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Un cambio en el gobierno


A casi nueve meses de haberse iniciado con buenos augurios el gobierno de Mireya Moscoso, se percibe de manera preocupante en amplios sectores de la población un sentimiento, no tanto de frustración, mas si de desaliento y descontento, porque a la fecha, no se han visto avances o cambios significativos en materia social y económica en la gestión del actual gobierno, que retome las expectativas que se advertían en la campaña política alrededor de la ayer candidata y hoy Presidenta de la República.
Lo que hizo o no hizo el PRD, y la supuesta falta de publicidad de los proyectos del gobierno o de fondos para ejecutar los mismos, ya no son argumentos válidos para explicar, menos para justificar, el estado de atrofia, o casi de parálisis, que parecen adolecer algunos altos funcionarios encargados de ejecutar la políticas públicas del gobierno. Aparte de esto, son frecuentes las públicas contradicciones e incoherencias en que incurren altos personeros de la burocracia dentro de sus esferas de responsabilidades, lo que da la percepción a la ciudadanía, que no hay una política definida o coherente en la conducción política del país.
Aparte del cúmulo de graves problemas sociales que cotidianamente lo agobian, el panameño siente que los artículos de primera necesidad se dispara día tras día, que el precio de la gasolina y de los deficientes servicios de luz y teléfono se incrementan de manera alarmante; en fin, siente el alza creciente del costo de la vida, en su escuálida economía familiar.
Por otro lado, a los requerimientos de algunos gremios referentes a mejoras salariales y sus jubilaciones, se levantan los trabajadores exigiendo un salario mínimo justo, que les permita satisfacer sus necesidades básicas y amenazan con medidas de fuerzas para el logro de sus legítimas aspiraciones.
Las demandas de los trabajadores presagian una situación de crisis en las relaciones laborales, con los consiguientes tranques vehiculares, paros y huelgas, por lo que es necesario mantener abiertas las puertas del diálogo tripartito (trabajadores, empleadores y gobierno), para evitar enfrentamientos, cuyas consecuencias son impredecibles, donde nadie gana y todos perdemos. De hecho, se ahuyentan las inversiones, y lo que el país necesita es atraerlas para, entre otros fines, promover la generación de empleos.
Es oportuno recordar, que en los primeros años de 1990, Panamá vivió un período de casi absoluta "paz laboral" y de cordiales relaciones obrero-patronales, gracias al grado de respeto, equidad y comprensión del titular de la Cartera de Trabajo de entonces, que contribuyó a propiciar un ambiente de paz social, vital para el desarrollo y progreso del país. Fue precisamente, ese mismo Ministro de Trabajo, uno de los pocos, y creo que el único dirigente político, que se opuso vehementemente y denunció en todas las tribunas, las nefastas reformas laborales que a sangre y fuego impuso Ernesto Pérez Balladares.
Consideramos, que la señora Presidenta, debe producir una recomposición en el cuadro de sus inmediatos colaboradores, incluyendo Ministros y Asesores, porque evidentemente, y así lo entiende la ciudadanía, algo no funciona en su equipo de gobierno, de forma tal que la política estatal se oriente a la satisfacción de las necesidades de los sectores más deprimidos de la población.
Es menester recordar, que la bandera de lucha que la Presidenta desplegó en la campaña, fue el combate frontal contra la pobreza, el desempleo y la corrupción. Por ello, es indispensable que más temprano que tarde, proceda a efectuar ajustes en su equipo de trabajo, habida cuenta que algunos de sus integrantes demuestran manifiesta insuficiencia en el cumplimiento de sus atribuciones, afectando por ende, la imagen del Ejecutivo ante la opinión nacional.
Todos los panameños recordamos, que cuando Guillermo Endara llegó al poder encontró un país saqueado, en cenizas, con las arcas realmente vacías, sin dinero ni para pagar planillas; pero supo acompañarse de un equipo de hombres de primera línea, de reconocida trayectoria profesional, de experiencia y capacidad, que trabajando con ahínco y tesón, lograron en poco tiempo, sacar al país de las ruinas.

101 años de Panamá América

 
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