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Un caso patético


Las IFIs y los países industrializados nos han vendido a Chile como paradigma de los países desarrollados del tercer mundo, más la realidad discrepa mucho con la publicidad. A continuación vamos a transcribir parcialmente, por falta de espacio, una anécdota aparecida en la Revista Punto y Aparte, donde un joven periodista vive y narra la siguiente experiencia que no viene a confirmar otra cosa que el escenario internacional es totalmente distinbto y el grado de credibilidad en los aparatos públicos es casi nulo. Dice así el aludido relato:
"La bruma espesa de la mañana se confabula con el frío obligando a apresurarse hacia el paradero. De ahí, a abordar la micro, es cuestión de minutos que para muchos se transforman en un documental donde se es -vaya paradoja- protagonista en el anonimato.
El recorrido certero de la micro se confunde con el incierto trayecto que se inicia al salir de la casa y pronto tener que visitar la primera, segunda, tercera... oferta de trabajo aparecidas en "El Mercurio" el día anterior. Con carpeta en mano, las monedas justas para los viajes y cuidando que el choclón de pasajeros no arrugue las esperanzas, se levanta el brazo para salvar el currículum; el ser humano transformado en papel resumido; el instrumento medible; el factor que te lleva a la gloria o te deja anclado en el camino de la cesantía.
Son difíciles los minutos que separan a los cesantes de la primera entrevista de trabajo para el día. Porque cuando se está arriba de la micro, a punto de bajarse y comenzar un nuevo peregrinaje por encontrar la fuente laboral que ahogue el gemido de las tripas, las imágenes se van agolpando y la rabia va apareciendo. La frustración se va dibujando en los rostros lozanos de una juventud angustiada por la falta de oportunidades, desechada por su falta de experiencia y condenada por ser tan diversa y contradictoria. Sin quererlo, los recuerdos aparecen, se piensa en el colegio que ya quedó atrás; en los amigos que están en la misma situación; se piensa en la falta que hace la plata en la casa; se desea encontrar un trabajo que dé para sobrevivir y por qué no, para poder estudiar. Se medita qué será de la vida cuando los años vayan pasando y se siga estancado, sin poder salir de la podredumbre; carcomido por la pobreza diaria.
Al descender del bus y enfilar hacia el lugar de la entrevista, los nervios apremian, la vista se concentra en la numeración de edificios, casas y negocios. Hay prisa, siempre hay alguien que llegará antes que uno. El tormento de largas colas, el hambre, el frío y la incertidumbre hacen presa de uno, de dos, de tres, de todos los que esperamos en la vía pública la oportunidad de la entrevista, aunque sea la posibilidad de dejar el currículum. Como un diario de vida al aire libre y en forma de catarsis colectiva empiezan las conversaciones entre los postulantes, ahí es donde cada historia, cada realidad, cada sueño y esperanza le dan el espaldarazo a las embalsamadas cifras oficiales, tras el vómito rabioso de una juventud que poco o nada tiene que agradecerle al Estado y al gobierno de turno.
Esperando el turno para la otra entrevista del día, percibo cuánto cuesta desprenderse del currículum con foto luego de cada visita a alguna pega aparecida en el diario. No es joda, ni siquiera las fotocopias y las fotos tamaño carnet tienen alguna subvención por parte del Ministerio del Trabajo u otro organismo estatal. Todo sale del bolsillo de los jóvenes sin experiencia laboral, sin conocimientos y con una educación inservible a la hora de buscar pega. En resumen, mano de obra barata, dispuesta a sacarse la cresta por un par de chauchas al mes; corderos regalones de empresas de comida chatarra; empresas telefónicas; fábricas; promociones callejeras y venta puerta a puerta de artículos varios.
Al aviso que ofrecía 40.000 pesos semanales se le cayeron las letras de que era por comisión y sin sueldo fijo, un detalle; que más da pasearse todo el día por Santiago gastando la poca plata que tienes para que entrada la tarde despiertes de una fantasía construida por la necesidad y te des cuenta que con esa pega no llegas a ninguna parte. Y así los avisos se van reduciendo cada semana y van aumentando los jóvenes con rostros en busca de trabajo, de alguna cosita que pueda salir. Mujeres y hombres corren raudos por el país de las oportunidades en busca de la suya, aquella que los gobiernos concertacionistas han prometido, pero que aún no aparecen, por lo pronto sólo queda seguir ojeando a ver si "salta la liebre".
Ya entrada la tarde, miles de rostros marchitos vuelven a casa acompañados por ese anonimato que no los suelta desde hace tiempo. Después de haber recorrido casi toda la ciudad, haber caminado kilómetros, se vuelve con las manos vacías y envuelto en una incertidumbre asfixiante. Seguro al llegar a casa todos preguntarán ¿cómo te fue? Qué decirle entonces a la vieja que se angustia por ver al hijo cesante y sin plata para poder estudiar, cómo explicarle que la cosa está jodida y que los 505.170 cesantes oficiales, según el gobierno, son de carne y hueso, y aumentan con el correr de las horas.
Ya casi anochece y el frío se cuela por la ventanilla de la micro. Las últimas monedas se han invertido en el cigarrillo suelto en el paradero. La carpeta plástica viene vacía; tras el panfleteo de currículums por oficinas, negocios, fábricas, empresas. Se vuelve a casa como se salió en la mañana temprano, sin embargo, con otra dosis de derrota y exclusión en el cuerpo, que se va transformando en rabia, rencor y rebeldía. Se vuelve sin pega, a resistir desde la casa, la esquina, desde la plaza o la población. Junto a otros miles de cabros se resiste al paso de la cesantía, al paso del tiempo, al paso de los años vigorosos de una juventud olvidada"
Pues esta situación dramática que se describe en la vivencia que hemos transcrito no es ajena a la realidad panameña, más cruda y cruel, diría yo, resulta aquí. El alto porcentaje de desempleo en Panamá así lo demuestra. Sólo hemos querido resaltar, no como consuelo, sino más bien como una realidad conmovedora existente en todos los países que han abrazado el neoliberalismo.

101 años de Panamá América

 
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