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Un espacio por derecho


Qué es lo que hace sentirme parte de un conglomerado social, sino el sentido de pertenencia propio de un interés o intereses comunes. Cuando no existe afinidad racional o sensorial entre dos personas, muy difícil sería un acuerdo, a no ser que se disponga por un objetivo distinto a los presentados, ceder las predisposiciones.
Un diálogo intergeneracional presupone diferencias universales: cultura, pensamiento generacional, temporalidad, modalidad y espacio. No se trata de sentar a un viejo y a un joven, sino de unir tiempos en un mismo espacio, ¿es posible?.
Es claro a simple deducción que las diferencias son reales, incluso el desarrollo cronológico de nuestra razón nos hace concluir muchas veces que las actitudes pasadas, buenas o malas, hubiesen podido ser mejoradas, a fin de obtener un mejor resultado.
Quizás el problema fundamental no radica en los sujetos pertenecientes a determinada generación, viejos versus jóvenes, sino en la estructura social en sí, fruto de las actuaciones y valores de generaciones pasadas.
El espacio social en el que distintas generaciones pretenden formular sus diferencias está plagado de vicios morales, nos enfrentamos a una decadencia generacional más que a posiciones generacionales presentes o futuras, que los efectos sí sean perjudiciales para el postrer, es indudable.
No hay que olvidar que la lucha de contrarios ha sido el motor del mundo. Generaciones distintas son contrarias; la juventud es un tiempo, una generación dentro del ámbito biológico.
Lo que puede hacer una generación por otra es preservar sus bases, pues jamás una generación presente podrá resarcir lo que su pasada hizo, a menos que esta última cultive la presente a fin de que sus frutos puedan ser modificados para el futuro y que la misma esté dispuesta a cambiar y perdonar lo que su pasada hizo u omitió.
El problema del método en un diálogo intergeneracional se plantea en la manera como pueden ser proyectadas las diferencias, o bien, tal vez no se haya pensado que la generación actual joven tiene claras las diferencias intergeneracionales. Lo que se exige como condicionante es el espacio generacional correspondiente; es decir, el relevo generacional que le da vitalidad a la sociedad.
Las discusiones se han desviado hacia situaciones subjetivas, que los adultos dicen de la juventud: rebeldes, impacientes, egocéntricos, libertinos; que los jóvenes de los adultos: incomprensivos, autoritarios.
El marco de respeto intergeneracional se desvirtúa, consecuentemente estructurándose en una lucha de bandos opuestos, que obviamente se caracteriza por un actuar de quién es el vencedor, cuando a la verdad debiese ser un proceso de renovación social.
Un problema de fondo es que las generaciones pasadas han hecho de la sociedad panameña un conglomerado electoral, donde quienes han estado al mando gubernamental siempre controlan el poder en todos sus sentidos, económico, político, etc. Despojando así el espacio generacional correspondiente a quienes pertenecemos en debido tiempo a la generación joven presente.
Un espacio por derecho generacional propio es lo que se reclama, las diferencias existentes se mantendrán siempre porque son cualidades intrínsecas a la temporalidad de las generaciones.
La juventud se está armando de ideas, está dispuesta a sentarse en cualquier espacio, siempre y cuando la generación pasada que controla el presente ceda un espacio decisorio a la generación actual de jóvenes, dándoles mejores condiciones de vida y reconociéndole derechos individuales y sociales. Es la diferencia esencial. Se sabe que quien vive más, mayor experiencia tiene; sin embargo no por ello se debe coartar un espacio de decisión real en la sociedad.
Ser juzgados y excluidos por adultos acrecenta el abismo generacional, por lo que la juventud debe tener la oportunidad de pensar y hablar por ella, así como también, ser criticada y juzgada por sí misma.
* Asesor del Consejo Nacional de la Juventud Panameña (CONAJUPA)

101 años de Panamá América

 
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