Un cambio lava cara
Parece obvio que el reciente cambio de gabinete ha tenido como único propósito, esconder el grave problema surgido a raíz de la publicación sobre "el muerto oculto" del ex ministro de Gobierno y Justicia.
Es decir, de no haber salido a la luz pública esta tragedia, no hubiese habido ningún cambio. Triste proceder del ex funcionario de marras, que en lugar de renunciar dignamente para permitir una investigación objetiva e imparcial, pretendió aferrarse al cargo hasta el último momento, teniendo para ello que expresar afirmaciones que no puede sustentar.
¿Cómo es posible que habiéndose encontrado todos los antecedentes policiales, no ha sido posible encontrar un solo documento en el ámbito jurisdiccional?
¿Cómo es posible que el entonces premier rechazara referirse al tema cuando el diario La Prensa lo invitó a descargar antes de la publicación?
¿Cómo es posible que el Presidente de la República no supiera de este incidente? Y si lo conocía, ¿cómo se le ocurre nombrar a un ministro con semejante antecedente?
No se trata de si el señor ex Ministro sea culpable o inocente. Eso lo decidirá la justicia en su momento, si acaso. Pero al comprobarse el hecho de sangre, aceptado por el propio señalado, sobre todo cuando existen personas que lo acusan directamente de haber cometido el hecho de manera dolosa, no quedaba otra razón que renunciar irrevocablemente y someterse inmediatamente a los tribunales para ratificar la inocencia proclamada.
Qué pena la del Señor Presidente de la República, al pretender lavar la cara a través de un "reemplazo" de alguien cuya renuncia debió exigirle desde un principio.
Y qué pena la del señor ex Ministro, quien en lugar de una renuncia digna, pretendió regresar al poderoso cargo luego de la licencia de un mes auto otorgada, y a cuya fecha final ni siquiera hubo la posibilidad de llegar por parte del Jefe del Ejecutivo, dada la magnitud del escándalo.