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Un comportamiento político inconducente


Como lo comentaba en un escrito anterior, con el actual gobierno estamos observando deseos de resolver, como fue prometido, situaciones de actos corruptos, para agotar la impunidad.

Tal propósito debe ser acogido por la ciudadanía de manera positiva y manejados, por las autoridades, con toda objetividad.

La aplicación correcta de la justicia no debe interpretarse como un actuar circense; todo lo contrario, debe proceder con la cautela propia que, con énfasis, nos expresa el precepto fundamental de la presunción de inocencia.

Que mal ejemplo generan los intercambios públicos entre el Presidente de la República y dos Ex Presidentes, ambos del PRD; particularmente, en el caso de EPB, quien reacciona con fuertes clamores en cuanto a acusaciones no, debidamente, fundamentadas de acuerdo a las etapas procesales correspondientes. Los dimes y diretes debilitan los deseos de justicia y parecieran darnos la impresión de que volveremos a los caminos oscuros del politiqueo que tanto ha afectado nuestro Panamá.

¿Quiénes ganan con los escandalosos intercambios que rayan en fuertes elementos de irrespetos inapropiados que rasgan nuestra institucionalidad? Pues que yo sepa, sólo los medios de comunicación pública. ¿Qué está ocurriendo con los asesores? ¿Tienen idea de lo indebido de todo esto? Queremos menos corrupción e impunidad. La ligereza con la cual se actúa no deja de ser preocupante.

Las investigaciones sobre indicios de acto de corrupción, deben manejarse con la debida seriedad y una vez cumplidos los pasos correspondientes, someterse a las autoridades o instituciones que correspondan; de tal manera, se vician los procesos permitiendo el fluir que corresponde hasta llegar a una sentencia definitiva y cierta.

Recuerdo, ahora, con niveles de preocupación lo expresado por nuestro Presidente. Parafraseando: “En mi gobierno se podrá meter la pata, la mano no.” Señor Presidente, al final, meter la pata es tan malo como meter la mano.

En lo personal me agrada la espontaneidad y en algunos casos la informalidad; en fin, todo tiene su momento u ocasión. Las cosas de Gobierno exigen formalidades. No se está frente a un actuar monárquico. Lo nuestro es una democracia representativa, eso sí, muy golpeada. Con el clamor del Cambio esperamos mucho de su gestión y sus promesas.

Para concluir, aprovecho para reiterarle evitar, a toda costa, los elementos regresivos en las nuevas políticas fiscales y tributarias, nuestra clase media se verá muy afectada sin los correspondientes cambios a las mismas.

101 años de Panamá América

 
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