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Un elefante en la cristalería



Una cultura democrática le infunde a sus ciudadanos la certeza de que la seguridad ciudadana no se funda en la violación de los derechos y garantías constitucionales. El que piensa que es necesario despojarse de ciertas libertades ciudadanas para obtener más seguridad se quedará al final sin las libertades y sin seguridad. Por eso es importante no perder de vista que la democracia se funda en la protección de los derechos de las personas y que ello significa que el margen de actuación de las autoridades está limitado por esos derechos.
Esa no parece haber sido la convicción de los que animaron la elaboración del proyecto 292, por el cual se dictan "medidas para garantizar la seguridad ciudadana".
El espíritu original de ese proyecto está inspirado en una idea superficial y equivocada, que consiste en darle todo el poder a los buenos para que acaben con los malos. Como resultado de ese desenfoque, en materia de respeto a los derechos constitucionales, la propuesta del Ejecutivo se comporta como un elefante en una cristalería, que por no tener el debido cuidado, el esmero y la precisión de las soluciones, termina destrozando los bienes más delicados que poseen los ciudadanos en una democracia. En este contexto hay que resaltar la labor reparadora de la Comisión de Gobierno de la Asamblea Nacional. Los diputados se dieron a la tarea de eliminar artículos que eran abiertamente inconstitucionales y reordenar la redacción de otros para hacerlos cónsonos con el respeto a las libertades.
Tal como fue aprobado en primer debate, el proyecto 292 ha experimentado una notable mejoría con respecto a la chapucería presentada originalmente. Sin embargo, todavía quedan por afinar ciertos detalles que podrían ser mejor visibilizados si los miembros de la Asamblea entendieran de una vez por todas que no hay que violar los derechos humanos de nadie para mejorar los niveles de protección y seguridad.

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