Un horizonte con sentido para todos
La vida de un país es la historia de un compromiso compartido o el relato de continuas frustraciones. El desafío está en juntar los anhelos cotidianos, las identidades disímiles, las tensiones existenciales, los imaginarios culturales, los vínculos sociales y construir una armonía entre el conjunto de subjetividades humanas y las instituciones del Estado. En Panamá ni la estabilidad democrática ni el desarrollo humano se aseguran por la sola existencia de la democracia formal o el crecimiento económico. Eso plantea el dilema de las desigualdades. Las estrategias de desarrollo por sí solas no garantizan la edificación de una sociedad equitativa. La perversa espiral del incremento de las desigualdades entre los pobres y los ricos es una diferencia escandalosa que afecta la dignidad de la mayoría de panameños. La inequidad compromete la cohesión social y amenaza la paz y la estabilidad como Nación.
El actual modelo económico está poniendo a prueba la fortaleza del gobierno del presidente Martín Torrijos. Sus resultados colocan al país ante la necesidad de construir un proyecto alternativo de desarrollo que garantice un crecimiento sustentable, empleos de calidad, eliminación de la pobreza, atención de las necesidades sociales y equidad en la distribución del ingreso.
¿Qué ocurre en Panamá en estos días? ¿Cuál es el rostro que muestran actualmente los políticos? ¿Cuál es el comportamiento de la clase empresarial, de los sindicatos, de los gremios, de la sociedad organizada, de las confesiones religiosas? ¿Quiénes serán los actores sociales que le darán sustento a esa construcción alternativa de desarrollo que pasa por democratizar el poder económico? Sin duda que el Estado panameño debe jugar un papel más activo en las áreas cruciales para el desarrollo económico y el bienestar de la población. Pero están los numerosos actores sociales a los cuales corresponde construir un horizonte que tenga sentido para todos los panameños. Al gobierno le corresponde ejecutar una nueva política frente a quienes pretenden reeditar las viejas prácticas clientelares. El asistencialismo no puede ser un remedio permanente.
La pobreza de pensamiento conduce a la pobreza real, la falta de ideas también produce falta de alimentos, salud, educación e inseguridad ciudadana, los principales problemas de Panamá. La pobreza está relacionada, además, con la corrupción. Prevenir y sancionar los actos de corrupción requiere conocer sus formas y manifestaciones. Además de la voluntad política para ponerle fin, es indispensable un eficaz sistema de investigación, una razonable celeridad en la acción judicial y un compromiso social en favor de la legalidad. El desafío alcanza, entonces, a toda la sociedad, a quienes sostienen y luchan por sus principios y sus valores, a los conformistas, a los escépticos e, incluso, a los resignados a la práctica de lo ilegal.
Torrijos ha planteado que el gran reto nacional es cambiar al país. Una tarea difícil, peligrosa y arriesgada porque implica vencer resistencias sobretodo de quienes falsifican el orden democrático para oponerse al cambio. Desde el gobierno ha buscado la unidad en la diversidad, el consenso a favor del imperio de la ley y de la tolerancia a las diferencias. Ha demostrado una conducta diferente, un liderazgo con prudencia, moderación y decencia.
En su mensaje de primer año de gobierno habló del país diferente, del Panamá que está cambiando. Llamó a renovar las expectativas por un futuro mejor y cuestionó a los políticos que no han desechado sus prácticas tradicionales y que buscan robarle las esperanzas a la mayoría de la población. La Nación requiere la construcción de una cultura de transparencia y honestidad, en la que los vientos de verdad, paz, dignidad, desprendimiento, sensibilidad, solidaridad social impulsen a la sociedad por mejores rutas y generen escenarios donde haya menos mezquindad, más humanismo y mayor justicia.
Torrijos no es un mago. Es un gobernante con sus aciertos y errores que no llegó al Palacio de las Garzas para dejar sus ideas en la puerta. Está poniendo énfasis en la capacidad del Estado para atender los problemas sociales y en la recuperación de la confianza popular. Pero no se sustenta ni en la prepotencia, ni en la demagogia ni en un populismo que explota la ignorancia de los sectores empobrecidos.
Panamá puede dar de sí lo mejor. Construir un horizonte con sentido para todos, es establecer las bases para que la Nación salga adelante. Es colocar los fundamentos de una sociedad donde participe la gente, donde existan oportunidades para todos y se produzcan resultados de bienestar para todos. Este es el tiempo de convocar, de unir esfuerzos, de compartir como habitantes de una misma tierra que viajan juntos en este territorio que se llama Panamá.
El actual modelo económico está poniendo a prueba la fortaleza del gobierno del presidente Martín Torrijos. Sus resultados colocan al país ante la necesidad de construir un proyecto alternativo de desarrollo que garantice un crecimiento sustentable, empleos de calidad, eliminación de la pobreza, atención de las necesidades sociales y equidad en la distribución del ingreso.
¿Qué ocurre en Panamá en estos días? ¿Cuál es el rostro que muestran actualmente los políticos? ¿Cuál es el comportamiento de la clase empresarial, de los sindicatos, de los gremios, de la sociedad organizada, de las confesiones religiosas? ¿Quiénes serán los actores sociales que le darán sustento a esa construcción alternativa de desarrollo que pasa por democratizar el poder económico? Sin duda que el Estado panameño debe jugar un papel más activo en las áreas cruciales para el desarrollo económico y el bienestar de la población. Pero están los numerosos actores sociales a los cuales corresponde construir un horizonte que tenga sentido para todos los panameños. Al gobierno le corresponde ejecutar una nueva política frente a quienes pretenden reeditar las viejas prácticas clientelares. El asistencialismo no puede ser un remedio permanente.
La pobreza de pensamiento conduce a la pobreza real, la falta de ideas también produce falta de alimentos, salud, educación e inseguridad ciudadana, los principales problemas de Panamá. La pobreza está relacionada, además, con la corrupción. Prevenir y sancionar los actos de corrupción requiere conocer sus formas y manifestaciones. Además de la voluntad política para ponerle fin, es indispensable un eficaz sistema de investigación, una razonable celeridad en la acción judicial y un compromiso social en favor de la legalidad. El desafío alcanza, entonces, a toda la sociedad, a quienes sostienen y luchan por sus principios y sus valores, a los conformistas, a los escépticos e, incluso, a los resignados a la práctica de lo ilegal.
Torrijos ha planteado que el gran reto nacional es cambiar al país. Una tarea difícil, peligrosa y arriesgada porque implica vencer resistencias sobretodo de quienes falsifican el orden democrático para oponerse al cambio. Desde el gobierno ha buscado la unidad en la diversidad, el consenso a favor del imperio de la ley y de la tolerancia a las diferencias. Ha demostrado una conducta diferente, un liderazgo con prudencia, moderación y decencia.
En su mensaje de primer año de gobierno habló del país diferente, del Panamá que está cambiando. Llamó a renovar las expectativas por un futuro mejor y cuestionó a los políticos que no han desechado sus prácticas tradicionales y que buscan robarle las esperanzas a la mayoría de la población. La Nación requiere la construcción de una cultura de transparencia y honestidad, en la que los vientos de verdad, paz, dignidad, desprendimiento, sensibilidad, solidaridad social impulsen a la sociedad por mejores rutas y generen escenarios donde haya menos mezquindad, más humanismo y mayor justicia.
Torrijos no es un mago. Es un gobernante con sus aciertos y errores que no llegó al Palacio de las Garzas para dejar sus ideas en la puerta. Está poniendo énfasis en la capacidad del Estado para atender los problemas sociales y en la recuperación de la confianza popular. Pero no se sustenta ni en la prepotencia, ni en la demagogia ni en un populismo que explota la ignorancia de los sectores empobrecidos.
Panamá puede dar de sí lo mejor. Construir un horizonte con sentido para todos, es establecer las bases para que la Nación salga adelante. Es colocar los fundamentos de una sociedad donde participe la gente, donde existan oportunidades para todos y se produzcan resultados de bienestar para todos. Este es el tiempo de convocar, de unir esfuerzos, de compartir como habitantes de una misma tierra que viajan juntos en este territorio que se llama Panamá.