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Un camino: Concilio Vaticano-CELAM y Arquidiócesis de Panamá


Monseñor Marcos Gregorio McGrath por su dedicación a la Iglesia, por su trabajo como teólogo, ha sido uno de los pilares del Concilio Vaticano II. En el primer Sínodo sobre la Colegialidad de los Obispos , resultado de la Constitución Dogmática sobre la Iglesia, Capítulo III, Constitución jerárquica de la Iglesia y particularmente del Episcopado, fue uno de los teólogos principales. El tenía experiencia como asesor de los movimientos laicales de estudiantes e intelectuales católicos, y del CELAM donde junto a Don Manuel Larraín , Cardenal Arzobispo de Santiago de Chile y junto a Don Avelar Brandao Vilela, habían organizado el CELAM y la Conferencia de Medellín, a la cual asistió S.S. Paulo VI. Fue un momento de gran efervescencia, dedicación y búsqueda. La Iglesia Latinoamericana buscaba un camino propio, una pastoral adecuada a su realidad. Juan XXIII había exhortado al episcopado a desempolvar la Iglesia y buscar nuevos caminos. Uno de los temas en los cuales Monseñor McGrath trabajó intensamente fue en el Decreto sobre el Apostolado de los Seglares. Si uno repasa las Constituciones, decretos, declaraciones y mensajes del Concilio Vaticano II , encontrará que prácticamente no hay tema en el cual Monseñor McGrath no fuera consultado por los grandes teólogos del Concilio, algunos ya desaparecidos. Recuerdo, entre otras, las conversaciones con el P. Chenu y el P. Congar, dominicos franceses, con el P. K. Rahner, el Chanoine Houtard, con el posteriormente Cardenal Pironio, con los teólogos norteamericanos. Sería muy largo enumerar lo que fue el aporte teológico y personal de Monseñor McGrath a la Iglesia Universal y a la Iglesia Latinoamericana. La Arquidiócesis de Panamá fue conocida internacionalmente porque su Arzobispo era una autoridad en estos ámbitos. Religiosos y sacerdotes deseaban venir a Panamá para intercambiar opiniones con él. Su teléfono no descansaba y su correspondencia era inmensa. Toda la arquitectura del Concilio era consultada y concertada y una pieza de esa consulta y concertación, era nuestro Arzobispo.
Venía de Chile donde había trabajado junto al Cardenal Larraín y había sido profesor de teología de su Universidad Católica y asesor latinoamericano de Pax Romana; antes se había doctorado en teología en Roma, con estudios en París y por supuesto en Estados Unidos y pertenece a la Congregación de la Santa Cruz. En Panamá fue nombrado Obispo Auxiliar de Monseñor Francisco Beckmann y a su muerte, fue nombrado primer Obispo de Santiago de Veraguas. Allí inició la organización pastoral de la diócesis, invitó sacerdotes, laicos y religiosos para que lo acompañaran en esa ingente tarea. Sentó las bases de la organización pastoral y del trabajo comprometido en esa diócesis. Al llegar a la Arquidiócesis retomó el trabajo con ímpetu y tal dedicación, que decidió muy pronto organizar todos los aspectos: pastorales, institucionales y de proyección eclesial.
Las urgencias de la vida diaria y mil otras razones, todas muy lógicas quizás, hacen que no nos hayamos detenido un momento a meditar en lo que ha significado el trabajo de Marcos Gregorio McGrath para Panamá, la proyección e impronta con que supo marcar esos años de nuestra historia.
No se puede escribir una historia del Concilio, ni del CELAM, ni de muchos temas pastorales nacionales, sin tener en cuenta la labor desvelada de este Pastor: la hoy campaña arquidiocesana nació como un fondo de promoción pastoral, la Cena de Pan y Vino, Panorama Católico, cursillos. La catequesis, el Seminario, la Universidad Católica, son todas obras que vemos pero que no siempre valoramos, la lucha, el desvelo y dedicación que hay detrás de ellas. Pero no olvidemos el esfuerzo que hizo nuestro Arzobispo para traducir en nuestro medio, con las circunstancias de nuestra iglesia local, lo que él estaba viviendo y luchando a nivel internacional.
Esta tarea, lógicamente, le trajo críticas. Por otro lado el país atravesó durante su episcopado, por circunstancias muy difíciles que todos conocemos. El signo de la cruz, él pertenece a la Congregación de la Santa Cruz y por ende, el del dolor, nuca dejó a Monseñor McGrath. Hoy es la enfermedad física que lo agobia. Pero él tiene una admirable fuerza y reserva moral, porque toda su vida la ha dedicado al Señor y a su Iglesia. Algún día será preciso entrar en los detalles de esta obra que hoy someramente recorremos.

101 años de Panamá América

 
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