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¿Un chantaje al mundo libre?


El rechazo a la Corte Penal Internacional, como antes hicieran con el Protocolo de Kioto para la salvaguarda del planeta, la ignorancia a las obligaciones asumidas en el Tratado de No Proliferación Nuclear, la no-ratificación del Tratado de Defensa de los Derechos del Niño o el escandaloso proteccionismo a su industria siderúrgica muestran el desprecio de EE.UU a la comunidad internacional. Lo que asombra es la obscenidad con la que exhiben su política unilateralista más próxima al fundamentalismo religioso que a una voluntad imperialista, que también existe. Un norteamericano sin pelos en la lengua como Gore Vidal acaba de publicar El último Imperio en donde aparecen ensayos entre los que destaca El martes Negro, escrito después del 11 de septiembre y que la revista Vanity Fair no se atrevió a publicar. El autor de Washington DC y Juliano, al igual que otros escritores americanos, rompe el tabú del "consenso antiterrorista", de la cruzada contra "el eje del mal" y del talante totalitario del entorno del presidente Bush para responder a la pregunta "¿Por qué nos odian tanto?".
Y no vacila en afirmar "Somos el Estado más canalla de todos... No hacemos caso de los Tratados. Despreciamos los tribunales internacionales. Atacamos allí donde nos place. Damos órdenes a la ONU pero no cumplimos nuestros compromisos. Nos quejamos de que haya terrorismo, pero nuestro imperio es el mayor terrorista de todos. Bombardeamos, invadimos y subvertimos otros estados". Recordemos que cuando Gore escribía todavía no se habían producido los bombardeos de una boda en Oruzgan masacrando a decenas de civiles afganos indefensos, ni habían arrasado Kandahar, masacrado a presos en Masar-i-Sarif y bombardeado pequeñas aldeas donde murieron niños bajo el pretexto de que buscaban a talibanes.
El avance de las tropas americanas nada tiene que envidiar a la campaña de los rusos en Chechenia, salvo en que utilizan armas más sofisticadas, más potentes y con "daños colaterales" más terribles. Bombas y misiles, por otra parte, cuyo costo diario es de decenas de millones de dólares que más valdría emplear en ayudar a la construcción de un estado de derecho afgano. Prefieren dejar el desierto preparado para que lo atraviesen los oleoductos de las compañías de EE.UU que quieren sacar el petróleo y el gas de Turkmenistán y de Kazajstán hasta el Índico, a través de un Pakistán dominado por corruptos militares.
Lo que causa pavor y escándalo es el silencio clamoroso de las potencias miembros de la UE, del G-8 y del resto de países que controlan el mundo desde la OCDE. Del Consejo de Seguridad de la ONU y de su Secretario General es preferible no hablar porque produce escándalo, vergüenza y desesperación para la comunidad de pueblos a los que se impone un modelo de desarrollo cuyos frutos están a la vista. ¿Qué dicen los gobernantes europeos, canadienses, australianos y japoneses que cubrieron con el prestigio de sus democracias una campaña económica y militar que amenaza al mundo entero? ¿Con qué autoridad puede el gobierno incontrolado de Bush amenazar, de una u otra forma, a Cuba, Colombia, Venezuela, Brasil, Libia, Sudán, Siria, Iraq, Irán y a todo el que no se someta a sus dictados? ¿Quién podrá secundar esa pretendida guerra antiterrorista cuando ellos son los mayores autores de terroristas convertidos en mártires o en héroes de una nueva liberación? ¿A qué esperamos en Europa para desengancharnos de esta maquinaria de guerra bárbara y criminal? ¿Qué hacen las tropas españolas en Afganistán y nuestros barcos en el Índico? Retirémonos ya o neguémonos a pagar la parte proporcional de los impuestos.
El rechazo del gobierno de EE.UU a la Corte Penal Internacional es un chantaje al mundo libre que los pone a la altura moral de China, India, Rusia, Pakistán, muchos países árabes e Israel que se niegan a firmarlo o a ratificarlo. Después de la retórica defensa de los derechos humanos y de la democracia, el único criterio que rige la política de Washington es la defensa de sus intereses por cualquier medio y a cualquier precio. Aún al de restringir sus propios derechos constitucionales para la parte más débil de su población. Para que la UE no se convierta en un satélite de esta política de trazos más totalitarios que imperialistas es preciso alzar la voz y ejercer acciones definitivas para que nuestros hijos no nos señalen con el dedo con palabras de Tácito: extendieron la desolación y la llamaron paz.
*Presidente de la ONG Solidarios y Director del CCS (Centro de Colaboraciones Solidarias)
(nesemu@lander.es)

Así, el cuadro desolador hace que en la conciencia se prenda una luz de advertencia. Allí no se observa a extranjeros, que también son seres humanos. Allí hay panameños, especialmente niños, que merecen una mejor calidad de vida y que hoy, claman por un techo digno donde cobijarse.
Hay quienes se han atrevido a decir que muchos son malvivientes. La realidad es que lo que se observa en ese alero de un antiguo local comercial, es a mujeres que tratan de ganarse la vida vendiendo chucherías, a personas que no por tener un empleo informal, son malvivientes.
Allí hay seres humanos y, de partida, eso es lo que cuenta. No en vano, el defensor del Pueblo, Juan Antonio Tejada, advierte que "el Capítulo 6° de la Constitución Política de la República de Panamá, dedicado a la Salud, Seguridad Social y Asistencia Social, consagra en su artículo 113 el derecho social que tiene toda la población, de contar con una vivienda, y obliga al Estado a establecer una política nacional de vivienda, destinada especialmente a los sectores de menor ingreso".
Por lo pronto, Ramón Ashby, representante de Calidonia, sostiene que la Caja de Seguro Social (CSS), propietaria de la Renta 5, no cumplió con un acuerdo previo en que se comprometió a no desalojar hasta tanto se construyera una barraca en terrenos, propiedad de esta institución, en el corregimiento de Parque Lefevre.
En tanto, Samuel Rivera, sub secretario de la entidad, afirma que la entidad no ha abandonado a su suerte a los afectados, a quienes se les ofreció alojamiento en una pensión durante el fin de semana pasado, pero éstos no aceptaron.
Añadió que se sostienen conversaciones con autoridades del MIVI para construir barracas temporales en terrenos de la CSS, aunque eso demorará un tiempo, por lo que los instó a que "traten de buscar salidas a la situación que enfrentan".
También se recurrirá a la Alcaldía de Panamá para estudiar la posibilidad de alojar a los afectados en un gimnasio, de manera temporal.

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