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Un enfoque de desarrollo y participación comunitaria


Para transformar una sociedad no podemos depender solamente de la creación de planes y proyectos bien elaborados, desde el punto de vista técnico, es fundamental la capacidad que tienen algunos sectores de la sociedad para incorporar cambios. Hay corrientes de transformación social orientadas a la práctica, deben identificar clases o grupos focales para el orden de cambios deseados.
Existe un creciente asombro ante la magnitud de las crisis políticas, económicas y sociales, paralelamente, y esto debe tenerse muy en cuenta, un análisis cuidadoso de lo que ocurre ámbito local, descubriéndose un sinnúmero de acciones, experiencias, proyectos, que si bien es cierto no resuelven el problema de desarrollo desequilibrado, pueden llevarnos a determinadas alternativas. Simultáneamente se imponen estrategias y programas amplios, debemos evaluar si a nivel local no están ocurriendo acciones transformadoras, a partir de las comunidades, con experiencias portadoras de futuro. Evitemos la ilusión, no pretendamos una transformación gradual y progresiva a partir de la acumulación de pequeños proyectos aislados.
Muchos proyectos fueron y siguen siendo experimentos sociales, no siempre se obtuvo resultado positivo, pero otros son portadores de efecto multiplicador y de irradiación. Nuestro reto es saber detectar, en situaciones concretas, cuáles tienen realmente dinamismo creador.
La pobreza como fenómeno social y como problema central de las políticas de desarrollo, llega cada vez a grados intolerables, pero esta pobreza hay que relacionarla necesariamente con la equidad.
Por otro lado, la sociedad civil es una amplia arena en donde se cruzan propuestas alternativas, alianzas y conflictos se hacen y se deshacen. Simultáneamente ocurre, en algunos casos, un creciente autoritarismo de estructuras políticas, a nivel de las organizaciones sociales locales, crecen iniciativas de organización y participación de la comunidad. Tal vez a partir de esas nuevas expresiones de organización de las comunidades se pueden estar brindando caminos alternativos de participación.
Todo esto nos indica que tenemos que encontrar experiencias de participación que se estén dando en nuestro país y en la región. La participación no puede ser dirigida a una población indiferenciada y abstracta. Los pobres como grupo social rezagado, no es objeto de un proceso alternativo si se mantiene como grupo pasivo y carente. La participación tiene diferentes niveles, nosotros apostamos a una participación real, integral, transformadora de la realidad, con mediaciones adecuadas que garanticen la efectividad de esa participación, la capacitación es inherente al proceso de participación, los criterios de participación y capacitación deben estar dentro de nuestra realidad, están en la misma población.

101 años de Panamá América

 
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