Un mes de gestión, un balance necesario
Al rebasar los primeros treinta días del gobierno de Patria Nueva, se hace necesario avanzar algunas observaciones, a modo de crítica, en las dos direcciones, la positiva y la negativa. Voy a referirme al proceso de participación del equipo ministerial y al modelo de gestión, que se percibe del mismo, vía los medios de comunicación y de las acciones en las cuales hemos podido de algún modo presenciar; enfocando la composición del gabinete ministerial, primero, y los logros y problemas que se atisban en el provenir próximo, después.
Recién pasadas las elecciones, la expectativa de la ciudadanía se centró en quiénes serían los ministros que acompañarían al Presidente en la toma de decisiones y en la gestión gerencial del país. Esta incógnita se fue despejando al borde de los tres meses de los cuatro que mediaron entre las elecciones y el 1 de septiembre.
En el Gabinete del Presidente se destacan tres líneas importantes en cuanto a su composición: La primera es que una parte del mismo está integrado por profesionales de formación en ramas clave para la gestión presidencial; que con el paso del tiempo cultivaron con él, una profunda amistad y confianza, factores determinantes para anclar en ellos -Real, Cortizo, Ferrer- una dosis significativa de poder. Este elemento de elección ha sido ponderado por muchos como una llave de seguridad, sobre todo cuando el desgobierno de Mireya dejó a la nación sumida en gran deterioro financiero y administrativo. Al mes de gobierno, estos tres ministros ya han pasado pruebas importantes, como fue la tercera ronda de negociación del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y de la reorganización administrativa gerencial de sus propias carteras.
El otro cuerpo de ministros está integrado por miembros del CEN del PRD. Aquí el criterio habrá sido el responder a las expectativas de la cuota de poder de los miles de copartidarios. Los ministros Herrera, Rivera y Alemán devienen en ministros como tributo a su trabajo en el partido, por su trabajo en la campaña electoral y por su competencia política y administrativa demostrada en los cargos desempeñados previamente. No se puede descartar también la confianza que el Presidente les tiene. Las carteras que tienen a su cargo son en sí mismas, por su misión y papel que juegan en la dinámica de gobierno, zonas de turbulencia de potencial altamente explosivo, en cuanto a su impacto en la vida social y política del país.
En los treinta días transcurridos, los tres han tenido una intensa actividad, tanto a lo interno de sus carteras como en la presencia en comunidad. A la ministra Herrera se le ha visto, en dos papeles. Uno, definitivamente, demoledor, triturando caserones desvencijados y enfrentando la urgencia que dichas acciones acarrean. Y el otro, coordinando las exigentes tareas derivadas de las inundaciones del sector este. Todo esto con las limitaciones impuestas por el despilfarro y la mano blanda del desgobierno mireyista.
Por su parte, al ministro Rivera se le ha visto recorriendo el país, visitando proyectos de construcción, fincas bananeras de ambos litorales y centros de trabajo y, a la vez, concentrado en armar su equipo de trabajo y en establecer los instrumentos de diálogo necesarios para la armonía de intereses de trabajadores y empresarios. Esta es una zona minada, ante los temores y tensiones que se perciben, frente las inminentes medidas del recorte de la planilla estatal, sobre todo en la Caja de Seguro Social y ante las exigencias de los organismos financieros que plantean la necesidad de resideñar administrativamente algunos servicios altamente custodiados por los trabajadores.
Al ministro Alemán se le ha observado muy sumergido en la temática de la seguridad ciudadana. Con su equipo, ha planteado un plan de acción, el cual ancla interés en que la comunidad se incorpore con una actitud de participación y colaboración en la lucha contra el crimen organizado. La batalla en esta zona de acción es, quizás, la que más requiera de estrategias para ir uno o dos pasos delante de la inteligencia de las mafias y de las bandas criminales.
Alemán, hasta ahora, ha bregado con un buen perfil. A él y a su equipo le beneficiaría mucho apelar a las organizaciones naturales de la comunidad e incluir en su plan un mayor monitoreo y vigilancia ciudadana. No cabe duda que a él le toca bailar con la más fea y de seguro, que al momento la ciudadanía le reclamaría mayor beligerancia.
El tercer factor considerado por el presidente Torrijos, en la composición de su Gabinete, fue la incorporación de profesionales, del PRD, que si bien son del partido, su beligerancia política durante la campaña tuvo diversos grados de participación y en algún caso, hasta un bajo perfil mediático. Es el caso de los ministros Aleyne, Bernal, Calderón, Vallarino y Vásquez. En ellos, el criterio que primó en el Presidente, fue su competencia y profesionalismo, aunque el conocimiento y trayectoria apuntarían una cuota para su designación. De este grupo, Aleyne y Vallarino han enviado una imagen de trabajo y probidad profesional, como fue su actuación en las inundaciones del Este y en la organización de sus carteras. Calderón entra en las últimas dos semanas a aportar en el impacto social con el plan "Mano Amiga", aunque en lo personal me parece que el nombre habría podio ser otro. Al ministro Bernal se le ha visto más ocupado en limpiar la casa, que mostrar a la comunidad cuál es la propuesta de Patria Nueva para este quinquenio. No dudo que la tenga, pero me parece que ha equivocado el menú, porque entre maniobrar en conflictos escolares y confrontar la ilegalidad de los nombramientos de directores nacionales, ha mermado la sinergia de su equipo para empoderarse de la misión cardinal de su cartera. A este flanco va bien un FODA.
Bien, no pocos son los éxitos que el gobierno de Patria Nueva se ha apuntado hasta ahora; pero más los retos que se dibujan en el decurso de los dos siguientes. Presiones de miles de partidarios que demandan trabajo, conciliación con los organismos financieros internacionales, aplanamiento o achicamiento de la planilla, ralentización de la economía nacional ante los miles de despedidos, cumplimientos de las deudas nacionales e internacionales, exigencias del pueblo para llevar a los corruptos al banquillo de la justicia son solamente algunos de los retos que han de afrontarse; y ante los mismos se podría ver la competencia del Gabinete para bregar con la incertidumbre de los funcionarios, el estrés social y la demanda de respuestas a los angustiantes problemas que están a la espera de soluciones.
Esperemos el 1 de enero de 2005; por el momento, confiémos en nuestro Presidente.
Recién pasadas las elecciones, la expectativa de la ciudadanía se centró en quiénes serían los ministros que acompañarían al Presidente en la toma de decisiones y en la gestión gerencial del país. Esta incógnita se fue despejando al borde de los tres meses de los cuatro que mediaron entre las elecciones y el 1 de septiembre.
En el Gabinete del Presidente se destacan tres líneas importantes en cuanto a su composición: La primera es que una parte del mismo está integrado por profesionales de formación en ramas clave para la gestión presidencial; que con el paso del tiempo cultivaron con él, una profunda amistad y confianza, factores determinantes para anclar en ellos -Real, Cortizo, Ferrer- una dosis significativa de poder. Este elemento de elección ha sido ponderado por muchos como una llave de seguridad, sobre todo cuando el desgobierno de Mireya dejó a la nación sumida en gran deterioro financiero y administrativo. Al mes de gobierno, estos tres ministros ya han pasado pruebas importantes, como fue la tercera ronda de negociación del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y de la reorganización administrativa gerencial de sus propias carteras.
El otro cuerpo de ministros está integrado por miembros del CEN del PRD. Aquí el criterio habrá sido el responder a las expectativas de la cuota de poder de los miles de copartidarios. Los ministros Herrera, Rivera y Alemán devienen en ministros como tributo a su trabajo en el partido, por su trabajo en la campaña electoral y por su competencia política y administrativa demostrada en los cargos desempeñados previamente. No se puede descartar también la confianza que el Presidente les tiene. Las carteras que tienen a su cargo son en sí mismas, por su misión y papel que juegan en la dinámica de gobierno, zonas de turbulencia de potencial altamente explosivo, en cuanto a su impacto en la vida social y política del país.
En los treinta días transcurridos, los tres han tenido una intensa actividad, tanto a lo interno de sus carteras como en la presencia en comunidad. A la ministra Herrera se le ha visto, en dos papeles. Uno, definitivamente, demoledor, triturando caserones desvencijados y enfrentando la urgencia que dichas acciones acarrean. Y el otro, coordinando las exigentes tareas derivadas de las inundaciones del sector este. Todo esto con las limitaciones impuestas por el despilfarro y la mano blanda del desgobierno mireyista.
Por su parte, al ministro Rivera se le ha visto recorriendo el país, visitando proyectos de construcción, fincas bananeras de ambos litorales y centros de trabajo y, a la vez, concentrado en armar su equipo de trabajo y en establecer los instrumentos de diálogo necesarios para la armonía de intereses de trabajadores y empresarios. Esta es una zona minada, ante los temores y tensiones que se perciben, frente las inminentes medidas del recorte de la planilla estatal, sobre todo en la Caja de Seguro Social y ante las exigencias de los organismos financieros que plantean la necesidad de resideñar administrativamente algunos servicios altamente custodiados por los trabajadores.
Al ministro Alemán se le ha observado muy sumergido en la temática de la seguridad ciudadana. Con su equipo, ha planteado un plan de acción, el cual ancla interés en que la comunidad se incorpore con una actitud de participación y colaboración en la lucha contra el crimen organizado. La batalla en esta zona de acción es, quizás, la que más requiera de estrategias para ir uno o dos pasos delante de la inteligencia de las mafias y de las bandas criminales.
Alemán, hasta ahora, ha bregado con un buen perfil. A él y a su equipo le beneficiaría mucho apelar a las organizaciones naturales de la comunidad e incluir en su plan un mayor monitoreo y vigilancia ciudadana. No cabe duda que a él le toca bailar con la más fea y de seguro, que al momento la ciudadanía le reclamaría mayor beligerancia.
El tercer factor considerado por el presidente Torrijos, en la composición de su Gabinete, fue la incorporación de profesionales, del PRD, que si bien son del partido, su beligerancia política durante la campaña tuvo diversos grados de participación y en algún caso, hasta un bajo perfil mediático. Es el caso de los ministros Aleyne, Bernal, Calderón, Vallarino y Vásquez. En ellos, el criterio que primó en el Presidente, fue su competencia y profesionalismo, aunque el conocimiento y trayectoria apuntarían una cuota para su designación. De este grupo, Aleyne y Vallarino han enviado una imagen de trabajo y probidad profesional, como fue su actuación en las inundaciones del Este y en la organización de sus carteras. Calderón entra en las últimas dos semanas a aportar en el impacto social con el plan "Mano Amiga", aunque en lo personal me parece que el nombre habría podio ser otro. Al ministro Bernal se le ha visto más ocupado en limpiar la casa, que mostrar a la comunidad cuál es la propuesta de Patria Nueva para este quinquenio. No dudo que la tenga, pero me parece que ha equivocado el menú, porque entre maniobrar en conflictos escolares y confrontar la ilegalidad de los nombramientos de directores nacionales, ha mermado la sinergia de su equipo para empoderarse de la misión cardinal de su cartera. A este flanco va bien un FODA.
Bien, no pocos son los éxitos que el gobierno de Patria Nueva se ha apuntado hasta ahora; pero más los retos que se dibujan en el decurso de los dos siguientes. Presiones de miles de partidarios que demandan trabajo, conciliación con los organismos financieros internacionales, aplanamiento o achicamiento de la planilla, ralentización de la economía nacional ante los miles de despedidos, cumplimientos de las deudas nacionales e internacionales, exigencias del pueblo para llevar a los corruptos al banquillo de la justicia son solamente algunos de los retos que han de afrontarse; y ante los mismos se podría ver la competencia del Gabinete para bregar con la incertidumbre de los funcionarios, el estrés social y la demanda de respuestas a los angustiantes problemas que están a la espera de soluciones.
Esperemos el 1 de enero de 2005; por el momento, confiémos en nuestro Presidente.