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Un centavito de voluntad


Es increíble pero cierto, como para los célebres textos de Ripley: No ha habido manera para que, desde la recuperación de la democracia, los gobiernos tomen las decisiones que requiere la ciudad para solucionar el caótico problema del transporte público urbano.

Todo el mundo sabe lo que debe hacerse, pero nadie lo hace. No se necesita ser un genio para descubrir que, mientras los conductores de buses no sean formalizados con un salario y cotizaciones del Seguro Social, seguirán las regatas con su secuela de accidentes trágicos y muerte.

La revisión de las rutas existentes es otra de las labores obvias. Ni qué decir del cambio y reglamentación de las especificaciones de los autobuses conocidos como "Diablos Rojos" que son verdaderas trampas mortales. No hay que tener mil millones de balboas para iniciar la solución, bastaría con apenas un centavito de voluntad.

101 años de Panamá América

 
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