Un conocido en Panamá
Emilio González, actualmente Director de Inmigración de los EE.UU., no es un desconocido para Panamá, ni en Panamá. Ha estado varias veces en nuestro país, inclusive con su familia pasando vacaciones y tiene muchos conocidos y amigos.
El tras exitosa carrera militar después de 26 años en el ejercito, se retiró con el rango de Coronel. Fue luego profesor en West Point y ocupó algunos cargos diplomáticos. En el 2002, el presidente estadounidense Bush lo nombró en el Consejo de Seguridad Nacional encargado de los asuntos hemisféricos. Una posición indudablemente de gran responsabilidad y prestigio. A sus 51 años, maneja un presupuesto de $2,500 millones anualmente. En extenso artículo dedicado a destacar su personalidad, el Miami Herald del 13 de enero, dice, entre otras cosas: “el Sr. Emilio González tiene en su oficina un enorme tablero donde tiene escritas 11 metas que quiere lograr durante su liderazgo en la agencia. Cuando cumple una de ellas las tacha de la lista”. En cuanto al cumplimiento de mis objetivos manifestó: “Tengo una broma con el personal de mi oficina y les digo que cuando cumpla todas las metas me voy de la agencia. Estos siempre me responden que van a buscar más cosas para agregar a la lista”.
Sólo ha tenido un fracaso en una de sus metas y ella se refiere a la Ley de las Reformas Inmigratorias. Conocedor, como pocos, de los problemas de la inmigración latinoamericana de Estados Unidos (EE.UU.), fue uno de los que más se involucró en que el Senado aprobara las reformas a que tanto interés le había dedicado el presidente Bush. Tanto este mandatario como González fracasaron y es poco probable que en la presente administración la misma se haga realidad.
González salió de Cuba en 1961.
El caso de Emilio González demuestra claramente que EE.UU. es un país de oportunidades, donde el talento y méritos cuentan. Ingresó como inmigrante y 51 años después es Director de Inmigración.
La entrada a cualquier puerto de los EEUU se ha convertido en un verdadero dolor de cabeza para todas los que visitan su país. Sin embargo, hay más problemas de seguridad exigidos por la “ley patriótica” que las propias medidas de inmigración.