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Un debate urgente


Si algo caracteriza a la actual campaña política es el intercambio encendido y virulento de diatribas injuriosas entre quienes constituyen sus actores principales. Se trata de un contexto marcado por la velocidad de las imágenes fugaces y vacías de contenido, dirigidas a lo inconsciente e instintivo, donde el debate de propuestas alternativas resulta nulo. Nos encontraríamos, de acuerdo con Al Gore, lejos del plano de la conciencia, atrapados en el reino del ataque a la razón.

Es una realidad que puede encontrar una primera explicación en la naturaleza íntima de los partidos político existentes, los cuales más que organismos portadores de visiones ideológicas y programáticas alternas, constituyen cadenas de transmisión de los intereses económicos que los dominan, así como verdaderas franquicias electorales, que les permite a sus principales agremiados, siempre y cuando cuenten con los recursos necesarios para costear una campaña, participar en lo que puede calificarse como el mercado de los llamados puestos de elección popular. No es, entonces, extraño que en un reciente trabajo elaborado por Ernesto Stein y Mariano Tommasi para la CEPAL, Panamá aparezca calificada con un valor equivalente a cero en la medición referente a los partidos políticos con contenido programático.

Una segunda explicación se refiere a la ausencia de diferencias reales entre los partidos políticos. Todas las opciones electorales existentes provienen de matrices políticas alineadas, por oportunismo o convicción, con la idea de que la aplicación de lo que Stiglitz llama el fundamentalismo de mercado llevaría automáticamente a la solución de todos los problemas sociales. En su modo clásico, esta visión toma la forma de la teoría del rebalse, según la cual primero se debe crecer económicamente para que luego aparezca espontáneamente la equidad.

Pese a un crecimiento económico que resultó extraordinario, que se sustentó en el ambiente global generado por la fase ascendente de la burbuja financiera internacional, el esquema propuesto ha sido incapaz de resolver los graves problemas nacionales. Tomando como ejemplo el problema del empleo encontramos que, pese a una cifra oficial que marca un desempleo de apenas 5.6%, lo cierto es que 44% de los trabajadores no agrícolas se halla en el sector informal, mientras que sólo 35% de los del sector agropecuario puede ser calificados de empleados plenos. Los efectos de esto sobre el bienestar de la población son evidentes: el 41% de los trabajadores no agrícolas y el 91% de los agrícolas viene recibiendo una remuneración inferior al salario mínimo.

Si a lo anterior se agrega que los efectos de la actual crisis internacional, más allá de desmantelar el fundamento conceptual del fundamentalismo de mercado, llevará a una notable pérdida de dinamismo en nuestra economía, así como a un creciente desempleo y precariedad laboral, resulta indispensable que la discusión política, colocada ahora en el plano de la razón, se guíe hacia un debate profundo en cuanto a la forma de enfrentar tanto los problemas estructurales que aquejan al país como los que resultarán de la actual crisis internacional. La discusión sobre el llamado estilo de desarrollo y gobernabilidad resulta una prioridad impostergable, por lo que desde la posición de nuestra candidatura independiente, alternativa y popular, proponemos el inicio inmediato de este ejercicio.

jovajun@yahoo.com

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