Un compromiso ético, político y moral de todos nosotros
Cualquier persona que visite nuestra ciudad capital, advertirá la cantidad de edificios modernos y lujosos, la gran cantidad de vehículos de lujo que circulan por las calles, admirará los lujosos centros de compra y quedará con la impresión de que, en este país, todos disfrutamos de una gran riqueza. Sin embargo, si esa misma persona se traslada a los suburbios o a las comunidades del interior del país, se dará cuenta de lo engañoso que son esos signos externos de riqueza. En Panamá, para vergüenza nuestra, tenemos niveles ofensivos de pobreza.
La situación de pobreza no es nueva, lo único nuevo es su dimensión, por lo que no es fácil advertirla y, además está el hecho de que, poco a poco, nos hemos venido acostumbrando a convivir con ella. Quizás por eso, no le hemos brindado la importancia que se merece a la forma escandalosa como ha venido en ascenso. Es ahora, cuando los medios de comunicación nos traen la noticia aterradora de niños panameños que han muerto de hambre, en que pareciera haberse despertado interés. Un interés que debe ser compartido por todos nosotros, porque esos no son los niños de otros. Son nuestros niños. Son los niños panameños, sangre de nuestra sangre, corazón de nuestra alma. Son nuestro problema, porque también son nuestro futuro.
Debemos estar conscientes de que la situación continuará agravándose, aun cuando mejore la economía del país, porque ya está demostrado que dentro de nuestro modelo de desarrollo, el crecimiento de la economía lo que hace es ensanchar la distancia entre ricos y pobres, haciendo a los ricos más ricos y a los pobres más pobres.
El crecimiento económico ha sido visto como la solución del problema y, sin lugar a dudas, es un medio poderoso para reducir la pobreza, pero la experiencia nos indica que los beneficios no son necesariamente equitativos. Por lo tanto, el problema se tendrá que atacar dentro de un nuevo modelo de crecimiento en beneficio de los pobres.
La situación de pobreza que golpea a casi un 50% de nuestra población, es más complicada si tomamos en cuenta que el bajo ingreso se refleja en mala salud y educación, la privación de derechos humanos y la falta de dignidad, confianza y respeto por sí mismo; tal como lo resalta el más reciente Informe de Desarrollo Humano preparado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. Y a todo lo anterior, todavía se le agrega el empobrecimiento ambiental que impactas en mayor grado a los pobres. La pregunta es ¿a quién corresponde atender este problema?
En mi opinión, va a ser necesario un esfuerzo de conjunto en el que se involucren todas las personas que saben y pueden; personas que coloquen la erradicación de la pobreza como un asunto ético, social, político, moral, y como una necesidad para poder preservar la paz social y lograr la supervivencia de la democracia y la libertad en el país. Tenemos que estar conscientes de que la libertad no puede florecer sobre una base de inequidad económica. Ya, de por sí, la pobreza es inequidad moral.
Cuando se levantaron en armas las guerrillas en Centroamérica, por mi participación en el Gobierno y los esfuerzos de paz en que nuestro país se involucró, tuve la oportunidad de visitar el área de conflicto y de conversar con varios guerrilleros -no los jefes, sino de la tropa- y lo que más me impactó, fue escuchar que la gran mayoría de ellos se había sumado a la lucha, no por cuestiones ideológicas, sino impulsados por la miseria, por el hambre, y como uno de ellos me dijo: "la alternativa es esperar sentado en casa mi muerte y la de mi familia por inanición, porque no hay oportunidades de producir ingresos, o luchar por un cambio, con la esperanza que sea mejor de lo que tenemos en la actualidad." Y, le digo a todos mis compatriotas, que el que no crea que eso se puede repetir en Panamá, mejor es que vaya saliendo de ese sueño. Frente a este cuadro que poco a poco se va convirtiendo en aterrador, existe esperanza de lograr reducir sustancialmente la pobreza general, reducir las desigualdades y erradicar la pobreza extrema.
No se trata de una utopía, contamos con conocimientos y recursos materiales y naturales para hacer de esto una realidad en menos de una generación. Sin embargo, esto no se va a lograr con solo desearlo. Se va a requerir de una planificación de verdad; no de esas que nos presentan algunos economistas con muchas gráficas, con muchos colores y rutas críticas, pero sin realidad alguna. Se necesita de una planificación seria, producto de investigaciones, análisis estadístico, señalamiento de objetivos, establecimiento de metas, establecimiento de políticas, planificar la estructura organizacional, proporcionar el personal, establecimiento de procedimientos, seleccionando las normas, establecimiento de programas operativos y planes operacionales y motivación de la gente. Tratar de hacerlo a base de improvisación, emoción o intuición sólo nos llevará al fracaso.
Hagamos de la erradicación de la pobreza una prioridad fundamental para todos los panameños. La búsqueda de las vías para erradicar la pobreza es una ocasión singularmente propicia para poner en juego todo lo que ofrece tan promisoriamente la conjunción generosa de nuestras fuerzas vitales. Es cuestión de tomar con toda seriedad el compromiso de darle la más alta prioridad al problema.
Pedro era un niño huérfano y para sobrevivir debía trabajar. El trabajo en las calles lo alejó de las aulas. Su maestro le dio seguimiento y trató de ayudarlo hasta la secundaria, pero la pobreza y las carencias de ese niño, que ahora es un joven, le impidieron seguir estudiando.
Sólo llegó hasta el cuarto año. Ahora Pedro trabaja en las calles. Fue una estadística de la tasa de deserción y ahora es otra del subempleo. Cada Navidad Pedro se acuerda de su maestro, se acerca al balcón de su casa y le dice: Maestro, ¡feliz Navidad!
Juan era muy callado, pero violento. Ya había estado en tres escuelas. Su profesor advirtió su problema. La comunicación y el calor humano eran importantes en este caso. Decide ayudarlo y descubre un mundo de problemas, frustraciones y ansiedades. Aunque se ganó su confianza, era muy difícil ayudarlo. Su agresividad y problemas de arrastre lo ahogaron. Juan dejó la escuela: su futuro está a merced de la calle.
La situación de pobreza no es nueva, lo único nuevo es su dimensión, por lo que no es fácil advertirla y, además está el hecho de que, poco a poco, nos hemos venido acostumbrando a convivir con ella. Quizás por eso, no le hemos brindado la importancia que se merece a la forma escandalosa como ha venido en ascenso. Es ahora, cuando los medios de comunicación nos traen la noticia aterradora de niños panameños que han muerto de hambre, en que pareciera haberse despertado interés. Un interés que debe ser compartido por todos nosotros, porque esos no son los niños de otros. Son nuestros niños. Son los niños panameños, sangre de nuestra sangre, corazón de nuestra alma. Son nuestro problema, porque también son nuestro futuro.
Debemos estar conscientes de que la situación continuará agravándose, aun cuando mejore la economía del país, porque ya está demostrado que dentro de nuestro modelo de desarrollo, el crecimiento de la economía lo que hace es ensanchar la distancia entre ricos y pobres, haciendo a los ricos más ricos y a los pobres más pobres.
El crecimiento económico ha sido visto como la solución del problema y, sin lugar a dudas, es un medio poderoso para reducir la pobreza, pero la experiencia nos indica que los beneficios no son necesariamente equitativos. Por lo tanto, el problema se tendrá que atacar dentro de un nuevo modelo de crecimiento en beneficio de los pobres.
La situación de pobreza que golpea a casi un 50% de nuestra población, es más complicada si tomamos en cuenta que el bajo ingreso se refleja en mala salud y educación, la privación de derechos humanos y la falta de dignidad, confianza y respeto por sí mismo; tal como lo resalta el más reciente Informe de Desarrollo Humano preparado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. Y a todo lo anterior, todavía se le agrega el empobrecimiento ambiental que impactas en mayor grado a los pobres. La pregunta es ¿a quién corresponde atender este problema?
En mi opinión, va a ser necesario un esfuerzo de conjunto en el que se involucren todas las personas que saben y pueden; personas que coloquen la erradicación de la pobreza como un asunto ético, social, político, moral, y como una necesidad para poder preservar la paz social y lograr la supervivencia de la democracia y la libertad en el país. Tenemos que estar conscientes de que la libertad no puede florecer sobre una base de inequidad económica. Ya, de por sí, la pobreza es inequidad moral.
Cuando se levantaron en armas las guerrillas en Centroamérica, por mi participación en el Gobierno y los esfuerzos de paz en que nuestro país se involucró, tuve la oportunidad de visitar el área de conflicto y de conversar con varios guerrilleros -no los jefes, sino de la tropa- y lo que más me impactó, fue escuchar que la gran mayoría de ellos se había sumado a la lucha, no por cuestiones ideológicas, sino impulsados por la miseria, por el hambre, y como uno de ellos me dijo: "la alternativa es esperar sentado en casa mi muerte y la de mi familia por inanición, porque no hay oportunidades de producir ingresos, o luchar por un cambio, con la esperanza que sea mejor de lo que tenemos en la actualidad." Y, le digo a todos mis compatriotas, que el que no crea que eso se puede repetir en Panamá, mejor es que vaya saliendo de ese sueño. Frente a este cuadro que poco a poco se va convirtiendo en aterrador, existe esperanza de lograr reducir sustancialmente la pobreza general, reducir las desigualdades y erradicar la pobreza extrema.
No se trata de una utopía, contamos con conocimientos y recursos materiales y naturales para hacer de esto una realidad en menos de una generación. Sin embargo, esto no se va a lograr con solo desearlo. Se va a requerir de una planificación de verdad; no de esas que nos presentan algunos economistas con muchas gráficas, con muchos colores y rutas críticas, pero sin realidad alguna. Se necesita de una planificación seria, producto de investigaciones, análisis estadístico, señalamiento de objetivos, establecimiento de metas, establecimiento de políticas, planificar la estructura organizacional, proporcionar el personal, establecimiento de procedimientos, seleccionando las normas, establecimiento de programas operativos y planes operacionales y motivación de la gente. Tratar de hacerlo a base de improvisación, emoción o intuición sólo nos llevará al fracaso.
Hagamos de la erradicación de la pobreza una prioridad fundamental para todos los panameños. La búsqueda de las vías para erradicar la pobreza es una ocasión singularmente propicia para poner en juego todo lo que ofrece tan promisoriamente la conjunción generosa de nuestras fuerzas vitales. Es cuestión de tomar con toda seriedad el compromiso de darle la más alta prioridad al problema.
Pedro era un niño huérfano y para sobrevivir debía trabajar. El trabajo en las calles lo alejó de las aulas. Su maestro le dio seguimiento y trató de ayudarlo hasta la secundaria, pero la pobreza y las carencias de ese niño, que ahora es un joven, le impidieron seguir estudiando.
Sólo llegó hasta el cuarto año. Ahora Pedro trabaja en las calles. Fue una estadística de la tasa de deserción y ahora es otra del subempleo. Cada Navidad Pedro se acuerda de su maestro, se acerca al balcón de su casa y le dice: Maestro, ¡feliz Navidad!
Juan era muy callado, pero violento. Ya había estado en tres escuelas. Su profesor advirtió su problema. La comunicación y el calor humano eran importantes en este caso. Decide ayudarlo y descubre un mundo de problemas, frustraciones y ansiedades. Aunque se ganó su confianza, era muy difícil ayudarlo. Su agresividad y problemas de arrastre lo ahogaron. Juan dejó la escuela: su futuro está a merced de la calle.