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Un cuarto de debate


José Miguel Alemán, candidato presidencial oficialista y el opositor Ricardo Martinelli protagonizaron el martes pasado un cuarto de debate, que no un debate completo, por la ausencia de los favoritos en las encuestas, el también opositor Martín Torrijos y Guillermo Endara, quienes lideran entre ambos al menos el 75%, o sea tres cuartos de la intención de voto.
Estos últimos decidieron no asistir al evento, que entre los cuatro aspirantes habían pactado desde hace meses, echando un balde de agua fría sobre los organizadores de la Fundación Etica y Civismo, de la sociedad civil.
Es obvio que los ausentes no quisieron arriesgar su posición preferencial y optaron por hacer tablas frente a sus rezagados adversarios, a quienes se circunscribió el devaluado debate. Ambos estuvieron más relajados que en los eventos previos, cuidándose de no hacerse daño entre sí, aporrear a los ausentes y lucirse ante la menguada teleaudiencia. Los tres principales canales de televisión se retiraron de la cadena tan pronto conocieron del retiro de los punteros.
¿Influirá en algo el resultado que ya se anticipa a favor de Torrijos o Endara? No es probable. Incluso Martinelli, último en las encuestas, quien se proyectó muy bien en el mini debate, acaso con ligera ventaja, no debe esperar sino fortalecer su posición para no ceder terreno a los demás.
Por otra parte, la cautela manifestada por Alemán respecto al problema del transporte fue su lado más endeble. En su afán de congraciarse con la corrupta dirigencia del ramo, no escatimó en halagos y favoreció el status quo, diciendo categóricamente que "no municipalizaría el transporte". Ello contrastó con Martinelli, que reiteró su idea de crear una corporación nacional de transporte, de la que serían los municipios y no los transportistas los que tendrían el control.
En el resto de los puntos de debate, la educación, la seguridad y la agroindustria fueron muy coincidentes, lo cual explica en parte la frialdad de la actual campaña, ausente de contrastes programáticos e ideológicos.
En fin, fue un evento mucho más flexible y mejor desenvuelto que los anteriores, en el que hizo mucha mella la ausencia lamentable de los favoritos.

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