Un centro comercial promisorio
Así como ayer criticamos la alegre concesión por el uso de la tierra a un precio verdaderamente ridículo y ofensivo al resto de los panameños, y de la sospechosa agilidad y diligencia demostrada por las autoridades en aprobar los estudios de impacto ambiental inconsultos con los que se pretendía cubrir una falla en el planeamiento de los accesos del proyecto, al recorrerlo durante las compras navideñas, debemos reconocer que es una gran obra, una gran inversión; pero de igual manera, debe cumplir con los requisitos exigidos a todos los panameños para su realización.
Con el fin de obtener lo que requieren para su desarrollo, los promotores de una obra de esta magnitud no tienen la necesidad de utilizar subterfugios y dar la sensación, en virtud de su arrogancia, de que por medio de la colusión ha habido algo bajo la mesa para lograr concesiones muy favorables, en detrimento de las arcas del Estado.
Podrá existir muchos centros comerciales en su país, pero les faltó tacto con el pueblo panameño que, aunque no nos oponemos a las inversiones extranjeras, sí deseamos que estos inversores nos respeten y no abusen de su condición tratando de sacar provecho más allá de lo razonable de las posibles flaquezas de quienes nos representan.
Es un centro comercial moderno de primer mundo, un paso firme para convertir a Panamá en el gran centro de compras de América Latina; pero para continuar su crecimiento y lograr el éxito, sin provocar el caos en la Avenida Balboa y obstruir los accesos a esa parte de la ciudad, requiere de la construcción del paso elevado vehicular sugerido, así como de varios pasos peatonales, los cuales deben ser construidos por los promotores, pero aprobados por el Estado y la ciudadanía.
Es hora, pues, de que los promotores se aboquen a esa tarea sin pretender imponernos soluciones inconsultas ni abusivas, ya que tienen en riesgo su inversión y de la de los que creyendo en su buena fe se embarcaron con ellos en esa aventura comercial al compra o alquilar allí. Tienen una responsabilidad con estos clientes y deben responder a sus expectativas sin desmedro de los derechos de la ciudadanía. Son los compradores los que podrán o no favorecerlos; y para la realización de sus planes, deben pagar en arrendamiento lo justo por nuestra tierra.
Y aunque parezca una frivolidad de nuestra parte, creemos que cuando el boxeador “Mano de Piedra” Durán peleaba, dentro o fuera del país, nuestra conciencia nacional se unificaba ante la enorme expectación del evento. Mano de Piedra fue, pues, en un tiempo dado, un símbolo del más sincero y ardiente nacionalismo.
Quiero que quede bien claro en quiénes pienso cuando hablo de nuestros valores nacionales. Cuando yo hablo de los grandes nacionalistas panameños, hablo de Justo Arosemena, Belisario Porras, Ricardo J. Alfaro, Harmodio Arias, José Isaac Fábrega, Octavio Méndez Pereira, Eusebio A. Morales, Narciso Garay, Juan Demóstenes Arosemena, Guillermo Andreve; hablo, señores, de los próceres que nos dieron la independencia; hablo de los grandes patriotas de nuestro país.
Y quiero también dejar bien claro, que no considero ni nacionalistas ni patriotas a quienes en el poder conculcaron todas las libertades, clausuraron todos los periódicos de oposición, liquidaron los partidos políticos, y asesinaron, secuestraron, persiguieron y desterraron a los otros panameños.
Para los que utilizaron el poder para enriquecerse personalmente, para la estafa y el bolsillismo, para toda clase de maquinaciones fraudulentas, para esos debemos tener sólo un ¡Nunca más!
El nacionalismo panameño ha tenido, pues, momentos de gran esplendor, pero también dolorosos y oscuros eclipses...¿Es Panamá una nación? - preguntaba José Isaac Fábrega-; y digamos con él, que nuestro país será una nación cuando el alma nacional se eleve sin pequeñeces en una alta misión patriótica. Cuando sea el panameño un solo hombre “sentado sobre unidad de geografía, con la unidad de su espíritu”.
“Y entonces -enfatizaba Fábrega- a la pregunta ¿Panamá es una nación! podremos contestar concienzudamente, con júbilo y con orgullo: “Panamá era en su elemento humano una nación de retazos, o una nación parcial y trunca. Panamá ahora es la nación: porque es la nación completa”.
A juicio mío, Panamá ha sido y no ha sido una nación en muchos episodios de su historia. Pero que en lo más hondo y sincero de nuestros pensamientos y acciones, queremos que sea siempre una Nación.
Con el fin de obtener lo que requieren para su desarrollo, los promotores de una obra de esta magnitud no tienen la necesidad de utilizar subterfugios y dar la sensación, en virtud de su arrogancia, de que por medio de la colusión ha habido algo bajo la mesa para lograr concesiones muy favorables, en detrimento de las arcas del Estado.
Podrá existir muchos centros comerciales en su país, pero les faltó tacto con el pueblo panameño que, aunque no nos oponemos a las inversiones extranjeras, sí deseamos que estos inversores nos respeten y no abusen de su condición tratando de sacar provecho más allá de lo razonable de las posibles flaquezas de quienes nos representan.
Es un centro comercial moderno de primer mundo, un paso firme para convertir a Panamá en el gran centro de compras de América Latina; pero para continuar su crecimiento y lograr el éxito, sin provocar el caos en la Avenida Balboa y obstruir los accesos a esa parte de la ciudad, requiere de la construcción del paso elevado vehicular sugerido, así como de varios pasos peatonales, los cuales deben ser construidos por los promotores, pero aprobados por el Estado y la ciudadanía.
Es hora, pues, de que los promotores se aboquen a esa tarea sin pretender imponernos soluciones inconsultas ni abusivas, ya que tienen en riesgo su inversión y de la de los que creyendo en su buena fe se embarcaron con ellos en esa aventura comercial al compra o alquilar allí. Tienen una responsabilidad con estos clientes y deben responder a sus expectativas sin desmedro de los derechos de la ciudadanía. Son los compradores los que podrán o no favorecerlos; y para la realización de sus planes, deben pagar en arrendamiento lo justo por nuestra tierra.
Y aunque parezca una frivolidad de nuestra parte, creemos que cuando el boxeador “Mano de Piedra” Durán peleaba, dentro o fuera del país, nuestra conciencia nacional se unificaba ante la enorme expectación del evento. Mano de Piedra fue, pues, en un tiempo dado, un símbolo del más sincero y ardiente nacionalismo.
Quiero que quede bien claro en quiénes pienso cuando hablo de nuestros valores nacionales. Cuando yo hablo de los grandes nacionalistas panameños, hablo de Justo Arosemena, Belisario Porras, Ricardo J. Alfaro, Harmodio Arias, José Isaac Fábrega, Octavio Méndez Pereira, Eusebio A. Morales, Narciso Garay, Juan Demóstenes Arosemena, Guillermo Andreve; hablo, señores, de los próceres que nos dieron la independencia; hablo de los grandes patriotas de nuestro país.
Y quiero también dejar bien claro, que no considero ni nacionalistas ni patriotas a quienes en el poder conculcaron todas las libertades, clausuraron todos los periódicos de oposición, liquidaron los partidos políticos, y asesinaron, secuestraron, persiguieron y desterraron a los otros panameños.
Para los que utilizaron el poder para enriquecerse personalmente, para la estafa y el bolsillismo, para toda clase de maquinaciones fraudulentas, para esos debemos tener sólo un ¡Nunca más!
El nacionalismo panameño ha tenido, pues, momentos de gran esplendor, pero también dolorosos y oscuros eclipses...¿Es Panamá una nación? - preguntaba José Isaac Fábrega-; y digamos con él, que nuestro país será una nación cuando el alma nacional se eleve sin pequeñeces en una alta misión patriótica. Cuando sea el panameño un solo hombre “sentado sobre unidad de geografía, con la unidad de su espíritu”.
“Y entonces -enfatizaba Fábrega- a la pregunta ¿Panamá es una nación! podremos contestar concienzudamente, con júbilo y con orgullo: “Panamá era en su elemento humano una nación de retazos, o una nación parcial y trunca. Panamá ahora es la nación: porque es la nación completa”.
A juicio mío, Panamá ha sido y no ha sido una nación en muchos episodios de su historia. Pero que en lo más hondo y sincero de nuestros pensamientos y acciones, queremos que sea siempre una Nación.