Un cambio impostergable
Quiero referirme al nombramiento del Ministro o Ministra de Educación, sin pretender saberlo todo, como se suele pensar de quien ose poner las tildes correspondientes a las íes. El triunfo de la alianza por el cambio fue indudable, la fórmula Martinelli-Varela realizó excelente campaña, ganó en buena lid. El plan propuesto por el presidente electo Martinelli requerirá de un análisis cuidadoso del equipo a elegir para que lo acompañe en su gestión y pueda ser que en el caso de Educación, esta elección reúna los requisitos, preparación, conocimientos, experiencia y el perfil profesional para quien ocupe el cargo de tanta trascendencia para el país.
Nuestro sistema educativo, el país, las presentes y futuras generaciones, y todos los panameños que hemos mantenido la esperanza de que el verdadero cambio que requerimos sea posible, dependerá de tener un claro conocimiento de la realidad educativa nacional. Con todo el respeto que la periodista Lucy Molinar se merece, por su profesionalismo en el campo de la comunicación, un verdadero interés y nobleza por el país se mostrará cuando se reconozca que se requiere más que un especialista en comunicación para lograr los cambios necesarios en este ramo.
Entender nuestro sistema educativo requiere del conocimiento de la composición social y cultural de la población que asiste a los planteles de educación pública, de entender la relación educación–desarrollo, de reconocer los sacrificios y esfuerzos que realizan los educadores para superarse, de la atención ineludible a la parte administrativa que solicita a gritos una carrera administrativa de funcionarios que cifran sus esperanzas en una mejor posición, de un reconocimiento a los largos años de trabajo dedicados. Asumir los retos educativos como un tema de Estado, no como un asunto de campaña política que cambia cada período electoral lo que se constituye en un atraso cada vez que los planes y programas se interrumpen, alteran y, en el peor de los casos, se archivan, dando curso al ostracismo y paralización del sistema.
Lograr la integración y unificación de los criterios que permitan levantar la moral de los educadores, lo que fortalecería el espíritu de fraternidad y cuerpo que es fundamental porque, sin ellos, ninguna transformación educativa es posible. Postergar este cambio sería condenar a la juventud y al país a un abismo infranqueable de desigualdad e injusticia social que Panamá no se merece; que nuestros hijos, nietos y los hijos de este pueblo puedan tener acceso a una educación de calidad que impregne de desarrollo y prosperidad a sus familias y a sí mismos, fundamental para el desarrollo del país, que sin profesionales y el recurso humano calificado, no podrá superar los índices de pobreza, violencia y delincuencia.
El conocimiento de la realidad educativa nacional toma toda una vida de estudio, análisis y participación en el ramo, y amerita que la persona asignada a este cargo sepa lo que es necesario hacer, y no llegar para aprender a hacer, lo que sin dudas tomará más de cinco años y que, al cabo de los mismos, las pautas y los proceso de transformación hayan siquiera iniciado.