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Un discurso en construcción


Martín Torrijos definió en su discurso del pasado Directorio Nacional del PRD, nuevas coordenadas para la relación entre el gobierno y la oposición, en el marco del sistema democrático vigente en el país. Sus palabras, al romper el molde tradicional de la descalificación del adversario, mediante la crítica destructiva sin propuestas, introducen un sentido discursivo de contracorriente que por revolucionario- podría significar los inicios de una nueva forma de hacer política, por lo menos desde la oposición.
El secretario general del partido definió al respecto seis nuevos conceptos, a saber: que el PRD sea de la sociedad y no exclusivo de sus militantes o dirigentes; crítico frente a los errores del gobierno y constructivo ante las necesidades de la gente; que sea capaz de proponer alternativas, de censurar errores, pero también de reconocer y estimular los aciertos; cercano a su pueblo, porque la gente no apoya a quien no está a su lado, a quien no le interesa sus problemas y a quien no lo siente cerca; que no necesite deteriorar las bases de la convivencia democrática para derrotar al adversario, o sea, que no necesite destruir el país para criticar al gobierno y que sea consciente de que no basta con lo que hizo en el pasado para ganar en el futuro.
Para que un partido sea de todos y no de sus militantes o dirigentes, tiene que abrirse a la sociedad; que ésta participe abiertamente en la elección, tanto de quien lo dirige como de sus candidatos. Tiene que ser capaz de sumar a los distintos sectores sociales a un proyecto político común, para lo cual los intereses de las individualidades tienen que verse reflejados en el interés del colectivo y sus militantes aceptar que los intereses de la sociedad están por encima que los del partido.
Ser crítico frente a los errores del gobierno y constructivo ante las necesidades de la gente significa tal vez uno de los cambios conceptuales más notorios del discurso de Martín. La crítica constructiva, como método de oposición política no es común en las sociedades como la nuestra, más dada, por su nivel cultural, a la crítica despiadada y sin tregua frente al adversario. Por eso, Martín propone acercar el PRD a la gente, ya que esta no quiere a un partido " perequero" y desunido, preocupado por la grilla de cómo recuperar el poder o tumbar al compañero dirigente y no en proponerle soluciones de cómo disminuir el desempleo y la pobreza o de cómo mejorar las condiciones de salud y educación de los que poco tienen.
Al medirse la conducta que espera la sociedad de parte del PRD en las actuales circunstancias del país- gobierno incapaz y deterioro económico- una proporción mayoritaria demanda un partido que vaya más allá del discurso histórico, porque la autoridad ganada por el partido- por las buenas gestiones públicas realizadas en el pasado- lo convierte en un actor social autorizado para proponer soluciones creativas a la grave situación económica del país. Pero también insiste y con razón en que no bastan para ganar en el 2004, los resultados del pasado perredista registrados por la sociedad, tales como la recuperación del Canal o la implantación de nuevas estructuras económicas y sociales; para lograr la vuelta al poder se requiere de un partido nuevo en su función opositora actual.
La transición democrática, el proceso por el cual la voluntad popular transita de un partido político a otro durante el ejercicio electoral, presupone la existencia de dos partes: gobierno y oposición y la convivencia entre las dos presupone el respeto de cada un de ellas por el espacio vital de la otra. Por ello, Martín plantea que para llegar al poder no necesita destruir a su adversario, porque éste será su oposición a partir del 2004 y se requiere preservar su vigencia para que el sistema y la convivencia democrática se consoliden y reemplacen al viejo paradigma de líderes fuertes e instituciones débiles. Remata recordando que "no hay que destruir el edificio para quedarse con el terreno".
El nuevo discurso en construcción tiene una base de apoyo social que empieza a expresarse, cuando en las últimas de las encuestas públicas conocidas el PRD registra el mayor nivel -47.3 % - de las simpatías de los encuestados; Martín aumenta seis puntos para mantenerse en el primer lugar 33.1%- de la propensión a votar para presidente de la República y el 42.2% de los panameños lo considera la figura que lidera la oposición política en Panamá. Adicionalmente, en una encuesta no pública conocida por el autor, el 85% de los miembros del PRD quiere a Martín Torrijos como el candidato presidencial de su partido para el 2004. ¿ Quieren más? .

101 años de Panamá América

 
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