Un informe de la verdad
Hasta tanto no se elabore un informe de la verdad de lo ocurrido con los muertos, desaparecidos y demás víctimas durante los 21 años de dictadura, no habrá en Panamá verdadera paz, tranquilidad y reconciliación colectiva.
Si se quiere, el informe ha de tener en la sociedad panameña, el mismo efecto gratificante y de expiación de culpas, que la confesión, porque implica examen de conciencia y aceptación de culpa. Es el mismo principio del psicoanálisis, por el que se busca que el individuo retroceda en el tiempo a etapas previas, a través de sucesivas entrevistas, a la raíz última de sus complejos y culpas inconscientes.
La violencia creciente, el escepticismo de las drogas, el irrespeto general de las reglas, la contaminación intencional del medio ambiente, la desintegración de la familia, todo en su conjunto es sintomático de un cuerpo social enfermo, agobiado por culpas inconfesadas.
El saqueo degradante que siguió a la invasión norteamericana, fue la manifestación suprema de que dos décadas de podredumbre había terminado por contagiar al país entero en todas sus clases sociales, porque en el saqueo participó mucha gente que no tenía necesidad de hacerlo. ¿Cómo explica un niño de clase media que su padre trajo a casa una costosa computadora de un almacén, producto del saqueo? ¿Cómo espera que ese niño se conduzca de forma diferente cuando adulto?
Muchas veces creemos que el tiempo todo lo borra, y ocurre lo contrario; que todo lo guarda el inconsciente. Sabemos que somos malos y nos conducimos en consecuencia, aunque tratemos de autoengañarnos o de fingir a los demás lo contrario. Por eso, ninguna licitación es honesta y la honradez es menos que una virtud perdida, una debilidad indeseable.
El país requiere un informe de la verdad, para curar su alma perdida, una especie de mea culpa colectiva y saldo de cuentas con las víctimas que no ayudemos, por los héroes caídos que dejamos solos, por la injusticia que no denunciamos en su momento por cobarde egoísmo o indiferencia. Eso hicieron Chile, Argentina y Guatemala y ya salieron del abismo, pero no nosotros, como tampoco México y de allí el deterioro actual.
Hace pocas semanas, se publicó la traducción al idioma inglés del informe preparado por la Organización de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala, el mismo que costó la vida a su promotor, el obispo Juan Gerardi el 26 de abril de 1998, donde se relata lo ocurrido durante cuatro décadas (1950-1990) de violencia y tiranía que costó la vida a 150 mil guatemaltecos y la desaparición de otros 50 mil.
Con el supremo sacrificio de su obispo, Guatemala emprende hoy con buen paso la tarea de la reconciliación, antes que la reconstrucción. Aquí en cambio, pretendimos hacerlo a la inversa, reconstruir al país y sanar las heridas físicas, dejando que el tiempo se ocupara de curar las sangrantes heridas del alma colectiva. Pero no han sanado. Hagamos cuanto antes el informe, después será peor.
Si se quiere, el informe ha de tener en la sociedad panameña, el mismo efecto gratificante y de expiación de culpas, que la confesión, porque implica examen de conciencia y aceptación de culpa. Es el mismo principio del psicoanálisis, por el que se busca que el individuo retroceda en el tiempo a etapas previas, a través de sucesivas entrevistas, a la raíz última de sus complejos y culpas inconscientes.
La violencia creciente, el escepticismo de las drogas, el irrespeto general de las reglas, la contaminación intencional del medio ambiente, la desintegración de la familia, todo en su conjunto es sintomático de un cuerpo social enfermo, agobiado por culpas inconfesadas.
El saqueo degradante que siguió a la invasión norteamericana, fue la manifestación suprema de que dos décadas de podredumbre había terminado por contagiar al país entero en todas sus clases sociales, porque en el saqueo participó mucha gente que no tenía necesidad de hacerlo. ¿Cómo explica un niño de clase media que su padre trajo a casa una costosa computadora de un almacén, producto del saqueo? ¿Cómo espera que ese niño se conduzca de forma diferente cuando adulto?
Muchas veces creemos que el tiempo todo lo borra, y ocurre lo contrario; que todo lo guarda el inconsciente. Sabemos que somos malos y nos conducimos en consecuencia, aunque tratemos de autoengañarnos o de fingir a los demás lo contrario. Por eso, ninguna licitación es honesta y la honradez es menos que una virtud perdida, una debilidad indeseable.
El país requiere un informe de la verdad, para curar su alma perdida, una especie de mea culpa colectiva y saldo de cuentas con las víctimas que no ayudemos, por los héroes caídos que dejamos solos, por la injusticia que no denunciamos en su momento por cobarde egoísmo o indiferencia. Eso hicieron Chile, Argentina y Guatemala y ya salieron del abismo, pero no nosotros, como tampoco México y de allí el deterioro actual.
Hace pocas semanas, se publicó la traducción al idioma inglés del informe preparado por la Organización de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala, el mismo que costó la vida a su promotor, el obispo Juan Gerardi el 26 de abril de 1998, donde se relata lo ocurrido durante cuatro décadas (1950-1990) de violencia y tiranía que costó la vida a 150 mil guatemaltecos y la desaparición de otros 50 mil.
Con el supremo sacrificio de su obispo, Guatemala emprende hoy con buen paso la tarea de la reconciliación, antes que la reconstrucción. Aquí en cambio, pretendimos hacerlo a la inversa, reconstruir al país y sanar las heridas físicas, dejando que el tiempo se ocupara de curar las sangrantes heridas del alma colectiva. Pero no han sanado. Hagamos cuanto antes el informe, después será peor.