Un gobierno en picada
Con el desprecio hacia la clase humilde que durante estos tres años ha mostrado el gobierno de la presidenta Mireya Moscoso, no era de extrañar que la mandataria vetara, como en efecto lo ha hecho, el proyecto de ley que aumenta hasta un tope de 800 balboas el cálculo del XIII mes a los servidores del Estado, perjudicando con esta decisión a la gran mayoría de los funcionarios.
En contraposición, el Consejo de Gabinete aprueba, a tambor batiente, el proyecto de ley sobre las reformas tributarias con que el Gobierno busca desesperadamente incrementar los ingresos del Estado, por cierto, mal administrados, y que a quienes mayormente perjudicará será, precisamente, a la clase trabajadora y a los estratos de clase media.
Como tercera jugada en desmejoramiento de la clase popular, se discute en el pleno de la Asamblea Legislativa el proyecto de ley sobre las reformas electorales, modificado por el Organo Ejecutivo para hacerlo a imagen y semejanza de los caprichos de la cúpula de un único partido: el Arnulfista.
El observador acucioso podrá detectar que en todas estas medidas hay una especie de temor oculto (o mejor dicho, convicción) frente a lo que pueda pasar en mayo del 2004, lo que conlleva una actitud de desesperación, de "arrebatiña" y de prepararse para lo peor.
Lo explico en detalles. Aumentar el tope del XIII mes a los servidores públicos por supuesto que representa mayor erogación al gobierno, dinero que no iría a parar precisamente a los bolsillos de quienes han usufructuado de las arcas del Estado durante estos tres años, de lo contrario, no cabe la menor duda que el proyecto hubiera sido aprobado. La excusa de inexequible no convence a nadie, ya que anteriormente la mandataria ha aprobado proyectos de leyes más que inexequibles, reprochables.
222 .. el pueblo no debe esperar medidas a su favor, porque todo lo que haga el gobierno será en previsión para cuando sean derrotados en mayo del 2004 y dejen el poder.
En el segundo aspecto, quién garantiza que los dineros extras que se recauden producto de las reformas tributarias van a mejorar las arcas estatales y no será repartido como un pastel de cumpleaños entre quienes detentan el poder. Hay demasiada desconfianza en la forma como hasta ahora se han manejado los dineros del Estado, por lo que implantar medidas para aumentar las recaudaciones deja una estela de dudas en la población en torno al destino final de estos ingresos adicionales.
Por último, las reformas electorales. En primer lugar, se elimina la obligatoriedad de los partidos políticos de realizar primarias para escoger a sus candidatos presidenciales. Conocida la pugna que hay entre la cúpula del Partido Arnulfista y el aspirante a candidato presidencial (no inscrito) por este partido, Alberto Vallarino, es fácil deducir a qué viene esta modificación. En segundo lugar, se rebaja un punto (de 5 a 4) el porcentaje de la cantidad de adherentes que debe tener un partido político para subsistir como tal, luego de la contienda electoral del 2004.
Esto, de hecho, es una medida pro activa de los arnulfistas que saben que después de las elecciones de mayo del 2004 su cantidad de adherentes bajará tanto, que podría poner en peligro su subsistencia como partido político.
Como vemos, son todas medidas a futuro, pero no por el futuro o un mejor porvenir del país, sino previendo el período de vacas flacas (esto en cuanto a seguir usufructuando de las arcas del gobierno) que les espera a los que hoy tienen a este pueblo sumido en la miseria, en el desgobierno y en la falta de esperanzas de que la situación económica mejore en el periodo que le resta a este gobierno.
De aquí en adelante, el pueblo no debe esperar, en los próximos dos años, medidas a su favor, porque todo lo que haga el gobierno de la presidenta Mireya Moscoso será en previsión para cuando sean derrotados en mayo del 2004 y dejen el poder.
Hasta entonces, la consigna debe ser paciencia, prudencia y mucha memoria para recordar la corrupción, el nepotismo, la improvisación y el cinismo de que ha hecho gala este gobierno, y no volver a cometer el error de elegir un gobernante como el que tenemos desde septiembre de 1999.
En contraposición, el Consejo de Gabinete aprueba, a tambor batiente, el proyecto de ley sobre las reformas tributarias con que el Gobierno busca desesperadamente incrementar los ingresos del Estado, por cierto, mal administrados, y que a quienes mayormente perjudicará será, precisamente, a la clase trabajadora y a los estratos de clase media.
Como tercera jugada en desmejoramiento de la clase popular, se discute en el pleno de la Asamblea Legislativa el proyecto de ley sobre las reformas electorales, modificado por el Organo Ejecutivo para hacerlo a imagen y semejanza de los caprichos de la cúpula de un único partido: el Arnulfista.
El observador acucioso podrá detectar que en todas estas medidas hay una especie de temor oculto (o mejor dicho, convicción) frente a lo que pueda pasar en mayo del 2004, lo que conlleva una actitud de desesperación, de "arrebatiña" y de prepararse para lo peor.
Lo explico en detalles. Aumentar el tope del XIII mes a los servidores públicos por supuesto que representa mayor erogación al gobierno, dinero que no iría a parar precisamente a los bolsillos de quienes han usufructuado de las arcas del Estado durante estos tres años, de lo contrario, no cabe la menor duda que el proyecto hubiera sido aprobado. La excusa de inexequible no convence a nadie, ya que anteriormente la mandataria ha aprobado proyectos de leyes más que inexequibles, reprochables.
222 .. el pueblo no debe esperar medidas a su favor, porque todo lo que haga el gobierno será en previsión para cuando sean derrotados en mayo del 2004 y dejen el poder.
En el segundo aspecto, quién garantiza que los dineros extras que se recauden producto de las reformas tributarias van a mejorar las arcas estatales y no será repartido como un pastel de cumpleaños entre quienes detentan el poder. Hay demasiada desconfianza en la forma como hasta ahora se han manejado los dineros del Estado, por lo que implantar medidas para aumentar las recaudaciones deja una estela de dudas en la población en torno al destino final de estos ingresos adicionales.
Por último, las reformas electorales. En primer lugar, se elimina la obligatoriedad de los partidos políticos de realizar primarias para escoger a sus candidatos presidenciales. Conocida la pugna que hay entre la cúpula del Partido Arnulfista y el aspirante a candidato presidencial (no inscrito) por este partido, Alberto Vallarino, es fácil deducir a qué viene esta modificación. En segundo lugar, se rebaja un punto (de 5 a 4) el porcentaje de la cantidad de adherentes que debe tener un partido político para subsistir como tal, luego de la contienda electoral del 2004.
Esto, de hecho, es una medida pro activa de los arnulfistas que saben que después de las elecciones de mayo del 2004 su cantidad de adherentes bajará tanto, que podría poner en peligro su subsistencia como partido político.
Como vemos, son todas medidas a futuro, pero no por el futuro o un mejor porvenir del país, sino previendo el período de vacas flacas (esto en cuanto a seguir usufructuando de las arcas del gobierno) que les espera a los que hoy tienen a este pueblo sumido en la miseria, en el desgobierno y en la falta de esperanzas de que la situación económica mejore en el periodo que le resta a este gobierno.
De aquí en adelante, el pueblo no debe esperar, en los próximos dos años, medidas a su favor, porque todo lo que haga el gobierno de la presidenta Mireya Moscoso será en previsión para cuando sean derrotados en mayo del 2004 y dejen el poder.
Hasta entonces, la consigna debe ser paciencia, prudencia y mucha memoria para recordar la corrupción, el nepotismo, la improvisación y el cinismo de que ha hecho gala este gobierno, y no volver a cometer el error de elegir un gobernante como el que tenemos desde septiembre de 1999.