Un gobierno de acción comunal
La mayoría de las administraciones gubernamentales de los últimos cincuenta años, han ubicado las áreas urbanas para desarrollar sus planes de gestión de trabajo -tal vez porque están más pobladas y presentan un sinnúmero de problemas sociales- por ello, el desequilibrio y la concentración de la riqueza y los polos de desarrollo en un mismo lugar, en detrimento de los que viven en el interior del país, zonas indígenas y el mismo crecimiento uniforme de la sociedad sin distingo de clase.
Políticamente esta estrategia tiene su razón de ser, y la misma estriba en que son los centros urbanos los que mayor cantidad de población concentra, que representa -supuestamente- igual número de votos en las urnas. Algunos sostienen que es aquí donde se decide la presidencia de la República y todo su andamiaje; entonces habría que trabajar y realizar obras donde están los votos. Así piensan los gobernantes politiqueros, no así los estadistas.
El actual gobierno -no porque sea encabezado por una mujer del campo- ha dirigido todo su accionar a la gestión comunal, donde la mayoría de las obras tienen un carácter básico social. Ello se debe en parte, a un compromiso de campaña y a la continuidad de programas inconclusos de anteriores administraciones con la misma línea partidaria que la actual. Esto tiene su costo político; pero a su vez, una recompensa espiritual que sólo se nutre con lograr el bienestar de los que menos tienen.
En la medida en que el hombre que vive en el campo pueda satisfacer sus necesidades básicas, de esa manera se evitarían las emigraciones hacia zonas urbanas en busca de mejores oportunidades. Es responsabilidad de los gobiernos la aplicación de programas, con proyectos que beneficien a corto y mediano plazo, el estilo de vida de ese gran potencial humano olvidado. El gobierno ha sido muy atinado con respecto al respaldo financiero y la asesoría técnica a los sectores agropecuarios. Por aquí inicia todo.
La construcción y habilitación de las vías de comunicación, es otro factor determinante para atacar la pobreza y el desempleo en las áreas rurales. El traslado a tiempo de los productos para su mercadeo, genera una dinámica de autosostenibilidad al engranaje de la economía de ese sector y su gente. Los que gobiernan lo saben y trabajan en ello, a sabiendas que esto no produce votos, al menos para decidir una elección presidencial; pero lo están haciendo.
La dinámica de gestión que está desarrollando el gobierno en el interior de la República, requiere de otro aliado, el cual se fundamenta en el fortalecimiento de los gobiernos locales. La descentralización municipal sería de mucho beneficio para canalizar los planes y la logística; así como los recursos y algunas responsabilidades que ya pueden ser trasladadas a estas instituciones ligadas por naturaleza a la comunidad.
Obviamente que no hay gobierno bueno ni malo, en realidad lo que existe son, administraciones responsables y comprometidas con el bienestar social. La vieja práctica de llevar la gestión del gobierno a un lugar específico para sacar provecho político, es una norma desfasada que ya no tiene cabida en la agenda de trabajo de las administraciones de avanzada. El reto es difícil, partiendo de las limitaciones de los recursos para satisfacer la gran demanda de servicio, sin descuidar las áreas, llámense rurales o urbanas, a través de una gestión de gobierno de acción comunal.
Políticamente esta estrategia tiene su razón de ser, y la misma estriba en que son los centros urbanos los que mayor cantidad de población concentra, que representa -supuestamente- igual número de votos en las urnas. Algunos sostienen que es aquí donde se decide la presidencia de la República y todo su andamiaje; entonces habría que trabajar y realizar obras donde están los votos. Así piensan los gobernantes politiqueros, no así los estadistas.
El actual gobierno -no porque sea encabezado por una mujer del campo- ha dirigido todo su accionar a la gestión comunal, donde la mayoría de las obras tienen un carácter básico social. Ello se debe en parte, a un compromiso de campaña y a la continuidad de programas inconclusos de anteriores administraciones con la misma línea partidaria que la actual. Esto tiene su costo político; pero a su vez, una recompensa espiritual que sólo se nutre con lograr el bienestar de los que menos tienen.
En la medida en que el hombre que vive en el campo pueda satisfacer sus necesidades básicas, de esa manera se evitarían las emigraciones hacia zonas urbanas en busca de mejores oportunidades. Es responsabilidad de los gobiernos la aplicación de programas, con proyectos que beneficien a corto y mediano plazo, el estilo de vida de ese gran potencial humano olvidado. El gobierno ha sido muy atinado con respecto al respaldo financiero y la asesoría técnica a los sectores agropecuarios. Por aquí inicia todo.
La construcción y habilitación de las vías de comunicación, es otro factor determinante para atacar la pobreza y el desempleo en las áreas rurales. El traslado a tiempo de los productos para su mercadeo, genera una dinámica de autosostenibilidad al engranaje de la economía de ese sector y su gente. Los que gobiernan lo saben y trabajan en ello, a sabiendas que esto no produce votos, al menos para decidir una elección presidencial; pero lo están haciendo.
La dinámica de gestión que está desarrollando el gobierno en el interior de la República, requiere de otro aliado, el cual se fundamenta en el fortalecimiento de los gobiernos locales. La descentralización municipal sería de mucho beneficio para canalizar los planes y la logística; así como los recursos y algunas responsabilidades que ya pueden ser trasladadas a estas instituciones ligadas por naturaleza a la comunidad.
Obviamente que no hay gobierno bueno ni malo, en realidad lo que existe son, administraciones responsables y comprometidas con el bienestar social. La vieja práctica de llevar la gestión del gobierno a un lugar específico para sacar provecho político, es una norma desfasada que ya no tiene cabida en la agenda de trabajo de las administraciones de avanzada. El reto es difícil, partiendo de las limitaciones de los recursos para satisfacer la gran demanda de servicio, sin descuidar las áreas, llámense rurales o urbanas, a través de una gestión de gobierno de acción comunal.