Un buque desaparecido
En este país de Ripley, donde la realidad supera la fantasía y todo está al revés, no basta con que hace algunos años desapareció un piso entero de un hospital en Aguadulce, sino que -esta vez- se anunció que se había esfumado del lecho marino, en la costa de Nombre de Dios, nada menos que un galeón completo, que yacía sumergido, el cual se decía podría ser el celebérrimo "La Vizcaína", que cargado de oro y joyas procedentes de Perú zarpaba hacia España, cuando fue batido a cañonazos por corsarios ingleses, junto a toda su escuadra de escolta, a la salida del puerto.
Años atrás, el INAC había adjudicado en concesión la extracción de los tesoros, bajo un contrato de comisión. El convenio se frustró por reparos legales y el buque continuó durmiendo su sueño eterno en la Bahía de Nombre de Dios, en espera de una decisión. Ella tardó, mas no la determinación de los huaqueros acuáticos que, dotados de sofisticado equipo habrían hecho - según la denuncia - desaparecer en un santiamén el tesoro con barco y todo, incluyendo pesadas anclas y cañones, para lo cual se habría requerido el uso de grúas y abundante personal especializado. Habría sido atroz. Más de 400 años de nuestra historia perdidos como por arte de magia, sin que nadie haya visto nada. Afortunadamente, se ha desmentido la denuncia, pero el peligro de que ocurra existe y debe tomarse en cuenta para prevenirlo.
No debemos incurrir en el mismo descuido y desidia que causó el derrumbe del Arco Chato y que ve a diario remecidos los cimientos de Panamá "La Vieja" bajo las vibraciones del pesado e intenso tránsito urbano. Sería una muestra más de menosprecio e inconsciencia por el legado de nuestras raíces históricas.
Años atrás, el INAC había adjudicado en concesión la extracción de los tesoros, bajo un contrato de comisión. El convenio se frustró por reparos legales y el buque continuó durmiendo su sueño eterno en la Bahía de Nombre de Dios, en espera de una decisión. Ella tardó, mas no la determinación de los huaqueros acuáticos que, dotados de sofisticado equipo habrían hecho - según la denuncia - desaparecer en un santiamén el tesoro con barco y todo, incluyendo pesadas anclas y cañones, para lo cual se habría requerido el uso de grúas y abundante personal especializado. Habría sido atroz. Más de 400 años de nuestra historia perdidos como por arte de magia, sin que nadie haya visto nada. Afortunadamente, se ha desmentido la denuncia, pero el peligro de que ocurra existe y debe tomarse en cuenta para prevenirlo.
No debemos incurrir en el mismo descuido y desidia que causó el derrumbe del Arco Chato y que ve a diario remecidos los cimientos de Panamá "La Vieja" bajo las vibraciones del pesado e intenso tránsito urbano. Sería una muestra más de menosprecio e inconsciencia por el legado de nuestras raíces históricas.