realizarse precisamente en el ámbito de la comunidad internacional.
Si en realidad queremos reorganizar las instituciones panameñas, quizás la más delicada de ellas sea precisamente el Poder Judicial. Urge buscar la manera de sustraer éste de la politiquería y de las influencias de las pasiones que muchas veces nublan el entendimiento y llevan al hombre y a la mujer a incurrir en hechos de injusticia y violaciones que de una forma serena y ecuánime serían incapaz de realizar.
Un buen gobierno tiene que encontrar el camino para que el derecho sea verdaderamente norma de vida, norma fecunda y plena, factor positivo de transformación de nuestro pueblo, mensaje eficaz de justicia que llegue a todos por igual. Tiene que encontrar el camino para que la lucha por el derecho se realice dentro del derecho; tiene que lograr la fórmula para que la renovación de la vida jurídica en Panamá tenga lugar dentro del ordenamiento jurídico.
En el aspecto económico, un buen gobierno tiene, entre otras cosas, que administrar el Presupuesto Nacional con verdadero celo y responsabilidad patriótica. No podemos entender por presupuesto equilibrado, por ejemplo, aquel que no cumple las funciones indispensables que ha de llenar Panamá, como país en desarrollo. El presupuesto cumple una función que no es sólo la de pagar a los servidores del Estado, la de mantener el orden público, la de asegurar los elementos indispensables a la convivencia. El presupuesto representa la atención al factor humano que es el elemento fundamental del desarrollo, a través de la educación y de la salud; representa la construcción de las obras indispensables de infraestructura, sin las cuales no podríamos aspirar a tener un país moderno; es decir, que es una serie de aspectos un presupuesto puramente equilibrado, pero en niveles insuficientes para atender el reclamo que hacen al país todos los elementos, representaría, más que una ventaja, una rémora en el desarrollo económico nacional.
En cuanto a lo referente al turismo, un buen gobierno ha de saber que el turismo constituye un hecho realmente positivo. El turismo interno, por ejemplo, representa un factor de integración, acercamiento, intercambio y consolidación del sentimiento nacional; y el turismo, tal como lo vemos y tal como se debe estimular, no busca el dinero del turista a cambio de cualquier cosa; no sería prudente seguir el ejemplo de algunos países en los cuales se obtienen ingresos, pero junto con ellos se obtienen vicios, se fomenta la corrupción, se crean desajustes y se engendran choques que hacen daño a la idiosincrasia nacional.
Por supuesto que todo esto supone una tarea dura, pero hermosa. ¡Y sólo un buen gobierno puede realizarla! Apoye el proyecto de un buen gobierno para Panamá (Martín Torrijos, presidente), porque ya hemos sufrido mucho con el infortunado desgobierno mireyista.
Luego de soportar con estoicismo espartano casi un lustro de desgobierno, demagogia absoluta, mediocridad, incapacidad e incoherencias y, sobre todo, corrupción a todos los niveles de la administración pública, los panameños y panameñas, y la patria toda entera, exigimos y estamos a la espera muy pronto de "un buen gobierno" para el debido rescate y afirmación de la República. Un buen gobierno, cuya administración se caracterice por la transparencia y que garantice un sistema de seguridad pública para todos los ciudadanos; un buen gobierno que desarrolle lo más ampliamente posible objetivos nacionales, como trabajo, desarrollo económico y social, educación, salud, vivienda, turismo y recreación sana para la población, cuidando mantener principios de ética y moral en la vida de relación.
Un buen gobierno que haga oír la clamorosa voz de un pueblo como el nuestro, que reclama justicia. Y es que la justicia es la base insustituible de la paz. Por eso, siempre hemos defendido la justicia social en Panamá, para que los más ricos tengan que conceder más y reconocer los derechos a los más humildes. Cuando hablamos de justicia, en primer término, pensamos en la justicia social, y sostenemos que la justicia no representa solamente algo confinado al orden interno del país, sino que su expresión más legítima y más indispensable ha de realizarse precisamente en el ámbito de la comunidad internacional.
Si en realidad queremos reorganizar las instituciones panameñas, quizás la más delicada de ellas sea precisamente el Poder Judicial. Urge buscar la manera de sustraer éste de la politiquería y de las influencias de las pasiones que muchas veces nublan el entendimiento y llevan al hombre y a la mujer a incurrir en hechos de injusticia y violaciones que de una forma serena y ecuánime serían incapaz de realizar.
Un buen gobierno tiene que encontrar el camino para que el derecho sea verdaderamente norma de vida, norma fecunda y plena, factor positivo de transformación de nuestro pueblo, mensaje eficaz de justicia que llegue a todos por igual. Tiene que encontrar el camino para que la lucha por el derecho se realice dentro del derecho; tiene que lograr la fórmula para que la renovación de la vida jurídica en Panamá tenga lugar dentro del ordenamiento jurídico.
En el aspecto económico, un buen gobierno tiene, entre otras cosas, que administrar el Presupuesto Nacional con verdadero celo y responsabilidad patriótica. No podemos entender por presupuesto equilibrado, por ejemplo, aquel que no cumple las funciones indispensables que ha de llenar Panamá, como país en desarrollo. El presupuesto cumple una función que no es sólo la de pagar a los servidores del Estado, la de mantener el orden público, la de asegurar los elementos indispensables a la convivencia. El presupuesto representa la atención al factor humano que es el elemento fundamental del desarrollo, a través de la educación y de la salud; representa la construcción de las obras indispensables de infraestructura, sin las cuales no podríamos aspirar a tener un país moderno; es decir, que es una serie de aspectos un presupuesto puramente equilibrado, pero en niveles insuficientes para atender el reclamo que hacen al país todos los elementos, representaría, más que una ventaja, una rémora en el desarrollo económico nacional.
En cuanto a lo referente al turismo, un buen gobierno ha de saber que el turismo constituye un hecho realmente positivo. El turismo interno, por ejemplo, representa un factor de integración, acercamiento, intercambio y consolidación del sentimiento nacional; y el turismo, tal como lo vemos y tal como se debe estimular, no busca el dinero del turista a cambio de cualquier cosa; no sería prudente seguir el ejemplo de algunos países en los cuales se obtienen ingresos, pero junto con ellos se obtienen vicios, se fomenta la corrupción, se crean desajustes y se engendran choques que hacen daño a la idiosincrasia nacional.
Por supuesto que todo esto supone una tarea dura, pero hermosa. ¡Y sólo un buen gobierno puede realizarla! Apoye el proyecto de un buen gobierno para Panamá (Martín Torrijos, presidente), porque ya hemos sufrido mucho con el infortunado desgobierno mireyista.