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Un estadista de verdad II


Ayer emprendimos la tarea imposible de exponer la obra de gobierno del presidente Ernesto de la Guardia Navarro y, como es natural, dejamos muchos aspectos por abordar, tanto como los que quedarán pendientes en esta segunda entrega. Dijimos que el secreto de su buena gestión de gobierno radicó en rodearse del mejor talento de la época, no importa que fueran independientes o sus adversarios. Y otro detalle sin precedentes, es el haberse guiado por el primer Programa de Gobierno hecho hasta entonces, que elaboró antes de la campaña que lo llevó a la presidencia.
Gracias a ello, cosechó un sinnúmero de realizaciones, entre ellas, novedosas legislaciones: el Código Fiscal, el Código Electoral (antes no había ni lista de votantes) y la ley de Obras por Valorización. Creó instituciones nuevas como: el Instituto de Turismo, el Instituto Ganadero y el Departamento de Planificación Económica. Ejecutó magnas obras públicas tales como la pavimentación de la Interamericana desde Paso Canoas hasta Santiago e hizo posible el inicio de la construcción del actual Puente de las Américas, comparables al nuevo puente que se trabaja de hoy y al ensanche de la Interamericana emprendidos por los presidentes Pérez Balladares y Mireya Moscoso, e impulsó el desarrollo ordenado de San Miguelito.
El manejo que dispensó a las finanzas públicas fue también ejemplar, no sólo por la rectitud como se condujeron las licitaciones, sino también por el riguroso balance presupuestario que, en ocasiones arrojó superávit, al igual que por la cautela y buen criterio de manejo de la deuda, la cual nunca se usó para gastos de operaciones sino para inversiones productivas, según relata Rubén Darío Carles, su ministro de Hacienda.
Su visión llegó tan lejos como a dar los primeros pasos de planificación y de ejecución del saneamiento de la Bahía de Panamá, a través del legendario Roberto Reyna. Emprendió igualmente la salvaguarda de la solvencia del Seguro Social aumentando la cuota, pero condicionado al inicio de operaciones del actual complejo hospitalario de Vía Bolívar. Con eso mostró coraje de decisión e ingenio.
En política exterior, a través de su canciller Aquilino Boyd, tuvo la audacia de posicionar a Panamá a favor de la no intervención de las grandes potencias contra Egipto en el conflicto de Suez y a favor de la unidad de Alemania, dividida en dos.
En la administración de justicia, dio un paso decisivo al nombrar como magistrado de la Corte a un jurista probo y ejemplar como Angel Lope Casís, quien luego presidió el organismo, para lo cual siguió los consejos de sus asesores Erasmo de la Guardia y Germán López, dos de los más preclaros juristas nacionales de todos los tiempos. Decía que su objetivo era "dignificar, prestigiar y exaltar la administración de justicia, exigiendo mayor idoneidad profesional y moral a los funcionarios y colocando a los abogados, que son parte de la judicatura, en el mismo pie de capacidad y ética". Derroteros que muchos de sus sucesores, de hoy y ayer, perdieron en el camino.

101 años de Panamá América

 
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