Un compromiso regional para fortalecer la democracia
Representantes del presidente Hugo Chávez y de la oposición de Venezuela firmaron, recientemente, un acuerdo que abre un camino para poner fin a la prolongada crisis política y económica en ese país. Su labor para llegar a ese acuerdo y su continua dedicación a verlo materializado son dignos de elogio. Al mismo tiempo, es importante reconocer el papel que le cupo a la comunidad internacional en este logro, porque es reflejo de un nuevo capítulo en los esfuerzos del hemisferio para fortalecer la democracia.
Este capítulo comenzó en la Cumbre de las Américas de la ciudad de Quebec, en abril de 2001. Allí el presidente Bush y los otros 33 jefes de Estado y Gobierno del hemisferio acordaron un programa ambicioso que tiene como elemento central un compromiso de hacer que la democracia funcione mejor.
Que la democracia haya sido el elemento central de una reunión de líderes del Hemisferio Occidental refleja uno de los mayores logros de las últimas décadas: que todos nuestros países, con excepción de uno, son ahora democráticos. Pero refleja también que hemos aprendido, en años recientes, que la consolidación de la democracia requiere algo más que celebrar elecciones.
La democracia alcanza su potencial pleno cuando es un instrumento práctico que tiene valor y relevancia inherentes en las vidas de las gentes. Esto significa que debemos fortalecer las instituciones que protegen la democracia y hacen que dé resultados. Debemos cultivar los partidos políticos que representan los intereses públicos y se colocan por encima de los personalismos, reformar los sistemas judiciales para que la justicia imparcial y profesional sea la norma, fortalecer las agencias ejecutivas que sirven con efectividad al bienestar común, y facultar a los ciudadanos para que participen.
Si hemos de evitar futuras crisis, la democracia no puede ser un deporte para espectadores. Los líderes de la Cumbre de Quebec, al tener presente esto, nos comprometieron con un plan de acción de amplio alcance que incluye mejorar los procesos electorales, aumentar la transparencia y el buen ejercicio del gobierno, asegurar la libertad de los medios de información, luchar contra la corrupción y dar facultades a los gobiernos locales.
Desde la Cumbre de Quebec, Estados Unidos ha venido colaborando con otros gobiernos para poner en práctica este programa ambicioso. En 2002 gastamos en la región más de 109 millones de dólares en programas relacionados directamente con el fortalecimiento de la democracia.
Lo que es por lo menos de igual significación, los líderes de la Cumbre de las Américas procuraron fortalecer la capacidad de la comunidad internacional para atender las amenazas a la democracia, antes de que se conviertan en crisis.
El 11 de septiembre de 2001, el secretario de Estado Colin Powell y sus colegas del hemisferio se reunieron en Lima con los auspicios de la Organización de los Estados Americanos para aprobar la Carta Democrática Interamericana que los líderes habían pedido en Quebec.
Esta carta aumenta la capacidad del hemisferio de prevenir trastornos inconstitucionales de la democracia, al definir los elementos esenciales de los gobiernos verdaderamente democráticos: separación de poderes, libertad de expresión y de prensa, respecto al imperio del derecho, una administración pública responsable, respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales y elecciones periódicas, libres y justas.
Es la Carta Democrática Interamericana la que echó los cimientos para que el secretario general de la OEA, César Gaviria, facilitara el diálogo durante la crisis política en Venezuela y asegurara una solución democrática, constitucional y electoral. Esta participación activa representa un cambio significativo en cuanto a cómo brega la comunidad internacional con las amenazas a los gobiernos democráticos, y sirve de modelo para la acción futura.
En la Cumbre de las Américas de 2001, el presidente Bush declaró que "la democracia es un viaje, no un destino". El 9 de junio de ese año, en la Asamblea General de la OEA en Santiago de Chile, los ministros de Relaciones Exteriores del hemisferio reafirmaron la necesidad de fortalecer el gobierno democrático. Esperamos que los líderes de la región avancen hacia este objetivo, junto con el crecimiento económico y el desarrollo social, en una Cumbre especial que tendrá lugar este año en México. Al hacerlo así, emitiremos una vigorosa declaración de que, como hemisferio, estamos decididos a continuar con este viaje democrático.
Este capítulo comenzó en la Cumbre de las Américas de la ciudad de Quebec, en abril de 2001. Allí el presidente Bush y los otros 33 jefes de Estado y Gobierno del hemisferio acordaron un programa ambicioso que tiene como elemento central un compromiso de hacer que la democracia funcione mejor.
Que la democracia haya sido el elemento central de una reunión de líderes del Hemisferio Occidental refleja uno de los mayores logros de las últimas décadas: que todos nuestros países, con excepción de uno, son ahora democráticos. Pero refleja también que hemos aprendido, en años recientes, que la consolidación de la democracia requiere algo más que celebrar elecciones.
La democracia alcanza su potencial pleno cuando es un instrumento práctico que tiene valor y relevancia inherentes en las vidas de las gentes. Esto significa que debemos fortalecer las instituciones que protegen la democracia y hacen que dé resultados. Debemos cultivar los partidos políticos que representan los intereses públicos y se colocan por encima de los personalismos, reformar los sistemas judiciales para que la justicia imparcial y profesional sea la norma, fortalecer las agencias ejecutivas que sirven con efectividad al bienestar común, y facultar a los ciudadanos para que participen.
Si hemos de evitar futuras crisis, la democracia no puede ser un deporte para espectadores. Los líderes de la Cumbre de Quebec, al tener presente esto, nos comprometieron con un plan de acción de amplio alcance que incluye mejorar los procesos electorales, aumentar la transparencia y el buen ejercicio del gobierno, asegurar la libertad de los medios de información, luchar contra la corrupción y dar facultades a los gobiernos locales.
Desde la Cumbre de Quebec, Estados Unidos ha venido colaborando con otros gobiernos para poner en práctica este programa ambicioso. En 2002 gastamos en la región más de 109 millones de dólares en programas relacionados directamente con el fortalecimiento de la democracia.
Lo que es por lo menos de igual significación, los líderes de la Cumbre de las Américas procuraron fortalecer la capacidad de la comunidad internacional para atender las amenazas a la democracia, antes de que se conviertan en crisis.
El 11 de septiembre de 2001, el secretario de Estado Colin Powell y sus colegas del hemisferio se reunieron en Lima con los auspicios de la Organización de los Estados Americanos para aprobar la Carta Democrática Interamericana que los líderes habían pedido en Quebec.
Esta carta aumenta la capacidad del hemisferio de prevenir trastornos inconstitucionales de la democracia, al definir los elementos esenciales de los gobiernos verdaderamente democráticos: separación de poderes, libertad de expresión y de prensa, respecto al imperio del derecho, una administración pública responsable, respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales y elecciones periódicas, libres y justas.
Es la Carta Democrática Interamericana la que echó los cimientos para que el secretario general de la OEA, César Gaviria, facilitara el diálogo durante la crisis política en Venezuela y asegurara una solución democrática, constitucional y electoral. Esta participación activa representa un cambio significativo en cuanto a cómo brega la comunidad internacional con las amenazas a los gobiernos democráticos, y sirve de modelo para la acción futura.
En la Cumbre de las Américas de 2001, el presidente Bush declaró que "la democracia es un viaje, no un destino". El 9 de junio de ese año, en la Asamblea General de la OEA en Santiago de Chile, los ministros de Relaciones Exteriores del hemisferio reafirmaron la necesidad de fortalecer el gobierno democrático. Esperamos que los líderes de la región avancen hacia este objetivo, junto con el crecimiento económico y el desarrollo social, en una Cumbre especial que tendrá lugar este año en México. Al hacerlo así, emitiremos una vigorosa declaración de que, como hemisferio, estamos decididos a continuar con este viaje democrático.