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Un debate que no fue


Mis expectativas sobre el extenso programa montado por las televisoras nacionales eran muy bajas y me dispuse a seguir los consejos de un buen amigo: cuando te digan que enciendas la TV es hora de abrir un libro. A mi lado, alguien que me conoce mucho, me dijo que si pensaba ir a votar ??"como lo he hecho siempre, pero sin éxito- sería mejor que viera el debate.

Un debate es una confrontación de ideas, de opiniones, un intercambio de argumentos para dirimir controversias y también -para mi asombro- el diccionario acepta: contienda, lucha o combate. Nunca pensé que Durán y Leonard debatían. Pues bien, los dos candidatos con posibilidades de representarnos para solucionar los numerosos problemas que nos afectan en lo económico, político y social, escogieron el combate en su peor forma, el de la tiradera de patio entre dos vecinos que no se toleran.

Fue una hora y media de zapeo continuo desde el momento que un representante de la sociedad civil desparramó su kilométrica pregunta en forma de ensayo sobre las tres causas de la inseguridad pública y donde, dicho sea de paso, como en los buenos cuentos, la pregunta encerraba la respuesta. Lo mismo sucedió con el resto de los insignes dirigentes de las distintas organizaciones que suelen pedir en los medios claridad y transparencia, cosa que no han tenido en cuenta al hacer sus preguntas, y que contribuyeron a ese desaguisado de baja estofa que pareció un insulto a la inteligencia del pueblo panameño.

Creo que fue el peor intercambio de tonterías que he presenciado en mi vida. La señora echando las culpas de todos nuestros males a los colombianos y mexicanos. El señor trastabillando con las ideas y repitiendo su perorata contra el gobierno actual del que ya nadie quiere acordarse. Nadie preguntó por qué quieren ser presidentes y si tienen credenciales suficientes para ese "camarón". Belisario Porras y Harmodio Arias se me aparecieron en la pantalla como fantasmas del zapeo.

Luego del programa, en una mesa redonda de otro canal, el camaleónico conductor se esforzaba por no delatar a los televidentes que opinaban quién lo había hecho menos mal. Allí los "pundits" (eruditos) del patio dictaminaron que la contienda había sido una gran oportunidad para el pueblo panameño. Yo estoy de acuerdo, no porque opine como los eruditos de la mesa redonda, sino porque fue una gran oportunidad desperdiciada para que los ciudadanos midieran el nivel de la capacidad política e intelectual de los contrincantes que, ganen o pierdan, igual nos gobernarán, uno en la presidencia y el otro oponiéndose por ser oponente.

Sonará muy tremendista, pero el debate dejó al desnudo la mediocridad de nuestra dirigencia, tanto de los políticos como de los representantes de las organizaciones civiles que hicieron malas preguntas. Con excepción de algunos periodistas a los que no le respondieron el cómo, cuándo, cuánto y dónde que preguntaron.

En esa noche frustrante el país quedó flotando en el limbo y yo, desolado, terminé consultando a Kafka.

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